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13 de enero de 2015

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Lecciones de París

No se le ocurrió a nadie, en medio de las tribulaciones padecidas, que se montara una mesa de diálogo con los Kouachi, ese par de salvajes que asesinaron doce personas para castigar a los infieles y defender a Mahoma.

Lecciones de París
Por Fernando Londoño H.

No se le ocurrió a nadie, en medio de las tribulaciones padecidas, que se montara una mesa de diálogo con los Kouachi, ese par de salvajes que asesinaron doce personas para castigar a los infieles y defender a Mahoma. Francia, horrorizada, decidió hacerle frente a la amenaza y advertir a todos los terroristas cuál es el precio que se paga por estos atentados. La respuesta de la policía fue fulminante, implacable. Si se quiere feroz. Y no hay una voz que la critique.


Si algo como eso ocurriera en Colombia, ya estaría Montealegre abriendo expedientes contra los policías que dispararon y ya estaría Jaramillo listo para viajar a un encuentro con los compañeros de los asesinos y Juanpa asegurando que eso demuestra la madurez del proceso de paz. Pero fue en Francia. La cuna de la libertad política y de la lucha por los derechos humanos. Y en Francia se sabe que con los terroristas no se dialoga, no se concilia, no se transige. Y lo saben los cincuenta jefes de Estado que llegaron a París para unirse a la marcha contra el terror, contra quienes intimidan a la prensa, contra quienes amenazan la libertad.

Desde la firma de los acuerdos con Timochenko, las FARC han asesinado más de ochocientos colombianos, a mansalva, a sangre fría, con total desprecio por esas vidas. Como quien dice, setenta veces lo de París. Y todo lo que se le ocurre al Gobierno es montar la mesa de estas conversaciones estúpidas y pedir apoyo a los mismo cincuenta jefes de Estado que caminaron en París, pero no para castigar al terrorismo, sino para premiarlo.

Queremos imaginar lo que pasaría si algún francés propusiera ahora que a los amigos de los asesinos del semanario Charlie y del que asesinó sus cuatro rehenes, se les perdonaran las penas, se les permitiera la tenencia de las armas y se los trajera a la Asamblea Nacional para perfeccionar la Democracia. Y eso es precisamente lo que estamos haciendo.

Queremos imaginar también cuál sería la reacción de la opinión pública si alguien propusiera castigar a los policías que mataron estos tres terroristas. Lloverían rayos y centellas contra semejante descarriado. Pues aquí no solo investigamos a los que matan terroristas, sino que los metemos a la cárcel y cerramos la de Tolemaida porque es demasiado complaciente con los reclusos.

Ni París, ni Francia, ni Europa, ni Asia, ni África están dispuestos a permitir que desaparezca la libertad de pensamiento. ¿Lleva usted la cuenta, querido lector, de los periodistas que en Colombia han sido asesinados, o víctimas de crueles atentados, o de los que han sido expulsados de los medios por expresarse libremente? Les escribe uno de ellos, vivo por milagro de Dios después de una bomba lapa, y echado de su columna en El Tiempo por escribir contra el Presidente y amigo del periódico. Y no pasó nada.

Y no pasará nada. Es casi una ironía repasar los titulares de desaprobación de El Tiempo por los asaltos de París. El Tiempo que lleva a su cargo a Claudia López, José Obdulio Gaviria y Fernando Londoño, protesta por los crímenes de París y se declara solidario con Charlie y su sátira mordaz, terrible, desconsiderada, casi brutal Cambian las cosas y las leyes cuando cambian dos grados de latitud, decía Pascal. Aquí todo cambia según las conveniencias y los dictados del oportunismo. Sin que se necesiten los dos grados de latitud.




La Opinión Cucuta, 13/01/2015

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