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12 de febrero de 2014

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Qué oso

La semana pasada la revista Semana en su edición electrónica publicó una escandalosa chiva que desató una controversia que inundó los medios de comunicación.

Inteligencia Militar
Por Alfredo Carvajal Sinisterra

La semana pasada la revista Semana en su edición electrónica publicó una escandalosa chiva que desató una controversia que inundó los medios de comunicación. ‘Caso chuzadas: el misterio de la sala gris’. “Oficina fachada que estaría interceptando a los negociadores del gobierno en la Habana”. Estas noticias prendieron la mecha y en qué forma.

Los noticieros de radio prácticamente no hablaron de otro tema. Aquellos que trasmiten durante varias horas al día, nos bombardearon, minuto a minuto, con pormenores del drama. El asunto fue objeto de destacados titulares de primera página en los periódicos. La televisión mostró los allanamientos, con el dramatismo que acostumbra, y destacó las entrevistas de opiniones beligerantes. Este es otro ejemplo de que a los medios se les está yendo la mano en sensacionalismo y morbosidad.

De inmediato la Fiscalía actuó precipitadamente, ordenó un allanamiento como si se tratara de una acción encubierta. El Ministro de Defensa promovió reuniones de la cúpula del Ejército y ordenó el relevo de dos generales.

Se acusó al expresidente Uribe de ser el instigador de las chuzadas a los negociadores; se lo reconfirmó como el enemigo número uno de la paz. Desde La Habana, en alocución televisiva, habló el miembro del secretariado de las Farc ‘Iván Márquez’, reiterándolo.
Habló también el Presidente de la República aclarando que el Gobierno no permitiría interceptaciones clandestinas.

¿Por qué esta histeria colectiva? ¿Son estas las consecuencias de una campaña electoral colmada de agravios y exageraciones o el resultado de las opiniones enfrentadas por las negociaciones de La Habana?

Definitivamente se necesita más madurez, ponderación y prudencia. Menos apetito de aparecer en los medios. Los políticos y los funcionarios públicos pierden la cordura cuando ven un micrófono al frente. Menos apresuramiento y mayor dosis de calma.
Son a los más altos dignatarios de la política, del gobierno, de los órganos de control, a quienes les corresponde dar ejemplo de ponderación. Su imprudencia y su beligerancia, acompañada de la voracidad de los medios de información por ganar audiencia, desorientan a la ciudanía. Si este es el comportamiento de la elite, cómo pedirle al ciudadano raso que obre con cordura y acepte los postulados de una reconciliación.

Ocurrió finalmente lo inesperado, se trataba de una operación logística de inteligencia del Ejército autorizada por el Gobierno para espiar a la insurgencia. Si existen desviaciones, le corresponde a la autoridad competente actuar, con diligencia y severidad, pero sin apuros. El que “anda piano anda lontano”.

Al margen de lo que resulte de las conversaciones de La Habana, se vislumbra el final del conflicto armado con las Farc, ya sea por agotamiento o por convicción. Es la hora buscar y aclimatar la reconciliación en lugar de la confrontación. Claro que se requiere la justicia transicional y que no se permita la impunidad. Lo reclaman las víctimas. La búsqueda de soluciones con menor emotividad y mayor ponderación es indispensable para conciliar los desacuerdos.

El ejemplo de México con la firma del Pacto por México y la sugerencia de Luis Alberto Moreno, Presidente del BID, es el camino. Se debe buscar un acuerdo de políticas fundamentales que aglutine la opinión. La paz la deseamos todos.

P.D. ¿No existe en el Pacífico un lugar para firmar los convenios de la Alianza del Pacífico?

El País.com.co, Febrero 12 de 2014

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