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4 de junio de 2014

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Seguridad desde la Democracia

Las Fuerzas militares y quienes defienden el país son agentes que actúan por la protección y la garantía de los derechos de los colombianos, el Estado no hace la guerra, solo impone la Constitución

Álvaro Uribe y las Fuerzas Militares
Por Juan Urrea

Las Fuerzas militares y quienes defienden el país son agentes que actúan por la protección y la garantía de los derechos de los colombianos, el Estado no hace la guerra, solo impone la Constitución y la ley y persigue a quienes se levantan contra ellas. Colombia a pesar de su historia y de su paso por la línea del tiempo ha construido una democracia y un estado social de derecho, en donde la dignidad del ser humano es eje central del Estado. 

El gobierno Santos en busca de su reelección ha buscado macartizar la seguridad igualando a quienes portan las armas legítimamente y las bandas terroristas al servicio del narcotráfico, comete un error, la seguridad debe ser una política humanitaria, basada en los más altos principios del constitucionalismo moderno que establece como fin esencial del Estado otorgar seguridad a los asociados. Colombia ha conocido las bondades de la seguridad, que fueron esos 8 años de gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez y ha conocido el daño que la pasividad y complacencia con el terrorismo les ha traído a las familias colombianas. 

Durante el gobierno Uribe la seguridad desde la democracia fue motor del progreso de Colombia, un estado que antes declaraban fallido, comenzaba a resurgir desde el empuje de su gente y la fuerza de las instituciones, claro que hubo dificultades y problemas de orden público pero iban en descenso y sin ninguna concesión ante el criminal; el gobierno Santos ha decido hacer concesiones a las FARC mientras los ataques terroristas van en ascenso, son los casos de los ataques contra la infraestructura energética, el avance de la extorsión, secuestro y asesinato de policías y militares. 

La paz no llega con impunidad ni curules al congreso, la paz llega con instituciones firmes que desde su legitimidad combatan y castiguen al criminal con justicia efectiva y garante. Cuando existe un Estado constituido institucionalmente para garantizar el ejercicio pleno de la democracia no se puede admitir la legitimidad de una supuesta oposición armada, esto es, carece de veracidad el debate que plantea el candidato presidente Juan Manuel Santos entre la elección de su sofisma de paz y la guerra, los terroristas no combaten la Fuerza Pública sino que plantan el territorio con minas antipersonales y reclutan niños violando los tratados de Ginebra. 

La propuesta que hace Óscar Iván Zuluaga de paz sí pero sin impunidad y con cese de las actividades criminales de las bandas terroristas se asemeja a la propuesta por el entonces candidato Álvaro Uribe quien le propuso a Colombia nunca cerrarle las puertas a la paz pero sí imponer la constitución y la ley exigiendo primero el cese del terrorismo para acordar los mecanismos de deposición definitiva de las armas sin cesar en el mandato popular de construir un país más próspero, libre y seguro. El modelo de paz que plantea Juan Manuel Santos es el modelo de la complacencia ante el criminal y la afrenta para el colombiano. La propuesta que el Centro Democrático le hace a Colombia en la búsqueda de la libertad y el orden es el del bienestar para el colombiano de bien, castigo para los criminales y mano tendida para quienes decidan cesar su actividad en el terrorismo sin el desfallecimiento de la constitución y la ley.



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