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3 de octubre de 2014

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Voto obligatorio: golpe a la corrupción

No es una medida que atente contra la libertad del ciudadano, al contrario, la defiende

Voto Obligatorio
Por Federico Hoyos

“No es una medida que atente contra la libertad del ciudadano, al contrario, la defiende”.

Mucho se habla sobre la crisis de la democracia colombiana y la falta de cultura política en nuestro país. Estas frases son parte del repertorio de gobernantes y opinadores profesionales, sin embargo poco se hace por corregir estos diagnósticos de recurrente mención en discursos, artículos de prensa y en la conversación cotidiana. El voto obligatorio es una medida audaz y efectiva para luchar contra eso que tanto detestamos los colombianos: la corrupción. Explico por qué.

Hay dos maneras de conseguir votos; con carisma, discurso, preparación, propuestas y trabajo de campo, o con plata. Esta última forma de hacerse elegir y obtener votos, no significa necesariamente que se use para comprar sufragios, pero definitivamente sí debilita la democracia, pues en últimas algunos sectores de la ciudadanía terminan votando por quien más tenga capacidad de pautar, producir publicidad y movilizar al votante y no por quien esté mejor capacitado para ejercer un cargo público.

Ni hablar de quienes hacen política y ganan elecciones a punta de rifas, reuniones donde se reparte comida y prometen trabajo y contratos. Esto no debilita la democracia, simple y llanamente la destruye pues terminan gobernando y tomando las decisiones más importantes de la sociedad quienes tienen mayor malicia, capacidad de mentir y por supuesto, de hacer negocios con plata del Estado, es decir, los menos aptos para dirigir los rumbos de la sociedad; los peores.

El voto obligatorio sería un golpe mortal para quienes hacen política con plata. Ya no tendrán que movilizar a los votantes por cuenta propia, de manera inevitable el voto que antes tenía un precio perderá valor, y de igual manera quienes busquen aspirar a un cargo público tendrán que preparase más pues ya no estarán hablando a nichos específicos sino a todo el país.

Como mencionaba al principio, el voto obligatorio también promueve la cultura política. El billete de 20 o 50 mil, la promesa vacía de un empleo o del pago de servicios públicos, dejarán de ser motivaciones para los votantes. Quien vote, votará libre, por quien quiera y no por quien más entregue o prometa. El voto obligatorio logra que la ciudadanía se preocupe por votar por quien más le guste, por quien más le convenza, por quien realmente quiera que lo represente.

Es realmente lamentable ver como tantos ciudadanos llegan a las urnas y votan por un logo y un número sin tener la más mínima idea de quien es el personaje detrás, qué piensa, qué propone, qué ha hecho, cuál es su carácter, etc. El voto obligatorio incentiva que la ciudadanía conozca a sus gobernantes, que los cuestione, los siga y lo más importante de todo que les exija.

Una última idea, el voto obligatorio como pueden pensar algunos críticos, no es una medida que atente contra la libertad del ciudadano, al contrario, la defiende. La plata producto de contratos públicos para hacer política sí que atenta contra a libertad; tener gobernantes mal calificados que toman decisiones basadas en el interés político y no en el bien común, sí que atenta contra la libertad; buscar votos prometiendo, comprando conciencias y repartiendo prebendas, sí que es un atentado contra la libertad y el desarrollo de la democracia. El voto obligatorio es una solución, con fallas sí, perfecta no, pero por lo menos audaz y eficaz contra el gran y odioso cáncer del que tanto nos quejamos: la corrupción.

@FedericoHoyos

Centro Democrático, 03/10/2014


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