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5 de marzo de 2015

La soledad de Uribe

l escuchar las temerarias declaraciones del presidente Juan Manuel Santos, anunciando que el expresidente Álvaro Uribe se está quedando sólo, fue tal mi perplejidad que no supe si tomarlas a risa o comenzar a preocuparme seriamente.

AUV
Por Carlos Salas S. 

Al escuchar las temerarias declaraciones del presidente Juan Manuel Santos, anunciando que el expresidente Álvaro Uribe se está quedando sólo, fue tal mi perplejidad que no supe si tomarlas a risa o comenzar a preocuparme seriamente.

A Santos lo hemos visto pronunciarse en muchas ocasiones de manera, en apariencia, tan irresponsable que llegamos a desestimar frecuentemente sus palabras, basados en la convicción de que lo que va diciendo no tiene fundamento en la realidad, pero resulta que terminamos presenciando, boquiabiertos, como esos absurdos pronunciamientos terminan concretándose contra toda lógica mental. Los colombianos creemos, muy ingenuamente, que si los desestimamos, tamañas falacias serán borradas por el tiempo. Pero no, resulta que son argucias que hacen parte del siniestro juego en el que ha embarcado a sus compatriotas un presidente que no honra su cargo.

Por eso las declaraciones acerca de la soledad de Uribe no me hacen reír, por más disparatadas que parezcan, por el contrario, me causan profundo malestar y preocupación intuyendo que hay algo detrás de ellas, algo muy planeado y en plan de ejecución.

Podría pasar por irresponsable manifestarme a partir de intuiciones sin pruebas tangibles. Puedo decir a mi favor que si hay una facultad que hemos dejado olvidada es la de la intuición y que es el momento de acudir a ella de nuevo. Cuando los hechos sobrepasan a la imaginación, en su terrible realidad, tendemos a aferrarnos a la razón para no perderla. Grave error, con ello terminamos embotando nuestra mente y paralizando nuestro cuerpo, vencidos por los juegos de la necedad y la locura.

Podemos argumentar que los millones de seguidores de Álvaro Uribe jamás lo dejarán sólo y que el record de inscripciones del Centro Democrático, 725.000 miembros inscritos en pocas semanas, es una muestra de ello; así como argumentamos, con cifras reales, que en la primera vuelta Óscar Iván Zuluaga logró 500.000 votos más que Santos y que por lógica arrasaría en la segunda, quedando mudos cuando supimos los resultados inesperados que significaron la debacle. De la misma manera ahora podemos argumentar que Uribe nunca se quedará sólo, que los números, la lógica y, en fin, la razón lo indican.

¿Es que el gobierno y sus aliados se mueven por principios razonables? Dejemos a un lado tanta razón y comencemos por escudriñar los laberintos de locura en los que ellos nos han venido introduciendo. Podemos empezar tomando consciencia de que si dicen que Uribe se está quedando sólo es porque le tienen algo preparado para que efectivamente así sea.

A Álvaro Uribe lo están aislando mientras nosotros tratamos de buscar una salida del laberinto en el que sagazmente nos ha metido su enemigo número uno. El que no está sólo es Santos, tiene como aliados a otros que detestan al expresidente, tanto o más que él. ¿Qué otra cosa se podría deducir de la condena a María del Pilar Hurtado y Bernardo Moreno emitida por la Corte Suprema? El editorial de marzo 2 de Fernando Londoño quedará en la historia para que las futuras generaciones se aterren al ver la triste situación de la justicia en el momento en que “la Corte Suprema de Justicia acaba de dictar una de las más deplorables sentencias que esa Corte deplorable ha dictado en los últimos años, diríamos que en su historia”.

¿Quedará alguna duda sobre el temible alcance de una justicia politizada que nos hace recordar los tiempos de la Inquisición? Y qué decir del silencio de las víctimas, de sus familiares y amigos con quienes han utilizado los mismos métodos aplicados a la oposición venezolana. Pero allá se manifiestan: desde su celda Leopoldo López grita, en el estrado levanta su voz, Lilian Tintori, su esposa, lo clama allá y en el mundo libre, igualmente la mujer de Ledezma, la madre de Lorent, María Corina y muchos otros no pierden oportunidad de exigir justicia y de denunciar la corrupción que carcome a Venezuela. Acá, en Colombia, silencio.

Y por las redes algunos previenen al gobierno: “Cuidadito con meterse con Uribe”, mientras los van aclimatando y preparando el terreno para ir por él. Poco a poco, paso a paso lo irán aislando y, con viejas técnicas de control de masas largamente probadas, sabrán el momento apropiado para actuar, cuando sus seguidores admitirán con servidumbre que a Álvaro Uribe le tienen preparada una celda.

Como lo dijo Gandhi, quien conoció en carne propia distintas prisiones, lo puede decir Álvaro Uribe: “La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo. Me dice que no tema a este mundo sino que avance llevando en mí nada más que el temor a Dios”.

¿Qué nos queda por hacer? Dejemos a la razón, la que a todo le encuentra respuesta, para momentos medianamente razonables y adelantémonos a los acontecimientos con el compromiso de impedir, antes de que sea demasiado tarde, que Álvaro Uribe termine sólo como lo anunció Juan Manuel Santos. ¿Y habrá soledad mayor que la de una cárcel?


Periodico Debate, 05/03/2015

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