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19 de febrero de 2015

Círculo vicioso

“Describe un círculo, después acarícialo y se convertirá en un círculo vicioso”. Eugéne Ionesco

Por Diego Mora A.

“Describe un círculo, después acarícialo y se convertirá en un círculo vicioso”.

Eugéne Ionesco

Dicen los que saben que ningún proceso de paz exitoso en el mundo ha llevado a la cárcel a aquella parte que buscaba reincorporarse a la sociedad. Con este postulado, los que supuestamente “saben” en Colombia, intentan vendernos la idea de que tendremos que tragarnos unos sapos si queremos que los “diálogos” entre gobierno y Farc lleguen a buen puerto, entre ellos, que no pasen ni a tres cuadras de ninguna cárcel en el país.

Todos queremos que las Farc se acaben (acabarlas sería mejor), que dejen de asesinar, secuestrar, destruir física y mentalmente a Colombia, pero está muy claro que la supuesta paz, o para ser más exactos, la desmovilización de este grupo terrorista y narcotraficante, nadie, o casi nadie, la quiere a cualquier costo. Los colombianos sensatos no esperamos una firma, que se estrechen las manos y la foto en los diarios con el anuncio del acuerdo, olvidándonos así de cincuenta años de barbarie como por arte de magia. No, eso no lo vamos a aceptar. ¿Se pueden hacer concesiones? Sí, nuestra historia las respalda, pero tampoco se puede permitir feriar la poca dignidad que le queda al país.

¿En qué se convierte Colombia si los criminales de las Farc no pagan al menos un día de cárcel? Sencillo, en un país sin capacidad para cerrar sus heridas y con el resentimiento a flor de piel. ¿Qué impedirá que se repita la historia que llevó al exterminio a la Unión Patriótica? ¿Cómo evitar que un sector de la sociedad en desacuerdo, se arme y trate de hacer justicia por su propia mano? Y es que ya lo hemos vivido, por lo cual la posibilidad de repetirlo no es descabellado, no olvidemos quiénes somos y nuestra naturaleza.

Es claro, jamás será bien recibido un grupo de personas que se especializaron en cometer los mayores vejámenes posibles y que no los reconocen, no piden perdón por ellos y no reparan (o al menos hacen el intento) a sus millones de víctimas. Márquez y su corte lo que quieren es quitarse el camuflado y cambiarlo por un espacio político, que creen haberse ganado, pero que no es más que la definición de su cinismo con el que quieren borrar el pasado criminal que han construido con la sangre derramada de colombianos inocentes.

Hace unos días el procurador Ordóñez propuso que las Farc pagaran cárcel en otro país. “Hay que buscar fórmulas imaginativas. Una podría ser que cumplan su pena en una cárcel en el extranjero complementado con otro elemento ante la jurisdicción internacional (...) con verificación de la Fiscalía y la Corte Penal Internacional”. Aunque no es lo ideal, es una opción que puede ser considerada y que sería viable. Eso sí, con seguridad la idea en La Habana no será tomada en consideración.

Por último: las Farc y el gobierno Santos deben entender que nuestra sociedad no está preparada para el “punto final” (como lo propone el expresidente Gaviria), hemos sufrido mucho –suficiente- como para olvidar. Busquen las alternativas, propónganlas, debátanlas, pero entiendan que los delincuentes deben pagar por su crímenes y si es con justicia (la del Estado), mucho mejor.

El Colombiano, Medellín, febrero 18 de 2015.

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