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21 de febrero de 2014

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Leopoldo López

El ejemplo de Leopoldo debe llenarnos de pundonor. En la cárcel está el hombre que no los deja dormir.

Leopoldo Lopez
Por Alexánder Cambero

El ejemplo de Leopoldo debe llenarnos de pundonor. En la cárcel está el hombre que no los deja dormir.

Venezuela es Leopoldo López, su gallardía es nuestra historia clamando por libertad. Un pueblo se levanta en contra de la oprobiosa tiranía. Ha demostrado lealtad a sus principios, lo arriesga todo en favor de un país secuestrado por Cuba. Unos malos hijos se entregaron al primitivismo que significa levantar las banderas de un proyecto anclado en el abismo de la historia. El socialismo real fue no solo un estruendoso fracaso en la práctica, significó la pérdida de millones de voluntades que, luchando legítimamente en contra de las desigualdades sociales, se dejaron seducir por el fraude cautivante; casi sin percatarse, sirvieron de ingrediente para que la receta totalitaria llegase a los ávidos comensales de la ilusión. El resultado es patético y cruel. Millones de vidas condenadas a la esclavitud, naciones enteras en el oscurantismo de la mentira; las oportunidades, reducidas a contemplar el chasco desde el agujero en donde nos metió un proceso fraudulento.

En Venezuela, el empuje juvenil sirve de muro de contención para impedir que se termine imponiendo el comunismo. Miles de estudiantes en todos los rincones de la república se levantan en contra del régimen. Sus armas son el deseo de vivir en una patria libre en donde quepamos todos. Con libertad plena, para poder gozar de una democracia con justicia social, en donde tengamos empleo y seguridad. Que los recursos petroleros sean utilizados para potenciar la economía nacional y no para promover aventuras internacionales de cuanto bandolero se diga chavista. País con medios libres e independientes, en donde opinar no sea un delito que haga que los huesos de muchos se pudran en una cárcel. Con un Poder Judicial saneado, manejado por jueces preparados en la ley y en los principios morales. Que únicamente militen en la decencia de la conciencia limpia. Que sus actuaciones no las ensucien los oscuros intereses creados. En concreto, una Venezuela que honre su pasado glorioso, que se levante con ímpetu para volver a tener una voz digna en el concierto de las naciones.

El ejemplo de Leopoldo debe llenarnos de pundonor. En la cárcel está el hombre que no los deja dormir. Aquel que Hugo Chávez inhabilitó porque conocía de su entereza para mantenerse firme en sus ideas. Este gobierno creyó que huiría como lo hicieron otros, que saldría corriendo a negociar su libertad; sin embargo, se quedaron con los crespos hechos. Caminó entre la muchedumbre con la mirada fija en el porvenir, subió hasta la estatua del apóstol José Martí, para también indicar que la lucha también es por una Cuba libre del totalitarismo. En sus palabras, un inmenso amor por Venezuela. Hoy millones de personas son él. Su ejemplo es una motivación para seguir luchando con toda firmeza. Llegó la hora de alzarse y luchar frente a estos energúmenos, una dictadura cruel y homicida. No lo dejemos solo en esta lucha...


El Tiempo, 21/02/2014

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