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16 de abril de 2014

El futuro es la libertad, jóvenes

Los sin futuro. La protesta juvenil bien puede llamarse el movimiento de “los sin futuro”. En efecto, si algo impulsa a tantos jóvenes es la convicción de que este régimen acaba sus sueños de progreso.


Los sin futuro. La protesta juvenil bien puede llamarse el movimiento de “los sin futuro”. En efecto, si algo impulsa a tantos jóvenes es la convicción de que este régimen acaba sus sueños de progreso. Cansados de esperar, derrochan su energía con creatividad y temeridad en las calles. Han visto de cerca la peor cara del régimen y han resistido. Ha sido una dura fragua de dolor, prisión y muerte. No se definen como opositores, a pesar de que varios militen en partidos. No se sienten representados sino por ellos mismos. Ni siquiera políticos que, con dignidad y coraje, comparten su lucha son considerados como los líderes de la revuelta. Los jóvenes no han aceptado dialogar sin condiciones con la dictadura y continuarán en la calle con sus demandas de justicia. Sin dar demasiada importancia a las encuestas.

La protesta como “continuum”. La política es diálogo y que los políticos dialogasen es lo que la mayoría esperaba. De cualquier forma, las conversaciones entre la MUD y el régimen han profundizado la brecha entre la oposición partidista y la resistencia democrática. Y es evidente que la enemistad política entre ambos sectores favorece a la dictadura. Por eso, los demócratas tenemos la obligación de realinearnos alrededor de una estrategia de protesta más compleja que la desarrollada hasta ahora. La protesta es la calle pero no es sólo la calle. Protestar es también confrontar al régimen en una mesa de diálogo, en un foro o en un programa televisivo. La protesta tiene que ser un rango de acciones – un “continuum” – que vaya y venga de la calle al debate, pasando por otras diversas actividades.

El socialismo no es revisable. El diálogo con el régimen tiene beneficios y costos. Es, por una parte, una oportunidad para actuar conforme a las expectativas de la mayoría y para protestar ante el régimen, frenando o revirtiendo algunos de sus excesos. Por otra parte, sin embargo, es un instrumento que podrá servir al régimen para negar su carácter dictatorial, sobre todo a nivel internacional. Manejar el diálogo será entonces una exigente tarea. Afortunadamente, la dirigencia de la MUD pareciera tener la capacidad para desempeñarla. En todo caso, quiero referirme a un punto que no por obvio debe dejar de destacarse. La élite dominante no va a renunciar a su proyecto de poder. A lo sumo, hará lo que Lenin recomendaba: dar un paso hacia atrás ahora para dar dos hacia adelante luego. El socialismo no será revisado y la dictadura intentará usar la crisis para profundizarlo. La principal fuente de nuestros problemas, el intento de imponer un modelo de raigambre comunista en nuestro país, habrá de continuar.

El comunismo es siempre dictatorial. El comunismo pretende que el Estado registre, controle y planifique todo el proceso económico. Esta concentración de poder constituye una dictadura económica. Y ésta es siempre fuente de arbitrariedad, corrupción e ineficiencia. En contextos así la economía cae finalmente en crisis y estancamiento. Al destruir los incentivos para invertir y producir aparecen la escasez y el racionamiento. Ante la inevitable protesta social el régimen acude al uso de la fuerza, el chantaje, el miedo. Para ese momento la élite dominante ya no tiene nada que ofrecer a la mayoría. La dictadura económica se hace dictadura política en su intento de empotrar a la sociedad dentro del ideal comunista. El conflicto se plantea entonces entre quienes aspiran a la libertad y quienes han secuestrado al Estado. Este es el punto al que los venezolanos, repitiendo ese viejo guión, hemos llegado.

Otra Venezuela es posible. La protesta pacífica debe continuar hasta conducirnos a una elección presidencial adelantada. En esa coyuntura la visión de un país diferente y mejor deberá contraponerse al ideal socialista. Esa visión tiene que perfilarse y popularizarse desde ahora. Cada vez somos más quienes abogamos por una sociedad que tenga como eje la libertad de la persona y su dignidad. Una sociedad en la que cada quien pueda desarrollar las capacidades y tener las oportunidades para labrarse un proyecto de vida. Una sociedad basada en una democracia que se caracterice por el diálogo y la transparencia; en una economía de mercado que promueva la propiedad privada, la competencia y el emprendimiento; en una política social que se oriente a la generación de capacidades productivas en los ciudadanos. Tal sociedad será mantenida por nuestro civismo y por instituciones incluyentes, a salvo de grupos de poder que buscan rentas particulares en perjuicio de la mayoría. Esa sociedad es posible. El futuro es la libertad, jóvenes.

@roca023

* El título de este artículo está inspirado en el nombre del evento con el que el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (CEDICE Libertad) conmemorará sus 30 años de existencia. Mayor información en www.cedice.org.ve

La Patilla, 14/04/2014

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