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19 de febrero de 2014

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El desplome de Maduro

La lista de gobernantes incompetentes que han pasado por las sillas presidenciales de Latinoamérica es extensa y oprobiosa.

Nicolás Maduro
Por David E. Santos G. 


La lista de gobernantes incompetentes que han pasado por las sillas presidenciales de Latinoamérica es extensa y oprobiosa. Podríamos nombrar una decena por cada país, sin entrar en mayores minucias, y descubrir que son ellos lo que postraron a naciones llenas de oportunidades. Algunos inteligentes para la maldad que superponen sus intereses a los de la comunidad. Otros simplemente inútiles y mediocres. En ese último grupo está Nicolás Maduro.


¿Qué quiere el heredero de Chávez? ¿Adónde va con su comprobada incapacidad ejecutiva? ¿Qué futuro tiene Venezuela en medio de una violencia descontrolada y un gobierno inepto? Está claro que nada bueno se dibuja en los meses venideros mientras Venezuela camina en el desastre.


Las características del desplome de Maduro son evidentes incluso para su séquito de lisonjeros, aún cuando para conservar sus vergonzosas prebendas se dediquen a adularlo. Como buen mediocre se empeña en acusar a los demás por sus fracasos. La culpa del mal estado del país es siempre el resultado de complots y conspiraciones que nadie cree.


La economía colapsó y la represión de las calles recuerda las dictaduras del sur de la década del setenta, mientras los medios de comunicación son coartados por transmitir lo que ocurre en las calles.


El fin de Maduro, que incluso vaticinó hace un par de meses el sociólogo alemán y luz del Socialismo del Siglo XXI Heinz Dieterich, parece inevitable, no sin antes arrastrar a Venezuela a una orgía de violencia y sangre. Nadie lo evitará en medio de una vecindad acallada (Santos no dirá una palabra con tal de mantener a flote sus negociaciones en La Habana) y una oposición interna descompuesta y fragmentada.


Porque buena parte del desmadre ocurrido en la última década y media en Venezuela recae en que la otra orilla política es un manojo de individualidades y ansias de poder. No existe una real oferta ciudadana para los que desean un cambio. El chavismo aplasta repetitivamente a los opositores por su falta de unión y consecuencia discursiva.


Pasarán muchos años antes de que Venezuela encuentre la ruta de la estabilidad democrática. Lo primero que debe suceder es que Maduro deje Miraflores, ante su evidente incapacidad de dirigir un país. Existe un pavoroso problema: las vías legales, compradas y coartadas, parecen taponadas para permitir el cambio.


El Colombiano, febrero 18 de 2014

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