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16 de abril de 2014

La paz: un error de hecho y de derecho

Perder el respeto por las proporciones debidas, apartarse de las fronteras del Derecho Internacional Público, despojarse de los dictados de la lógica y la razón, renunciar a toda capacidad valorativa, para mantener con vida el actual proceso de paz, es un error de hecho y de derecho, ostensiblemente perjudicial para el actual gobierno y catastrófico, para la institucionalidad y la nación.

JuanManSantos Por Gustavo Pérez González

Perder el respeto por las proporciones debidas, apartarse de las fronteras del Derecho Internacional Público, despojarse de los dictados de la lógica y la razón, renunciar a toda capacidad valorativa, para mantener con vida el actual proceso de paz, es un error de hecho y de derecho, ostensiblemente perjudicial para el actual gobierno y catastrófico, para la institucionalidad y la nación.

Argumentar, que los colombianos logramos todo lo que nos proponemos y que por ello, vamos a lograr la paz, convirtiendo a los protagonistas del terrorismo indiscriminado, el secuestro, la tortura selectiva, las matanzas colectivas, el narcotráfico y demás conductas penales cometidas en contra de la nación, durante más de 5 décadas de accionar subversivo de la Farc, en inofensivos angelitos para la democracia, firmando a toda costa con ellos el actual proceso de paz, es perder por completo el respeto por las proporciones debidas; es apartarse de las fronteras del Derecho Internacional Público, para quien las anteriores conductas relacionadas, lejos están de ser delitos políticos y en consecuencia, su conocimiento es de su jurisdicción y competencia irrestricta, por estar enmarcados como delitos de lesa humanidad.

Es mantener con vida, un proceso de paz guiados por la pasión obsesionada de este gobierno, que lejos de toda lógica y razón, ya hace cuentas alegres de lo que podrá hacer con los recursos que se ahorrará luego de firmarse, mientras los engrandecidos subversivos dan golpes diarios de opinión con su accionar criminal, mostrándonos a todos, que lo que menos les interesa a ellos es firmar la paz.

Los sangrientos hechos protagonizados por estos, paralelamente a las negociaciones en Cuba, le notifica a la opinión pública con claridad, que el actual gobierno perdió toda capacidad valorativa ante los detestables hechos cometidos, al no atreverse a garantizar el principio de autoridad, colocando a raya su accionar; por miedo a perder el caballito de batalla reeleccionista, de firmar un tratado de paz en medio de tan indignante guerra. ¿Ingenuidad o pasión desbordada al actuar?

Es un error de hecho, porque las anteriores conductas criminales tipificadas, por ellos cometidas no son resocializables al interior de ninguno de los compendios de la sociología, el humanismo y la criminología especializada.

Es un error de derecho, porque pretende juntar dos polos opuestos (el bien y el mal) corto circuito que carboniza la norma sepultando el derecho, creando un mundo de impunidad, colmando de beneficios a quienes están dedicados a semejante record criminal, dejando sin piso toda diferencia entre quién protagoniza el bien y quién el mal y lo peor: si estos, se convierten en legisladores, como se dice, el diablo repartirá hostias en la Mesa de Consagrar. Sí, como no. Ya sobrevivimos al fracaso de los diálogos del Caguán, no aprendiendo nada de tan craso error, a juzgar por tanta desproporción hoy, al gobernar.


El Diario del Otún, 13/04/2014

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