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3 de febrero de 2014

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El Divorcio

Divorcio es lo que hay entre las bases conservadoras y sus parlamentarios. Lo sugerían las encuestas y quedó probado en la convención, frente a unos congresistas estupefactos.

Uribe y Martha Lucia Ramirez
Por Rafael Nieto Loaiza

Divorcio es lo que hay entre las bases conservadoras y sus parlamentarios. Lo sugerían las encuestas y quedó probado en la convención, frente a unos congresistas estupefactos. Cuando esperaban que la mermelada asegurara cerrar filas en torno de la reelección de Santos, se encontraron que unas mayorías amplísimas se negaban a que los llevaran como borregos al matadero y a apoyar a un presidente que no solo no los representa sino que, apenas recién elegido y sin haberse posesionado aun, abandonó su plataforma electoral. Y que, si no bastara, gobierna para los liberales y para la izquierda.

La insubordinación llenó de pánico a los congresistas, aterrados por la posibilidad de perder, a dos meses de las elecciones, los favores recibidos desde Palacio. De ahí todas las maniobras durante el foro para disolver el quórum, al mejor estilo parlamentario, y evitar la votación. Y sí, se fueron. De los 22 senadores conservadores, 18 son declaradamente santistas. Diez de ellos se retiraron, con “sus huestes”. No bastó. Más de 1.400 delegados fueron suficientes para que ganara Marta Lucía. Un triunfo incontestable.

El ejercicio deja dos ganadores netos. Marta Lucía, por supuesto, sea cual sea el resultado de la primera vuelta. Su candidatura es resultado de la constancia, de la coherencia y de la capacidad de sintonizarse con unas bases hartas de Santos. Contra todos los pronósticos, se mantuvo en la posición de que los conservadores necesitaban candidato propio y no cejó de hacer campaña para ello. Venía diciéndolo desde hace un par de años, cuando se discutían los nuevos estatutos del partido. Y logró conectar con los convencionistas de a pie, a los que no pudieron sobornar ni con los pasajes y viáticos que pagaron a los que prometieran su apoyo al Presidente.

Marta Lucía tiene un nuevo liderazgo que, si sabe aprovecharlo, debería permanecer en el tiempo en un partido que, además, no tiene cabezas visibles. Si hace una campaña inteligente, contiene su tendencia a hablar en exceso (lo que genera confusión en el mensaje), y se mueve con habilidad para recoger a los disidentes y tender puentes, es perfectamente posible que sea quien pase a la segunda vuelta y pueda recoger todo el voto antisantista del centro a la derecha. Su candidatura tiene mucho para crecer, si se considera que entre un 67 y un 73 % de los ciudadanos no quiere que Santos sea reelecto.

El otro ganador es el conservatismo mismo, que supo sobreponer las ideas a la clientela y la burocracia. Advierto, eso sí, que el conservatismo es más que un partido que puede resultar seriamente dividido si los parlamentarios santistas, como me temo, son incapaces de renunciar a la mermelada gubernamental. Tendrán el riesgo, eso sí, de que sus electores de base no los voten. Con todo, la candidatura de Marta Lucía es un respiro para la mayoría de los parlamentarios que veían cómo sus electores se deslizaban incontenibles al Centro Democrático. El que haya candidato del Partido y además distante del Presidente, les da un aire que les era indispensable. En cualquier caso, la convención le da una lección a sus dirigentes: los parlamentarios no son ni pueden ser dueños y señores del partido. Y si quieren sobrevivir, tienen que representar adecuadamente el pensamiento y el querer de sus electores. Esa es la lección de fondo.

Así que la convención conservadora es una buena noticia, más allá de la coyuntura. Hay conservatismo porque hay bases. Y ahora, candidata.

Hay, sin embargo, un riesgo. No veo posible que para la primera vuelta haya unión entre Óscar Iván Zuluaga y Marta Lucía. Ambos quieren y tienen que ir hasta mayo. Por tanto, no habrá candidato único para enfrentar al Presidente. Eso supone que los votos antisantistas se repartirán y que se abre la posibilidad para que por la mitad se cuele el Polo. En ese caso Santos tiene asegurada la reelección porque muchos, aunque sea tapándose la nariz, votarán por el actual presidente.

Pero si no, si cualquiera de los dos pasa, para Santos no será tan fácil. Ahora sí empezó la campaña. Ganado, como decía un tío, se llama a las vacas.

El Colombiano, Febrero 2 de 2014.

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