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27 de enero de 2015

Del inminente colapso de Venezuela

Es ilegal protestar, hacer fila o pasar la noche frente a un supermercado a la espera del arribo de provisiones. Es ilegal burlarse del Presidente, hacer oposición, analizar las cifras de la economía, ejercer el periodismo y hasta pensar.

Por Natalia Springer

Es ilegal protestar, hacer fila o pasar la noche frente a un supermercado a la espera del arribo de provisiones. Es ilegal burlarse del Presidente, hacer oposición, analizar las cifras de la economía, ejercer el periodismo y hasta pensar. La pregunta ya no es si va a colapsar, sino cuándo. Venezuela se derrumba a una velocidad alucinante, y la gran pregunta es si Colombia, que es el país que más fuertemente va a sentir el terremoto político, está preparada para responder.

Las circunstancias no están claras, pero es probable que, al día de hoy, la oposición democrática no esté a la altura de lo que será un inminente escenario de transición. La división interna en la mesa que acoge a más de 30 partidos es extrema: “Hablan peor de ellos mismos que de Maduro”, me decía un conocedor, lo que nos lleva a considerar el ascenso de Diosdado Cabello a la presidencia, un autogolpe que él mismo habría estado calculando desde el día en que Nicolás Maduro se convirtió en el heredero de Chávez.

Cabello es el verdadero poder detrás del poder. Es el encargado de mantener las lealtades dentro de las Fuerzas Armadas y de controlar la Asamblea Nacional, y es quien más tiene que perder en la eventualidad de la caída del gobierno socialista. Diosdado Cabello es sujeto de interés en numerosas investigaciones que adelanta la Oficina de Control de Activos Extranjeros (Ofac) del Departamento del Tesoro, por tratarse de la cabeza de la trinidad del narcotráfico en Venezuela (en conjunto con Henry Rangel Silva y el general Clíver Alcalá), y por su relación con organizaciones terroristas.

De allí su empeño por acelerar el reforzamiento de uno de los pilares del Comando Estratégico Operacional de las Fuerzas Armadas, los llamados Comandos Populares Antigolpe y las Milicias Obreras y Comunales, que complementan la acción que ya realizan las Brigadas Especiales contra los Grupos de Violencia en la supresión de todas las expresiones de oposición. Estas estructuras paramilitares básicamente constituyen una política explícita de armar civiles para desatar una guerra popular en el marco de un golpe. Convencidos de que prefieren incendiar Venezuela antes que aceptar su rotundo fracaso, Maduro y Cabello han coincidido en la urgencia de escalar estas fuerzas de cientos de miles a millones.

Frente a lo que ya es un escenario explosivo, el próximo 12 de febrero se celebra el primer aniversario de las protestas estudiantiles en las que perecieron más de 40 personas y que derivaron en la detención de un número indeterminado, entre ellas, Leopoldo López.

La posición tibia del Gobierno colombiano, que contradice directamente lo que son compromisos vinculantes establecidos por el Sistema Interamericano, tendrá que ajustarse en la eventualidad del colapso venezolano y lo que será una crisis humanitaria que desplazará a cientos de miles de personas hacia las fronteras en un lapso muy corto, huyendo de la violencia. Por ahora, no existen planes de contingencia, ni los canales de abastecimiento de provisiones básicas, ni un plan claro de las Fuerzas Militares para el control de una frontera tan amplia, porosa y problemática por el interés que representa para bandas criminales, contrabando y guerrillas.

Con la región resintiendo la turbulencia económica que atraviesa con la caída de los commodities, Venezuela se ha quedado sin amigos. Que sea este un llamado a la oposición venezolana para que abandone toda división y se prepare rápidamente para la transición en el interés superior del país, y para que el Gobierno colombiano se prepare para convertirse en el aliado más incondicional de nuestro país hermano en esta hora de tanta oscuridad. Dios bendiga a Venezuela.

El Tiempo, 26/01/2015



















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