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23 de enero de 2015

Reflexiones Políticas II

En su Nueva Ciencia de la Política, Eric Voegelin afirma que el tema de la representación está en el núcleo del pensamiento político. Se trata de la representación de la realidad y, más específicamente, de la realidad del hombre y de la sociedad. Todo proyecto político parte, en efecto, de cierta idea del fenómeno humano, en el que la temporalidad y, por ende, la historicidad, son categorías decisivas para su comprensión.

Por Jesús Vallejo M. 

En su Nueva Ciencia de la Política, Eric Voegelin afirma que el tema de la representación está en el núcleo del pensamiento político. Se trata de la representación de la realidad y, más específicamente, de la realidad del hombre y de la sociedad. Todo proyecto político parte, en efecto, de cierta idea del fenómeno humano, en el que la temporalidad y, por ende, la historicidad, son categorías decisivas para su comprensión.(Vid.http://www.cepchile.cl/dms/archivo_1038_1351/rev52_sandoz.pdf).

Según anoté en escrito precedente, la acción política parte de representaciones del pasado, el presente y el futuro de una comunidad dada. Se la ejerce, pues, desde perspectivas que se configuran a partir de la conciencia histórica, esto es, de la cultura que cada sociedad desarrolla sobre la interpretación de su devenir: su origen, su evolución, sus rasgos definitorios, sus momentos estelares, sus triunfos, sus fracasos, sus dificultades, sus retos, su inserción en el mundo que la rodea, las posibilidades que le ofrece el futuro, el optimismo o el pesimismo que las circunstancias suscitan, las utopías que la seducen o se enfrentan en su seno, los sistemas de valores que se consideran significativos, sus amigos y sus enemigos, etc. (Vid.http://minhateca.com.br/viniciusbarbosadearaujo/Aron*2c+Raymond/Aron*2c+Raymond+-+Dimensiones+de+la+conciencia+historica,83842884.pdf).

Las tendencias políticas de los últimos siglos se encasillan dentro del pluralismo o del totalitarismo. El primero se inspira en el pensamiento liberal, que considera que la diversidad de opiniones, intereses, estilos de vida, concepciones de la felicidad, etc. es no solo natural sino conveniente para las sociedades. El segundo, por el contrario, pretende imponer el pensamiento único y todo lo que de él se deriva en materia de control de la vida de cada individuo.

Karl Popper, en “La Sociedad Abierta y sus Enemigos”, describió la primera como una sociedad pluralista. Sus enemigos han promovido, en cambio, distintos esquemas de sociedades cerradas cuyo extremo es la sociedad de corte totalitario (Vid. http://monoskop.org/images/5/51/Popper_Karl_La_sociedad_abierta_y_sus_enemigos_I-II.pdf). Toda sociedad puede definirse a partir de sus grados de apertura o de cierre, si bien ninguna es del todo abierta o cerrada.

La idea de la sociedad abierta es propia de la civilización liberal, que Raymond Aron pensaba que era capaz de aglutinar en su seno a la derecha no extremista y la izquierda no totalitaria. Más allá de la primera y de la segunda aparece el horizonte totalitario, que se creía superado con la crisis del comunismo en las décadas finales del siglo XX y ahora parece revivir, por lo menos en Latinoamérica y quizás en Europa, con el Socialismo del Siglo XXI.

Los marxistas consideran que la conciencia histórica es, ante todo, conciencia de clase, ora resueltamente afirmada como tal o bien enmascarada a través de diferentes velos que pueden contribuir a debilitarla o distorsionarla. Para ellos, toda sociedad se desenvuelve en medio de antagonismos clasistas que solo se superarán una vez se llegue a la clase única que se instaure bajo el régimen comunista. Creen que hacia allá va la historia y que el papel de los dirigentes es entender y propiciar los procesos que conduzcan hacia la eliminación de la propiedad privada y los sistemas de clases dependientes de ella. Lo frecuente, según piensan, es promover esos procesos de cambio de modo violento. Los modos pacíficos, para ellos, son apenas coyunturales, admisibles solo en los casos en que la violencia resulte a todas luces contraproducente.

Se sigue de ahí que resulta en extremo difícil la coexistencia en el seno de una sociedad de unas corrientes políticas que admiten el pluralismo como premisa fundamental de su inserción dentro del sistema y de otras que se proponen destruirlo con miras a imponer un régimen totalitario. Las primeras, en efecto, aceptan con lealtad las reglas de juego del pluralismo; las segundas, en cambio, las aprovechan para distorsionarlas, desvirtuarlas y utilizarlas como mampara que les permita destruir la estructura del régimen pluralista.

Aunque a los ojos de muchos en los últimos tiempos el pluralismo parece ser el régimen llamado a velar por la racionalidad de la competencia por el poder en las sociedades civilizadas, a punto tal que que se lo considera precisamente como el paradigma por excelencia de la civilización política, instrumentarlo y aclimatarlo en el mundo real es tarea extremadamente difícil, dado que no obedece a las tendencias naturales de la gente y solo es posible que cobre vida en virtud de intensos procesos culturales que requieren de altas dosis de constancia y abnegación . Las sociedades, en efecto, tienden a ser intolerantes frente a las opiniones que desafían las creencias o los intereses de quienes las dominan. La apertura frente a tales creencias e intereses exige cierto talante ético que no se adquiere de la noche a la mañana.

Estas consideraciones son pertinentes para el examen de la actual situación colombiana. El gran debate que desafía a nuestros sectores pensantes gira en torno de las negociaciones que se adelantan con las Farc en La Habana. Y su núcleo radica en la cuestión de saber si con ellas Colombia corre el riesgo de otorgarle a un actor político que no solo es decididamente criminal, sino de ideología de nítido cariz totalitario y liberticida, unos privilegios que podrían destruir un régimen pluralista penosamente construido a lo largo de muchos años, o por el contrario, asume el reto de abrirse para que los dirigentes de las Farc y después los del ELN morigeren su ideología y se adapten lealmente en sus programas y sus acciones a las reglas de juego de nuestra institucionalidad tradicional.

El Santo Padre se pronunció hace poco sobre los esfuerzos que se están haciendo por la paz en nuestro país advirtiendo que la misma solo se alcanza a través de la “conversión del corazón”. Ello significa que hay unos presupuestos anímicos y sobre todo éticos que son ineludibles para que este proceso cumpla sus cometidos.

Por supuesto que desde lo que suele llamarse con cierta impropiedad el “establecimiento” se requieren actitudes de compresión y apertura hacia los dirigentes guerrilleros, parecidas a las que se pusieron de manifiesto hace un cuarto de siglo en torno del M-19 y los demás movimientos que se acogieron a la paz que les ofreció el gobierno de César Gaviria; pero es indispensable que esos dirigentes guerrilleros ganen la confianza de sus contradictores al ofrecer evidencias de que ya no pretenderán imponer por la fuerza su credo totalitario.

Es claro que, no obstante las múltiples exhibiciones de condescendencia que a diario hacen Santos y sus seguidores para halagar y no contrariar a los capos del narcoterrorismo, estos se muestran cada vez más arrogantes, intransigentes y desafiantes, dando a entender que ya han ganado suficiente espacio para sentir que se hallan en vísperas de la toma del poder. Saben que este gobierno ha bajado la guardia debilitando y desmoralizando a los integrantes de la institución armada. Saben también que hay una quinta columna izquierdista enquistada en todos los ámbitos, dispuesta a allanarles el camino del triunfo. Saben, en fin, que al país lo dirige una casta cínica y amoral, carente de ideales, interesada tan solo en lo que gráficamente se llama hoy la “mermelada”(contratos y puestos para los políticos, avisos para la prensa, grandes adjudicaciones para la plutocracia, etc.) y dispuesta a aceptar todo lo que quiera imponer un gobernante como el actual, siempre y cuando este le garantice sus apetencias para el corto plazo.

Hace poco encontré a raíz de mis navegaciones por la red un texto bastante esclarecedor acerca de cómo cayó el reino visigodo de lo que hoy es España ante una irrisoria invasión mora. Se vino abajo porque a los moros los apoyaba una quinta columna judía, pero también porque los reyes visigodos habían debilitado las defensas y estaban rodeados tanto de traidores como de políticos rastreros que pensaban que los moros venían solo tras el botín, de suerte que, una vez saciados, retornarían a sus lugares de origen a disfrutar de sus saqueos. No previeron que instaurarían un dominio de siete siglos sobre las regiones más ricas de la península y que ambicionaban hacerse al dominio de la vieja Europa romana, intento que frustró allende los Pirineos, como es bien sabido, Carlos Martel.

Les sugiero a mis lectores que se tomen el trabajo de leer este escrito y extraigan de él las conclusiones pertinentes para la actual situación de nuestra patria colombiana.(Vid.http://www.mediafire.com/view/b4v6ni1386a8rc8/Conspiracion_Judia_Contra_La_Monarquia_Visigoda_-_Pinay,_Maurice.pdf).

Insisto en que lo que se está decidiendo hoy en La Habana no es la paz de Colombia, posible solo mediante la consolidación de un verdadero régimen pluralista, sino una tregua con los promotores de un régimen totalitario, quienes harán uso de las ventajas que se les otorguen para así destruirlo desde dentro.

Como ni las Farc ni el Eln han abjurado de su credo leninista, les recomiendo a los ignorantes que nos dirigen que lean los escritos de Lenin, especialmente uno que versa sobre las tareas inmediatas que a su juicio debía acometer el poder soviético(Vid. https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe12/lenin-obrasescogidas08-12.pdf). Del mismo podemos citar cuatro párrafos que son suficientemente ilustrativos acerca del talante moral del programa leninista:

"Por el terror sistemático, dentro del que cualquier interrupción de contacto, cualquier traición y cualquier mentira serán lícitas, nosotros encontraremos el medio de bajar a la humanidad hasta el más miserable nivel de existencia; solamente así conseguiremos transformar la humanidad en ese INSTRUMENTO PASIVO Y OBEDIENTE indispensable al establecimiento de NUESTRA DOMINACIÓN. DESCOMPONIENDO EL APARATO DE PRODUCCIÓN EN EUROPA Y AMÉRICA, ORGANIZANDO A LA HEZ DEL PUEBLO Y A LOS MALHECHORES ES COMO ACABAREMOS MAS FÁCILMENTE CON LA BURGUESÍA IDIOTA; tomaremos DESPUÉS ASIA Y ÁFRICA".

"GRACIAS A LA EXTERMINACIÓN TOTAL DE LA CLASE DIRIGENTE ACTUAL, NUESTRA VICTORIA ENCONTRARA EN EUROPA ENTERA POCOS OBSTÁCULOS, COMO HA OCURRIDO EN RUSIA. NUESTRO PODER NO CONOCE NI LIBERTAD NI JUSTICIA. EL ES DELIBERADAMENTE ESTABLECIDO SOBRE LA DESTRUCCIÓN DE LA VOLUNTAD INDIVIDUAL Y EL CONTROL COMPLETO TANTO DE LA PRODUCCIÓN COMO DEL CONSUMO. ¡SOMOS LOS AMOS! TENEMOS LA MISIÓN DE "OPRIMIR. LA INSENSIBILIDAD ABSOLUTA ES NUESTRO DEBER. LA MAYOR CRUELDAD ES UN MÉRITO EN EL CUMPLIMIENTO DE ESTE DEBER".

"En la persecución de nuestra finalidad nosotros podemos aliarnos con las potencias capitalistas con todas nuestras FACULTADES DE DESTRUCCIÓN Y SOSTENER SUS ESFUERZOS EGOÍSTAS. PODEMOS AUN CONCERTAR convenios Y ALIANZAS CON ELLAS PARA INDUCIRLAS A UN FALSO SENTIMIENTO DE SEGURIDAD. CUANDO FINALMENTE HAYAMOS MINADO SU FUERZA DE RESISTENCIA, CUANDO SUS GOBIERNOS, IMAGINÁNDOSE ESTAR FIRMEMENTE ESTABLECIDOS, SE CONFIEN EN NUESTRO SOSTEN Y SE VEAN METIDOS EN TODA CLASE DE AVENTURAS, LOS ABANDONAREMOS Y ESTABLECEREMOS NUESTRO PODERÍO SOBRE SUS RUINAS, puesto que nuestra finalidad es y será: LA DOMINACIÓN DEL MUNDO".(Vid.http://es.metapedia.org/wiki/Traici%C3%B3n_a_Occidente).

Como en la célebre Fabulita del Tuerto López, la paz de Santos y sus aúlicos es la misma que cantaba ingenuo el colibrí sin percatarse de la mapaná que lo acechaba:

"¡Viva la paz, viva la paz!"

Así

trinaba alegremente un colibrí

sentimental, sencillo de flor en flor...

Y el pobre pajarillo

trinaba tan feliz sobre el anillo

feroz de una culebra mapaná.


Piniaforte, Enero 21 de 2015.

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