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8 de julio de 2014

La izquierda la tiene clara

La izquierda la tiene clara. El libreto está muy bien diseñado, y ha funcionado en muchas partes del mundo.

Alberto Bernal
Por Alberto Bernal León

La izquierda la tiene clara. El libreto está muy bien diseñado, y ha funcionado en muchas partes del mundo. Primer paso, destruir la reputación de la corporación multinacional ante la opinión pública; segundo paso, encender el sentimiento nacionalista, el famoso “el petróleo es nuestro”, luego incrementar la presión vía impuestos, restricciones a la exportación, etc., etc., para luego lograr que las empresas abandonen sus operaciones o se vendan al gobierno a precio de huevo. Alternativamente, si el gobierno es atrevido, se siguen los pasos de la expropiación (como ocurrió con Repsol en Argentina). 

La tragedia paramilitar es un tatuaje horrible que siempre percudirá el cuerpo de Colombia. Pero es muy importante distinguir quién debe pagar acá, por culpable, y quien debe ser exonerado. Como lo reporta la respetadísima revista norteamericana Forbes, hay muchas cosas turbias atadas a la acusación de que Gary Drummond mandó matar a unos líderes sindicales para poder sacar carbón de Colombia y de esa forma enriquecerse (ver link de la historia de Forbes: http://www.forbes.com/sites/danielfisher/2014/06/06/alabama-coal-baron-uncovers-evidence-of-witness-payments-in-attack-on-lawyer/). 

Un par de cosas. Primero: Drummond ya era archimillonario antes de invertir en Colombia. Entonces, como para qué diablos querría el señor Drummond meterse en semejante lío (mandar matar gente), como dice la ONG Pax, la que ahora sacó el refrito éste de que Drummond mandaba liquidar gente, ¿para ganar más plata? Por Dios, si el hombre ya tenía más dinero del que se podría gastar él y su familia durante toda su vida ¡así vivieran como reyes! Segundo: las cortes de EE.UU. ya han rechazado este mismo caso varias veces, pues a éstas les ha quedado clarísimo que no hay evidencia sustantiva que conlleve a pensar que Drummond es un criminal. Tercero: acá el personaje relevante se llama Terry Collingsworth. Este abogado es muy conocido por haber acusado, entre otros, al gobierno de EE.UU. de cometer crímenes de lesa humanidad. Me cuentan que este abogado tiene detrás de su sillón en su oficina la foto del Che Guevara. Pero eso no es lo importante. Como dice la historia de Forbes, existe evidencia inequívoca de que este abogado le pagó a confesos paramilitares por incriminar a Drummond en crímenes que él no cometió. Para los que no lo saben, en EE.UU., por lo menos, es un crimen pagar por testimonios de un testigo. Juzguen ustedes si el tipo éste, el de la foto del Che, tiene una agenda.

De la mano de todo esto, la ONG Pax decidió irse a Europa en estos días a pedirle a las compañías de ese continente que no compraran carbón de Drummond, porque Drummond es, supuestamente, un criminal. Yo no creo en casualidades. Yo no creo que el nuevo ataque de esta ONG no tenga relación con las negociaciones que están ocurriendo en La Habana. No creo que las actuaciones de Collingsworth no estén atadas al trabajo de algunos políticos colombianos muy conocidos que tienden a no ducharse. Como yo he argumentado en esta columna, no creo que firmar la paz con las Farc sea gratis. Y acabar con Drummond es un sueño de las Farc.

Jamás me atrevería a insinuar que el gobierno de Colombia no dice la verdad cuando dice que no está negociando la política minera de Colombia con las Farc en La Habana. Yo le creo al gobierno. Sin embargo, lo que sucede es que la izquierda está organizándose para meterle mano a la minería una vez Colombia entre en el famoso posconflicto. ¿De dónde piensa el lector que van a venir todos los recursos que se necesitarán para el famoso “posconflicto”? ¿De más IVA o de un “government take” más alto para las multinacionales mineras? Juzguen ustedes. 

Quizás el lector dirá, “bueno, que se metan la mano al dril esos tipos, que igual ya han ganado tanto.” Suena muy fácil decirlo. El problema es que se estaría violando la base estructural de la confianza inversionista, aquella política que logró sacar a Colombia del atolladero para ponernos en la cúspide del ranking de la inversión mundial. Y si se pierde la confianza inversionista, ¿qué pasa?, preguntará el lector, pues que nos volvemos Bolivia… 

La República, 07/07/2014

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