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24 de enero de 2015

Trompos puchadores

La verdad fui pésimo jugador de trompo y desistí cuando tiro por lapo se me enguaralaba el maldito. Recuerdo sí una modalidad en que había un trompo puchador destinado a recibir los golpes de otros trompos de herrón fuerte y afilado.

Zuluaga
Por Francisco Galvis R.

La verdad fui pésimo jugador de trompo y desistí cuando tiro por lapo se me enguaralaba el maldito. Recuerdo sí una modalidad en que había un trompo puchador destinado a recibir los golpes de otros trompos de herrón fuerte y afilado.

Los pobres trompos puchadores quedaban astillados, igual de maltratados que san Esteban después de la mano de pedradas que recibió de los judíos, entre los que se contaba el futuro apóstol de los gentiles Saulo de Tarso, y el trompo, como el protomártir, recibían condesciende sepultura.

No he vuelto a ver que se juegue al trompo puchador, porque seguramente los niños de ahora solo tengan tiempo para los video juegos y contra ello no hay nada qué decir porque se trata de los nuevos signos de los tiempos.

Pero ahí nos quedó el trompo puchador para aludir a situaciones de la vida cotidiana, como cuando la justicia profiere condena contra un inocente; se somete a alguno a humillaciones por cuenta de conductas ajenas; se elige selectivamente a ciertas personas notables para someterlas a toda suerte de acosos y escarnios.

Trompo puchador volvieron en Colombia al Centro Democrático y a algunas de sus cifras más valiosas, que son atacadas sin ningún género de vergüenza por miembros del gobierno, operadores judiciales y miembros de la prensa, en una especie de matoneo que, de no ser por el carácter recio y la voluntad acerada de las víctimas propiciatorias, estas se habrían derrumbado para contritas buscar el perdón del chivo.

Pues, como dirían por ahí, han tacado burro los expedicionarios cuyo fracaso ha sido evidente de la mano de su propio desprestigio. La mengua del presidente, de la Fiscalía, del Congreso, de los medios, es evidente y ello lo demuestran las sucesivas encuestas a la opinión pública, que los coronan con rejones de castigo en todo lo alto de sus prepotentes y enardecidos egos.

El espectáculo raya en la comedia griega por lo que tiene de ridículo, conmovedor hasta las lágrimas por los despropósitos en que están fundados los artificios.

Cualquier motivo insignificante es magnificado al punto de hacer creer que el Centro Democrático es una empresa criminal, que aquí todos estaríamos concertados para atentar contra la democracia como ellos la entienden y en contra de la paz como ellos la entienden, cuando quienes campean a sus anchas entre artículos e incisos del Código Penal son otros, coleccionistas de prevaricaciones y sandeces.

El caso del hacker Sepúlveda es el caso puntual de un pillo que, viniendo de prestar sus servicios al santismo, se infiltró a enredar el ovillo en la campaña del doctor Zuluaga. Del grado de intimidad entre los Santos, padre e hijo, con aquel, dan cuenta soberbias fotos que ruedan profusamente en las redes sociales. Buen dato para el doctor Montealegre, tan dado a las inferencias allí donde no puede encontrar pruebas.

Que sepan y entiendan de una vez, el doctor Santos y sus peones de estribo, que el Centro Democrático no es una asociación de pusilánimes, ni de personas amedrentables, menos todavía de cobardes.

Tiro al aire: todo aquello es tan demoníaco que nada de raro tendría que detrás de todas las diabluras estuviese el venezolano Rendón

Contrapuntomedellin, 23/01/2015

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