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19 de julio de 2014

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La Tragedia de Arias

Es muy triste ver cómo ha evolucionado la tragedia de Andrés Felipe Arias. Muchas de las personas que estudiaron con el exministro Arias dicen que él es, muy seguramente, una de las personas más inteligentes jamás nacidas en Colombia.

Arias
Por Alberto Bernal León

Es muy triste ver cómo ha evolucionado la tragedia de Andrés Felipe Arias. Muchas de las personas que estudiaron con el exministro Arias dicen que él es, muy seguramente, una de las personas más inteligentes jamás nacidas en Colombia. Cuentan cuentos de cómo Arias corregía a sus profesores cuando cometían errores en las derivaciones de los problemas econométricos. Me cuenta una amiga brasileña que trabaja en un fondo muy importante de los Ángeles, California, que Arias se destacó mucho durante su doctorado en Ucla por su capacidad para digerir las complejas matemáticas que se estudian en ese programa, quizás uno de los más renombrados del mundo. Cuentan también que Arias siempre se destacó por su personalidad arrolladora, y por mantener ese optimismo solo existente en los grandes líderes.

Pero esta mente prodigiosa ya no podrá trabajar por el bien de Colombia. Seamos sinceros, si Andrés Arias no hubiera tomado la pésima decisión de jugársela por el país, y de esa forma caer en las manos de activistas políticos infiltrados en el periodismo, personajes como Daniel Coronell, Andrés Arias muy seguramente hoy sería el director de estrategia mundial de Goldman Sachs, ganándose, por lo menos, unos tres millones de dólares al año. Para que la gente lo entienda de una vez por todas: Andrés Arias NO SE ROBÓ UN SOLO PESO DEL ERARIO, pero gracias a su afiliación política, y a una prensa sedienta de sangre y hoguera, el pueblo mal informado piensa que este pobre hombre es el peor ladrón de la historia de Colombia. 

Según la Fiscalía, aquella cuyo representante hoy en día dice que “prefiero ver a Timochenko sentado en el Congreso a echando bala en el monte”, el crimen de Andrés Arias es el haber contratado un programa de riego con el IICA sin haber convocado previa licitación. Para los que no saben, el IICA es la OEA. Si, así como lo leen, la Organización de Estados Americanos. Para la Fiscalía, que el Ministerio de Agricultura hubiera firmado 162 contratos de asesoría con el IICA en el pasado, sin previa licitación, es una “minucia” que no da espacio para darle la razón a la defensa de Arias, la cual argumenta que el exministro siguió las prácticas previamente establecidas dentro del Ministerio. Para la Fiscalía, y ahora para la Corte Suprema de Justicia, únicamente el contrato firmado por Arias con el IICA es criminal. El resto, todos NO licitados, pues esos sí están bien…póngale usted el adjetivo a semejante exabrupto. 

El otro cargo es que supuestamente Arias robó para ayudarle a unas familias adineradas de Santa Marta. Según la prensa mal intencionada, la idea era que Arias le daba plata a los Dávila y los Dávila le donaban a su campaña para la Presidencia. Pues resulta que esas familias que recibieron los subsidios no le donaron dinero a la campaña de Arias. ¿Quién dice? La misma Fiscalía, que lo acusa de peculado a favor de terceros, pero no puede probar que ese peculado se filtró en la campaña. Es más, durante el juicio quedó completamente claro que el señor Dávila no conocía al exministro Arias cuando le fueron adjudicados los subsidios. Déjeme repetirlo para que quede muy claro. A Arias se le acusa de robar a favor de unos terceros que él ni siquiera conocía. No hay derecho tanta infamia.

El exministro Carrasquilla escribía el otro día en la Revista Dinero que el precedente de Arias iba a ahuyentar a mentes prodigiosas de trabajar en el sector público, pues los riesgos personales de servirle al país eran demasiado altos. Lo mismo argumentaba Juan Ricardo Ortega, según Lasillavacia.com. Lo mismo argumento yo, persona que según me cuentan había sido postulada por algunos industriales como posible Ministro de Hacienda de una administración alterna a la actual. Yo no soy amigo de Andrés Arias. Lo he visto una vez en mi vida. Pero me duele mucho su tragedia, una tragedia solo posible bajo una justicia politizada y una prensa esquizofrénica, una que defiende la impunidad para el terrorismo bajo el patético mantra del “mi aporte es creer,” pero una que defiende que metan preso a un tecnócrata inocente, y que lo hagan por 30 años. Cero cárcel para secuestradores, y 30 años para un colombiano honesto que no se robó un solo peso del erario. En serio, así no se puede, señores. 

La República, 07/16/2014

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