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7 de marzo de 2015

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Los actores del conflicto

Muchas veces se inventan términos para suavizar las verdades molestas o para desorientar a las personas. El Cardenal López Trujillo publicó un libro sobre el tema de cambiar palabras para ocultar la realidad. Libro que tituló “Lexicom”, mostrando cómo, por medio del léxico, se pretende cambiar la verdad del significado real de los términos

Por Juan Gómez Martínez

Muchas veces se inventan términos para suavizar las verdades molestas o para desorientar a las personas. El Cardenal López Trujillo publicó un libro sobre el tema de cambiar palabras para ocultar la realidad. Libro que tituló “Lexicom”, mostrando cómo, por medio del léxico, se pretende cambiar la verdad del significado real de los términos. Por ejemplo, se dice “la terminación terapéutica del embarazo” cuando se quiere esconder que se trata de un aborto. Y muchos otros términos engañosos.

Lo mismo se trata de hacer en la tragedia que vivimos en Colombia con unos grupos insurgentes, violentos, narcotraficantes, sembradores de minas antipersonal, secuestradores, reclutadores de niños y muchas actividades más, para compararlos con nuestras gloriosas Fuerzas Armadas y de Policía, defensoras de nuestras instituciones y de la vida, honra y bienes de los colombianos.

Se habla de los actores del conflicto como si fuera lo mismo lo que hacen esos grupos y, por otro lado, las instituciones del Estado, como son Ejército, Fuerza Aérea, Armada Nacional y Policía. Los actores del conflicto son esos grupos. Las instituciones del Estado nos defienden de ellos, por lo menos antes de este nefasto gobierno.

Cuando se trata el tema de la reparación a las víctimas se corre a decir que debe ser por parte de los dos actores del conflicto (Estado colombiano y guerrilla) quienes deben correr con los costos de esa reparación. Los responsables de los miles de víctimas son quienes iniciaron el conflicto y lo han mantenido por tantos años, son los victimarios, no quienes se ajustan a la Constitución y las leyes para defendernos, es decir, no es el Estado. Pero Juanpa (como le gusta que le digamos) acepta cualquier cosa con tal de firmar una paz, así sea con la entrega de las instituciones del Estado a los insurgentes.

Todos queremos la paz, en eso no hay ninguna duda, aunque digan que los más de 700.000 inscritos en el Centro Democrático seamos enemigos de ella. Todos queremos la paz, pero sin igualar a nuestras fuerzas del orden con la insurgencia. Todos queremos la paz, pero sin que pongan a pagar a todos los colombianos las indemnizaciones por los delitos cometidos por la insurgencia. Todos queremos la paz, pero sin que se premie a los insurgentes con curules sin ganarlas en el juego democrático de las elecciones. Todos queremos la paz sin que se premie a los áulicos con la mermelada del Estado.

Por otro lado, vivimos en estos días lo que sabíamos hasta dónde iba a llegar el juicio a Bernardo Moreno y a María del Pilar Hurtado. Fueron condenados por las interceptaciones a las comunicaciones de funcionarios de la Rama Judicial, a periodistas, a opositores al presidente Uribe y hasta el mismo Presidente, sin que esto último se tuviera en cuenta, porque demuestra que las interceptaciones eran para todos y que se han hecho en todos los gobiernos.

Sobre chuzadas, recordemos que durante la Asamblea Nacional Constituyente no solo chuzaron, sino que además filmaron a uno de los asambleístas recibiendo dádivas para votar a favor de la no extradición. Esto fue en el gobierno del presidente Gaviria, quien ahora nos muestra su repudio a las chuzadas y nos quiere dar lecciones de paz.

El Colombiano, Medellín, marzo 5 de 2015.

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