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8 de julio de 2014

Andrés Felipe

Recuerdo, siendo empleado público, haber asumido una culpa para librar a un superior que se sentía, mientras que yo no, muy vulnerable a una posible destitución.

Por Miguel Yances Peña

Recuerdo, siendo empleado público, haber asumido una culpa para librar a un superior que se sentía, mientras que yo no, muy vulnerable a una posible destitución. Me dieron duro, pero sobreviví y crecí.

Sin embargo eso no es lo usual, sino lo contrario. Los expertos, son expertos en no dejar huellas de sus travesuras: o lo hacen a escondidas, cuando se puede, o hacen parecer culpables a otros cuando no. Es muy usual en la administración pública, en la que mientras más encopetado sea el rango más expuesto se está a la manipulación de los expertos (usualmente abogados) que organizan todo y hacen firmar a quién no tiene más remedio que hacerlo y confiar. Son expertos capaces de destruir la vida y la honra ajena para lograr algún beneficio. Murphy: “Nadie tomará una decisión a menos que tenga a quien culpar de su fracaso”

Los que aún tenemos eso que llaman “principios morales” nos preguntamos cómo se debe sentir el culpable al ver que condenan al inocente.

Vuelvo a mi caso personal. Nunca fui capaz de firmar algo redactado por otro; me molesta que el estilo no sea el mío. Pero es que nunca llegué a esos cargos encopetados donde otros le dicen qué hacer, ni firmé esos voluminosos e intrincados documentos que llegan y los altos funcionarios tienen que firmar. Por lo tanto nunca me pudieron “asaltar en mi buena fe”.

Para protegerlos, en alguna época reciente, se dijo que los más encopetados responden política pero no judicialmente por los hechos de su gobierno: salidas inteligentes que sirven para ignorar los hechos cuando no se quiere perjudicar a alguien, no así el caso de Andrés Felipe Arias, contra quien la justicia y los medios se han ensañado. Pregunto si por ser joven (de las aulas a la administración pública: política y administrativamente ingenuo y confiado) o por ser antioqueño y encima Uribista.

Porque no ha habido grupo o corriente política en el país más perseguida por los poderes del Estado que el uribismo; como si intentarán vengarse por haber modificado su statu quo, o intimidar a sus seguidores; sin darse cuenta que en su mayoría son la gente humilde que nada tieneque ganar ni qué perder. O como si se tratara de intimidar a otros políticos para que no asuman posiciones verticales como él.

Hemos pasado en menos de cuatro años del estilo franco, frentero y contestatario de Álvaro Uribe Vélez, al tímido, ambiguo y de Juan Manuel Santos.

Lo peor es que esa personalidad se ha contagiado como una pandemia al resto del país: nadie quiere asumir y defender posiciones éticas o morales; a veces ni sus propios derechos. Todos quieren estar bien con todos porque eso es lo que menos perjuicio puede causar, y eventualmente algún beneficio se puede lograr.

Nadie quiere ganarse enemigos porque el aparato judicial no funciona, y en esas vemos a los hampones, tramposos y sinvergüenzas haciendo de las suyas.

movilyances@gmail.com





El Universal, 08/07/2014

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