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28 de febrero de 2016

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En sus zapatos

Él, tiene 65 años y vive en la vereda Maco Alto, corregimiento de Olaya Herrera del municipio de Ortega ubicado en el Departamento del Tolima


Él, tiene 65 años y vive en la vereda Maco Alto, corregimiento de Olaya Herrera del municipio de Ortega ubicado en el Departamento del Tolima; como muchos de sus vecinos camina una hora con bultos de cinco arrobas que contienen las cosechas de su finca y los lleva hasta la carretera más cercana a la cual solo accede un uas (Campero de transporte de carga y de pasajeros utilizado en las trochas colombianas) y eso, si no ha llovido porque si lo hizo no pasan; ahí debe esperar una de las cuatro líneas de transporte que circulan en el día y que lo llevan a Olaya Herrera. (Ver El Acuerdo final de Paz es la Constitución que se emita de la Asamblea Constituyente con las FARC)


En total ha invertido en tiempo un poco más de tres horas para sacar sus productos, pero esto! Solo pasa muy contadas veces, ya que es un lujo para él tomar el transporte, la mayoría de veces y dependiendo de las cosechas que genere en su finca y del mercado, tiene que caminar cinco horas hasta chaparral o cuatro hasta Ortega, y con el bulto en sus hombros!. Con la mirada pérdida en dirección a la hermosa finca de la cual es propietario, cuenta como algunas ayudas (Abonos) que le da el gobierno, quedan como pago a los transportadores y comerciantes a cambio de sus bienes y servicios. (Ver En 1997 Santos se declaró en desobediencia civil porque Samper le prohibió acercamientos con FARC)


Él, caficultor quebrado y ganadero por pasión, vive en el corregimiento de Gaitania del municipio de Planadas ubicado en el departamento del Tolima, no entiende cómo sí su finca es certificada con sello orgánico, aún sigue viviendo o resistiendo, con un salario que no llega al mínimo, así lo señala; se refiere de todas las maromas que hace con los bancos y resalta la experiencia y la desilusión de no poder acceder a maquinarias que le permitan ser más competitivo "El banco habla inglés y yo no sé nada de ingles, sigo siendo un campesino con ganas de ser un empresario".


Relatos que muestran la realidad del país y en este caso el del Tolima; pero qué hacer? No basta solo con resaltar la berraquera y el empuje del colombiano, sino que hace falta ponerse en sus zapatos y entender desde una perspectiva más sofisticada, que lo que se necesita no es más limosna, se necesitan acompañamientos administrativos y culturales que vean en la agricultura una práctica similar a la esclavitud y generadora de pobreza, y en la agroindustria una práctica de emprendimiento campesino y de desarrollo social, así como nos lo demuestra un país como Israel, que cada día crece siendo más ingenioso para dar valor agregado a sus productos; y que es ejemplo a seguir en realizar inversiones grandes y más focalizadas y no limosneadas.


Imagínense por un momento esto; ¿Qué pasaría si en el Tolima todos los campesinos tuvieran como herramienta de trabajo un buen tractor con todos los juguetes? así como la mayor economía agroindustrial del mundo, Israel, ¿sería el inicio de competitividad o sería el inicio de las oportunidades o sería el inicio de? Queda en el tintero.

Marco Antonio Suárez

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