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2 de octubre de 2014

Gobierno derrochón

Con ocasión del proceso electoral que tuvo lugar este año, los colombianos vimos un desmedido despliegue publicitario por parte del Gobierno que buscaba consolidar sus mayorías en el Congreso y garantizar su reelección, tal y como sucedió.

Santos Gobierno derrochón
Margarita Restrepo

Dice la sabiduría popular que después de la fiesta viene la resaca.

Con ocasión del proceso electoral que tuvo lugar este año, los colombianos vimos un desmedido despliegue publicitario por parte del Gobierno que buscaba consolidar sus mayorías en el Congreso y garantizar su reelección, tal y como sucedió.

Oportunamente el Centro Democrático llevó a cabo un debate en el Senado de la República en el que se comprobaron los desafueros del Ejecutivo en materia de publicidad oficial durante los meses de campaña.

Pero la francachela no se limitó a la propaganda, el aparato burocrático creció de manera desproporcionada durante el primer Gobierno de Santos. Como la ‘mermelada’ que había no era suficiente para satisfacer el apetito de sus aliados, hubo necesidad de crear ministerios, entidades, agencias, embajadas, consulados y demás.

Con puestos y prebendas, Juan Manuel Santos consolidó a su cacareada ‘Unidad Nacional’. A falta de un programa de gobierno coherente, buena fue la burocracia para suplir el déficit ideológico del santismo.

En varias ocasiones hemos dicho los uribistas que este es un Gobierno derrochón. Preocupado por mantener una coalición politiquera, Santos ha girado contra la cuenta de la inversión social, de la infraestructura, de la educación y del bienestar de los colombianos. En su escala de prioridades es más importante tener un palmarés gigantesco de misiones diplomáticas en las que fueron nombrados viejos y cercanos amigos del señor Presidente, que un sistema de salud eficiente y suficiente. Al fin y al cabo, hay quienes creen que el poder es para agradar y beneficiar a los amigos.

A todo el que gasta a manos llenas le llega el momento de pagar las facturas. Y eso es lo que está sucediendo en este preciso momento. Todos los colombianos tendremos que sufragar la juerga en la que este Gobierno convirtió al presupuesto nacional.

Primero se dijo que habría que hacer una reforma alcabalera, contradiciendo aquella promesa que Santos escribió sobre una roca: que jamás aumentaría los impuestos. Pero como los nuevos tributos no alcanzarán para cubrir los vales firmados, entonces recurrieron al viejo truco de perjudicar a los más indefensos: los servidores públicos de más bajo rango. Con bombos y platillos la Casa de Nariño anunció una masacre laboral que por supuesto no se adentrará en los linderos de las embajadas ni altos cargos ocupados por los amigos del jefe de Estado.

Dado que la reelección ya está consumada, entonces ahora sí reducirán los gastos en publicidad y propaganda. No hace falta contarles a los colombianos los ‘logros’ del Gobierno porque al fin y al cabo los votos ya fueron depositados en las urnas.

Hemos sido consistentes en nuestra crítica por el crecimiento acelerado e innecesario de la planta de personal y contratistas al servicio del Estado, pero eso no significa que nos deje de preocupar el anuncio respecto de la eliminación de diferentes cargos, pues sabemos que los perjudicados serán, como lo dije anteriormente, los empleados de menor rango que al fin y al cabo son los más vulnerables.

Los contribuyentes y los trabajadores no tienen por qué ser los que respondan por la irresponsabilidad del gobierno en el gasto. No puede volverse una costumbre del gobernante eso de gastar a manos llenas y después castigar con látigo a quienes no son los responsables de su imprevisión.


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