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3 de enero de 2014

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UCD víctima de todas las formas de lucha

Desde la recolección misma de las firmas para inscribir las listas de Senado y Cámara, así como para inscribir la candidatura de Oscar Iván Zuluaga a la presidencia por Uribe Centro Democrático

Uribismo Centro Democrático | Copolitica
Por Alfonso Monsalve Solórzano

Desde la recolección misma de las firmas para inscribir las listas de Senado y Cámara, así como para inscribir la candidatura de Oscar Iván Zuluaga a la presidencia por Uribe Centro Democrático, comenzó el acoso de las Farc y la indiferencia del gobierno a las denuncias que este movimiento y los ciudadanos han presentado.

Hay ya lugares del país, como denuncia el ex presidente Uribe, en los que las Farc han comenzado a amenazar de muerte a quienes no voten por el actual presidente, Juan Manuel Santos y están levantando un “censo electoral” para asegurar en las regiones en las que hacen presencia -como el departamento de El Putumayo y el Cañón de las Hermosas, para sólo citar dos sitios de nuestra geografía- el mayor número de votos posible para el actual presidente.

Estas acciones no sorprenderían a nadie, porque el país está acostumbrado a que las Farc disparen a los candidatos que no controlan y apunten con el fusil a los ciudadanos para que elijan los candidatos y partidos que ellos impulsan, lo que ha dejado un reguero de cadáveres liberales, conservadores y de la UP, usados éstos como carne de cañón por el Secretariado, como tenía en claro alias Jacobo Arenas, con el objetivo de “ganar presencia” en el “movimiento de masas”, y de paso, eliminar a quienes se oponían a sus designios.

Pero el ingrediente nuevo, el que delata el grado de desinstitucionalización del país, es que se haga proselitismo armado para impulsar la reelección del actual presidente, algo que no ha sido desmentido por los implicados, y que el gobierno central guarde significativo silencio – con la complicidad de los virreyes, Howland, Holdschild y Whitaker- cuando las Farc violan la “tregua” de navidad que ellas mismas proclamaron y tienen el cinismo de agradecer a quienes han apoyado esta perversa pantomima.

La causa profunda de lo que está sucediendo en nuestro país es que hay un tejido en el que no se distinguen los hilos, en este caso, los objetivos de las Farc y los del gobierno, hasta el punto que la frontera que limita las posiciones de las “partes” se diluye. No se trata de una negociación que obedece a la lógica amigo - enemigo, en la que el gobierno defiende la legitimidad y vigencia de la democracia liberal colombiana ante un adversario que quiere destruirla y al que hay que someter al imperio de la ley, sino de una en la que el Estado se reconoce, de manera desconcertante, como ilegítimo y le da validez a las tesis del contendor que afirma que en este país no hay democracia. Si el gobierno cede en estos puntos, no hay contradicciones esenciales que resolver. Desde esta visión no hay principios que defender ni enemigo que derrotar. Estado y gobierno coinciden y se entretejen en lo fundamental.

La simbiosis de alias Timochenko y Juan Manuel Santos surge de la concepción del presidente de no considerar a Colombia como una democracia, y de la obsesión que tiene de reelegirse; y de la necesidad que tienen las Farc de mantener un gobierno que comparte básicamente su ideología atravesada por el narcotráfico y continuas y persistentes en el tiempo, violaciones gravísimas del Derecho Internacional Humanitario y el derecho internacional de los derechos humanos –como lo prueba la ley de impunidad que el ejecutivo hizo aprobar en el congreso- y que con el transcurrir de los meses, ya coadministra.

El resultado de la indisolubilidad gobierno –Farc es que para este monstruo de dos rostros, el enemigo es quien defiende la democracia colombiana, rechaza el narcototalitarismo y busca un proceso de paz que preserve el estado democrático de derecho y haga justicia a las víctimas. De ahí que sean estos quienes se convierten en blanco del proselitismo armado de las Farc, quienes ponen, además, el fusil al servicio de la reelección de Santos.

En una negociación de paz decente, uno de los inamovibles es que la participación política de miembros de un grupo como éste debería estar precedida de su entrega de las armas, para garantizar la vida de miles de colombianos y para evitar el voto sometido a la violencia que distorsione la voluntad de los ciudadanos ; pero no en la presente. Las Farc han dicho en todos los tonos y el gobierno ha aceptado, que no las entregaran, y ya vemos, para que las quieren ahora. Y lo que nos espera.

El Mundo, 29/12/2013



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