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12 de abril de 2014

El silencio inmoral

La postura asumida por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos frente a la tragedia que están viviendo los hermanos venezolanos, no solamente es repudiable sino, también, muy alarmante.

Juan Manuel Santos Atril
Por Cristina De Toro

La postura asumida por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos frente a la tragedia que están viviendo los hermanos venezolanos, no solamente es repudiable sino, también, muy alarmante.

Me avergüenza profundamente que mi presidente, en vez de alzar la voz para protestar con vehemencia en nombre del pueblo colombiano, por los bestiales abusos que la tiranía venezolana está cometiendo contra el "bravo pueblo", guarde silencio. Un silencio cómplice, un silencio cobarde, un silencio inmoral.

Qué tristeza que Colombia, que se preciaba de ser una de las democracias más sólidas y respetables de América Latina, en vez de estar llevando la vocería en la defensa de los valores democráticos de América del Sur, ahora permanezca imperturbable ante semejantes desmanes. Que solamente se manifieste como parte de agrupaciones corales como Unasur, Alba, etc., conformadas por los países que, por haberle vendido el alma al diablo (la dictadura castrochavista), solamente pueden interpretar destemplados cantos de alabanza a sus mentores.

Muestra de ello es la actual comisión de Unasur, compuesta por los ministros de Relaciones Exteriores de los países que la integran y que fue supuestamente creada para que "acompañe, apoye y asesore" el "diálogo de paz" convocado por el gobierno de Venezuela. Pero, como dije antes, como están adiestrados para adular a los patrones, ya oímos decir al canciller chileno que la comisión tiene "la responsabilidad de defender al gobierno venezolano, que fue electo democráticamente, de una minoría que quiere derrocarlo". O bien, a nuestra insigne y salomónica canciller Holguín, refiriéndose a los políticos de la oposición Leopoldo López y la diputada Corina Machado como: "los extremistas".

¿Qué pueden esperar, entonces, los venezolanos que están en las calles, esos valientes estudiantes a los que se les sumaron hombres y mujeres del común, que luego de dos meses de protestas ya se han convertido en todo un movimiento de resistencia, un movimiento social con objetivos y demandas políticas precisas? ¿Qué pueden esperar, digo, de esa comisión, más allá de una foto que deje constancia de los supuestos esfuerzos democráticos que asisten al presidente Nicolás Maduro, para preservar la paz y la armonía?

Poco, por no decir, ¡nada…

Prejuzgo, no solamente por los nulos resultados de anteriores encuentros que se han dado en Venezuela (el último en diciembre pasado), sino también, porque ni están sentados a la mesa todos los sectores de oposición ni el gobierno de Maduro tiene la intención de liberar los presos políticos ni de desarmar los grupos de apoyo ni de comenzar con la renovación de los poderes públicos, etc. Además, porque la presencia de algunos delegados, como, por ejemplo, el de Colombia, obedece primordialmente a proteger otros intereses. Los intereses del presidente Santos (reelección, premio Nobel de Paz, etc.), cifrados todos, en los diálogos de La Habana.

Alarmante, sí, que nuestro presidente enmudezca porque tiene empeñada la democracia a la dictadura del socialismo del siglo XXI y porque no puede fastidiar a los narcoterroristas de las Farc. Silencio inmoral. Pero, si él calla, los colombianos que en las últimas encuestas dijimos no estar de acuerdo con la forma en que se están llevando los dichosos diálogos de paz (65 %), vamos a hablar. Sí. Vamos a hablar con contundencia en las urnas el 25 de mayo. Vamos a decir: ¡no a su reelección…




El Colombiano, 11/04/2014


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