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3 de febrero de 2014

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El milagro del año 2000

Fue muy fácil no darse cuenta de que ese día había ocurrido un milagro.

Metas del Milenio
Por Moisés Naim

Fue muy fácil no darse cuenta de que ese día había ocurrido un milagro. Este hizo que en los siguientes diez años mejorase la vida de cientos de millones de pobres en el planeta. El 8 de septiembre del 2000, 189 jefes de Estado firmaron en la sede de Naciones Unidas en Nueva York una serie de promesas que llamaron la Declaración del Milenio. Prometieron reducir la pobreza, el hambre, la mortalidad infantil, la discriminación contra las mujeres y otros loables objetivos.

Los políticos nos han educado para no creerles. Rápidamente, la Declaración del Milenio fue desplazada de los medios por otras noticias: la Intifada en Palestina, la negativa de Sadam Husein a aceptar las inspecciones ordenadas por la ONU, o la decisión de la Corte Suprema de EE. UU. de reconocer a George W. Bush y no a Al Gore como ganador de las presidenciales.

Sin embargo, desde ese septiembre hace 13 años hasta hoy la humanidad ha experimentado la mayor reducción de la pobreza en la historia; 500 millones de personas salieron de la miseria en la que vivían, la mortalidad infantil cayó en un 30 por ciento y las muertes por malaria, en un 25 por ciento; 200 millones de habitantes de los barrios más pobres del mundo tuvieron acceso a agua, cloacas y mejores viviendas.

Este progreso se debió a muchos factores –altas tasas de crecimiento económico, especialmente en Asia, aumento del empleo y de los salarios, mayor gasto público en salud y políticas sociales más eficaces–. La expansión del comercio internacional y las inversiones extranjeras en China e India también contribuyeron al enorme alivio de la pobreza en esos países.

Pero la adopción generalizada de la Declaración del Milenio fue muy importante. Se definieron ocho objetivos, 18 metas concretas y 60 indicadores para medir los avances de cada una de ellas. Gobiernos y organismos internacionales se comprometieron a cumplir esas metas para el 2015. Los resultados han sido disparejos. Brasil, por ejemplo, alcanzó muchas de las metas, mientras que Benín, ninguna.

Pero la mayor sorpresa fue que, a pesar de lo ambicioso de los objetivos y de la crisis económica mundial que estalló en 2008, el progreso ha sido extraordinario. Más aún, algunas de las metas –como reducir a la mitad el número de personas en extrema pobreza y aumentar el acceso al agua potable– se alcanzaron antes del plazo estipulado. Otras no podrán alcanzarse en el 2015, y en algunas no hubo siquiera avances –por ejemplo, en la reducción de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), que contribuyen al calentamiento global–. No hay duda de que hay que continuar los esfuerzos, revisar las metas y, seguramente, añadir otras.

Para definir la agenda después del 2015, Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, nombró un panel de “personas eminentes” que redactó un interesante informe. Le pregunté a Homi Kharas, respetado experto en desarrollo que coordinó los trabajos de este grupo durante más de un año, cuál había sido su principal sorpresa: “Cuánto se ha acentuado la interdependencia de los países pobres y los ricos. Ahora es más profunda que nunca”.

La novedad es que algunos de los problemas que antes eran característicos de países menos desarrollados ahora también son comunes en los países más ricos. La desigualdad económica es quizás el ejemplo más notable. En muchos países pobres, la desigualdad es la situación “normal”. Pero ahora se ha hecho presente de manera notable en Estados Unidos y Europa. En Estados Unidos, la brecha entre los ingresos del 1 por ciento más rico y el resto de la población llegó en el 2012 a su mayor amplitud desde 1920. Las altas tasas de desempleo que sufren los países europeos más afectados por la crisis no tienen nada que envidiarle al desempleo crónico que tan común es en los países de menores ingresos. Hay que hacer algo.

Y lo que hay que hacer está claro: en el 2015 necesitamos un milagro parecido al que hubo en el año 2000. Pero esta vez también debe incluir a los países más desarrollados.

@moisesnaim

El Tiempo, Febrero 2 de 2014.

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