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9 de abril de 2016

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La alimentación escolar y el Control de padres

El estado colombiano ha adelantado programas de alimentación escolar a lo largo y ancho del país con el fin de contribuir con el acceso y la permanencia escolar de los niños, niñas y adolescentes en edad escolar, fomentando estilos de vida saludables y mejorando su capacidad de aprendizaje, a través del suministro de alimentos.

 
El estado colombiano ha adelantado programas de alimentación escolar a lo largo y ancho del país con el fin de contribuir con el acceso y la permanencia escolar de los niños, niñas y adolescentes en edad escolar, fomentando estilos de vida saludables y mejorando su capacidad de aprendizaje, a través del suministro de alimentos. 

La noticia acerca de la alimentación escolar que debía ser suministrada a los alumnos pero que sólo existió para una fotografía colmó de indignación a la ciudadanía, pues, además de que las víctimas son los niños, los altos costos de dichos programas son pagados con aportes involuntarios de los colombianos, incluyendo, a los padres de los menores. 

La siguiente preocupación que genera este tipo de hechos es que no son aislados sino que han aumentado al tiempo en que estos tipos de programas gubernamentales avanzan; los programas educativos se han convertido en un aforo de prácticas ilícitas que inician en no brindar el servicio contratado hasta los llamados estudiantes fantasma, que son cobros hechos a los contribuyentes por la educación de un niño no existiendo tal.

El génesis de esta situación se remonta al momento en que los padres de familia fueron sustituidos por instituciones burocráticas con la excusa de ofrecer así una mejor educación a los niños. Pensemos en esto ¿Las secretarías de educación son instituciones efectivas en la protección y regulación de la educación escolar? ¿Son las secretarías de educación parte del botín que se transa para conseguir un logro electoral?

Por lo anterior, se hace preciso que los padres de familia retomen su papel en la educación de sus hijos, las asociaciones de padres actuales no son determinantes en la escolaridad de un niño ni en como gastan los aportes involuntarios (impuestos) cobrados a nombre de la educación. Ante ello debe existir un Control de Padres frente a la educación de sus hijos.

Un Control de padres permite que ellos sean participes de la elección y calificación de los profesores, en las temáticas que serán enseñadas a sus hijos y en la inversión de los recursos en los colegios y demás; el Control de padres sería efectivo para la verificación de la calidad de los alimentos escolares que suministra el Estado por medio de contratistas.

Los infortunios que deben sufrir padres de familia e hijos en los colegios suceden por ausencia de control, pero no falta de control positivo, es decir aquel que está en las leyes y códigos sino el efectivo. Los antecedentes nos permiten afirmar que no es efectivo un control realizado por quienes han contratado ni por aquellos que han usado las instituciones educativas como parte del botín político; ¿Quién mejor que los padres para velar por la calidad de la educación y programas afines?

Ahora, si el Control de Padres fuera quien calificara el servicio de suministro de alimentos escolares, y de ésta calificación dependiera la continuidad del contrato de suministro de alimentos escolares ¿Qué sucedería? Varias cosas, una de ellas sería que quienes no prestan o procuran un servicio de baja calidad en el suministro de alimentos escolares no continuarían como contratistas para cumplir tal fin. Lo segundo, sería que los contratistas que buscan estar vigentes en el mercado iniciarían una puja entre sus competidores dando un servicio de mayor calidad y menor precio buscando la satisfacción del Control de Padres para lograr la contratación del suministro de los alimentos escolares, su continuidad y el crecimiento de su marca y renombre para lograr metas en el mercado.

El modelo educativo colombiano debe variar disminuyendo regulaciones estatales, que a hoy han demostrado ser incapaces para proteger a los niños para dar espacio a la Libertad que deben tener los padres para intervenir en la educación de sus hijos quienes al final son los más afectados por la excesiva intervención del Estado.

Juan Urrea

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