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15 de enero de 2015

Yihad contra el islam

Cinco minutos después, el cinturón explosivo que lleva adosado trocea su pequeño cuerpo en mil pedazos. La escabechina se lleva por delante a 16 personas más y deja al menos 24 heridos. Maiduguri, la capital del estado de Borno, se encuentra cercada por la milicia islamista suní denominada Boko Haram

Cinco minutos después, el cinturón explosivo que lleva adosado trocea su pequeño cuerpo en mil pedazos. La escabechina se lleva por delante a 16 personas más y deja al menos 24 heridos. Maiduguri, la capital del estado de Borno, se encuentra cercada por la milicia islamista suní denominada Boko Haram
Por Humberto Montero

12:00 horas de la mañana en el corazón de África. Como todos los sábados, el mercado popular de la ciudad nigeriana de Maiduguri está atestado de gente. Entre la multitud, una niña solitaria de unos diez años avanza sin rumbo fijo. Cinco minutos después, el cinturón explosivo que lleva adosado trocea su pequeño cuerpo en mil pedazos. La escabechina se lleva por delante a 16 personas más y deja al menos 24 heridos. Maiduguri, la capital del estado de Borno, se encuentra cercada por la milicia islamista suní denominada Boko Haram («la educación occidental es pecaminosa», en idioma hausa) y es objetivo frecuente de atentados. Solo en la última semana, los insurgentes de Boko Haram, que pretenden imponer un califato islámico medieval en un país con 170 millones de habitantes pese a que los musulmanes solo son mayoría en los estados del norte, han asesinado a unas 3.000 personas. En 2014, fueron unas 10.000.


El mayor productor de petróleo de África está dividido casi al 50 % entre musulmanes y cristianos de distintas confesiones. En el cinturón medio, incluida la capital, y en el oeste del país ambas religiones conviven sin problemas, mientras que las regiones del sureste y delta del Níger son en su mayoría cristianas. Lo más probable es que todas las víctimas de la carnicería en el mercado de Maiduguri fueran musulmanas. Al líder de Boko Haram, Abubakar Shekau, poco le importa. Si fue capaz de darse a conocer con un video en el que se mofaba del secuestro de 223 niñas nigerianas y aseguraba que iba a venderlas como esclavas por el simple hecho de ir al colegio, la utilización de niñas como bombas humanas y la muerte de musulmanes “infieles” debe de parecerle un juego. 24 horas después, otras dos niñas se inmolan en el mercado de Potiskum, en el también norteño estado de Yobe. Esta vez solo mueren tres inocentes, descontadas las “mártires”. Con estas muertes, ya son casi 3.000 las víctimas del sanguinario Shekau en lo que va de año. De hecho, para cuando lean estas líneas, los yihadistas nigerianos habrán violado y matado a otro centenar de personas, musulmanas en su mayoría.

A mediados de diciembre, en uno de los ataques más dolorosos de la historia de la República Islámica de Pakistán, un comando de seis talibanes ejecutó a 141 personas, la gran mayoría niños, en una escuela administrada por el Ejército en la populosa Peshawar, en el noroeste del país. Eran las 11 de la mañana cuando los terroristas asaltaron la escuela donde estudian sobre todo hijos del personal del Ejército paquistaní. Las víctimas tenían entre cinco y 16 años. Todas musulmanas.

Muchas voces se alzan buscando culpables de los ataques en París, como ocurrió tras los atentados de Nueva York, Madrid y Londres. Algunos culpan directamente al islam y a una supuesta tibieza de los musulmanes de bien. Otros a Occidente, por mofarse de Alá y de Mahoma. Por los bombardeos en Irak y Afganistán. Y en la más rocambolesca de las justificaciones, los menos afirman que la causa es el fallido sistema educativo europeo, ya que algunos de los terroristas de Londres y París eran inmigrantes de segunda generación, nacidos y crecidos en Europa. Según quienes defienden estas tesis, Europa exporta más yihadistas a la milicia del Estado Islámico de los que importa.

Todas estas hipótesis son erróneas porque parten de la premisa de que la guerra santa se libra contra Occidente. Pero la gran mayoría de las víctimas del yihadismo en todo el mundo son musulmanes. La guerra no es contra Occidente sino contra la libertad y el progreso. La libertad de culto –que los intregristas jamás aceptarán incluso entre sus propias confesiones–, la libertad de pensamiento, de expresión y hasta la libertad sexual. Odian el progreso, aunque se sirven de él para sus objetivos, porque el progreso “corrompe”. Porque el progreso nos hace más libres. Y porque el fin último del progreso es la búsqueda de la felicidad, que ellos detestan. El yihadismo busca someter, sobre todo y para empezar, a los propios musulmanes. Por eso, es el islam el que debe reaccionar. Sus imanes y todos los musulmanes deben condenar con firmeza la Yihad. Porque es una Yihad contra ellos.

El Colombiano, Medellín, enero 13 de 2015.

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