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13 de febrero de 2014

El escenógrafo

Como todo un perfecto escenógrafo, este gobierno se ha vuelto especialista en ir ambientando con unos, sospechosamente convenientes hechos

Juan Manuel Santos | Escenógrafo
Por Rodrigo Gallo

Como todo un perfecto escenógrafo, este gobierno se ha vuelto especialista en ir ambientando con unos, sospechosamente convenientes hechos, las sorpresitas a las que nos tiene acostumbrados. Cada decisión que se toma al interior de palacio, motivada generalmente por presión o por perversión, enrevesada como son casi todas las del Presidente Santos, requiere de esa ambientación previa, para poder ser socializada. Es la perfecta ilustración de lo nacido bajo los intereses de unos pocos, y que por obvias razones, no beneficiará a sino a esos pocos.


Con el riesgo que se me juzgue de hilar muy delgado, la manera como se abordó el asunto de la supuesta interceptación de comunicaciones a la mesa de La Habana, me parece que resultó maravillosamente conveniente para enrarecer el ambiente y hacerlo proclive a unos cambios en las fuerzas militares que perfectamente, pueden obedecer a “cordiales solicitudes” de los señores negociadores de las farc, como ahora el nuevo lenguaje de la “paz”, nos pide que llamemos a los salvajes narcoterroristas que vacacionan en Cuba por cuenta del erario.


Pero no nos llamemos a engaño; el anterior, no es un hecho aislado. Hoy por hoy, en nuestro país todo gravita en torno a esa patética farsa patrocinada por el Foro de San Pablo. La agenda nacional está completa y convenientemente amarrada al devenir de La Habana, convirtiendo todos los asuntos de Estado y de gobierno, en unos simples apéndices del proceso. Contrario a toda lógica, se encadenó el destino de 45 millones de personas a los caprichos de un grupo de capos del narcotráfico, que deberían estar perseguidos de forma vehemente por el Estado y que ahora, increíblemente se encuentran protegidos por el mismo. Lo anterior, corriendo nuevamente el riesgo de hilar muy delgado, no se puede reducir a cosas tan minúsculas y banales como el deseo de una reelección, o el actuar de un inepto. No señores, esto va mucho más allá.


El Presidente Santos ha demostrado ampliamente que de inepto no tiene un pelo. Ha sabido sincronizar una perversa maquina en pro de unos intereses en común que maneja con las Farc, y que se basan en mi parecer, en dos cosas que resultan de suma importancia para los carteles del narcotráfico. Por una parte, está el secuestro del poder político que necesitan para consolidar su proyecto de toma de la nación, y por otra parte, la legalización de las inconmensurables fortunas que genera el negocio de las drogas ilícitas. Este proceso de blanqueamiento de capitales ilegales, es lo que ha logrado que haya tanto amigo de la “paz”; para nadie es un secreto que el proceso de lavado de activos alimenta una gran cantidad de actividades colaterales, resultando beneficiadas económicamente una gran cantidad de personas que se hacen necesarias para esta compleja operación. En esta aciaga hora de la historia, los círculos adyacentes al poder están repletos de personas, que creyendo que el dinero lo es todo, terminan haciendo todo por dinero. Incluso alinearse con la “paz”, en detrimento de los intereses supremos de la patria.


Por tantas y tantas razones que hay para oponerse a semejante despropósito, y en desarrollo de este delicado tema, siempre he puesto la palabra paz, entre comillas. Lastimosamente, el nuevo lenguaje degradó tanto esa hermosa palabra que se hace necesario distinguir entre la “paz” que nos ofrecen los perversos, y la verdadera paz que solo otorga y merece, una sociedad respetuosa y cumplidora de la ley. Y también hablo de “paz” debido a que muy sutil, pero contundentemente, nos han querido vender como “guerra”, lo que no es más que la justa protección que el gobierno tiene que procurarle a su pueblo, frente a quienes pretenden doblegarlos mediante el yugo de la criminalidad. Si perseguir a los delincuentes hasta reducirlos y someterlos al imperio de las leyes de la república, en este país se llama guerra, es mi deseo que vivamos eternamente en ella. Como sociedad no podemos renunciar a ese deber moral, porque entonces, nos convertiremos en esclavos de quienes tengan la fuerza suficiente para quebrar y/o manipular el ordenamiento jurídico. Mis padres me educaron con espíritu de hombre libre y por tanto, no acepto ninguna clase de esclavitud, ¿Y usted?

@AlegreBengali


Ad: No hay ser humano más esclavo que aquel que se regocija en sus cadenas

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