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1 de febrero de 2014

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Uribe, imparable

Mientras la gran prensa fletada y los columnistas envenenados arrojan injurias contra las justas aspiraciones del candidato al Senado y ese oscuro personajillo asesor trastea de ciudad en ciudad su grupo de tomateros, las encuestas siguen dándole a Uribe un lugar preferencial en la intención de voto.

Álvaro Uribe Vélez
Por Mario Fernando Prado

Mientras la gran prensa fletada y los columnistas envenenados arrojan injurias contra las justas aspiraciones del candidato al Senado y ese oscuro personajillo asesor trastea de ciudad en ciudad su grupo de tomateros, las encuestas siguen dándole a Uribe un lugar preferencial en la intención de voto.

La última de estas mediciones, de la firma YanHaas en las 11 ciudades más grandes del país, le da un lugar preferente del 40%, en tanto que sus más cercanos competidores no llegan a más del 12,2% (Galán, Cambio Radical); y ni siquiera todos unidos alcanzan a sobrepasar este guarismo que traducido en curules le daría, siendo moderadamente optimistas, 40 senadores.

Y no lo digo yo, insisto. Lo asevera, basado en métodos científicos, una empresa de la mayor credibilidad. Lo que sucede es que como los resultados le son favorables a Uribe, estos datos no se hicieron conocer, en una guerra sucia de desinformación que mucho mal le hace a la democracia.

Por ello es que se insiste en mostrar perversamente las rechiflas pagadas contra él cuando más de dos mil seguidores lo vitorean y lo que se informa es que 30 mercenarios tratan de agredirlo en un intento de saboteo francamente despreciable.

De seguir esta espiral uribista, tendremos un Senado que manejará y controlará el Legislativo, en alianza seguramente con el ala no proclive a las lentejas y las mermeladas del Partido Conservador, lo que le daría una mayoría capaz de poner en jaque la gobernabilidad del presidente reelecto, si es que esta situación se da.

Lo cierto es que a la fecha, el Centro Democrático, con su líder a la cabeza, se perfila como la nueva fuerza política nacional y a Uribe, como su líder, no lo va a parar nadie, a no ser que la guerrilla insista en sacarlo de la arena política, y ya saben cómo.

El Espectador, 31/01/2014

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