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14 de enero de 2014

Los privilegios de la Izquierda

Si usted asalta pueblos, recluta niños, siembra minas, vuela oleoductos y torres de energía, secuestra, extorsiona, asesina y se roba las tierras de los campesinos, no tiene nada que temer, con la única condición de que lo haga a nombre de la izquierda

FARC | Copolitica
Por Darío Acevedo Carmona

Si usted asalta pueblos, recluta niños, siembra minas, vuela oleoductos y torres de energía, secuestra, extorsiona, asesina y se roba las tierras de los campesinos, no tiene nada que temer, con la única condición de que lo haga a nombre de la izquierda. La Corte Suprema de Justicia ya declaró, sin arrepentirse hasta hoy, que todas esas cosas, cometidas por la izquierda, son puro altruismo.

Si no se resuelve tanto como a cometer todos estos crímenes, puede impunemente hacerse amigo de los que tienen entrañas suficientes para ello. El que salude a un bandido de los que se reputan de derecha, se va para la cárcel irremisiblemente. La misma Corte decide que eso es prueba suficiente de que el saludo equivale a conformar el grupo paramilitar del saludado. Pero si la cosa es con un jefe de las FARC; si usted se va para su campamento; si se retrata en su compañía; si presenta su causa ante la opinión con los perfiles más amables; si aplaude su arrojo para cometer delitos, no se preocupe. Nada le pasará. Privilegio de la izquierda.

Si usted es narcotraficante, cuídese de ser capturado. En un abrir y cerrar de ojos lo embuten en un avión de la DEA para los Estados Unidos. Algo así sucedió con jefes narcotraficantes de las FARC, en tiempo de Álvaro Uribe Vélez. Simón Trinidad y Sonia son buenos ejemplos. Pero ahora no. La extradición no está hecha para los mafiosos de izquierda. Si los capturan, salen rumbo a Cuba para tomar mojito , montar en catamarán, vivir en hotel de seis estrellas y gozar hablando majaderías con Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo. Y de encima, salir por televisión todos los días, pontificar sobre la política colombiana y aspirar a que le asignen una curul en el Congreso y una Zona de Reserva Campesina, que serán las Ínsulas Baratarias de mañana.

Si usted es un mal Alcalde, lo destituyen e inhabilitan por quince o más años para ejercer sus derechos políticos. El público y la prensa aplauden y usted queda enterrado en vida. Pero si es el peor de los alcaldes; si maneja a las patadas el dinero de los contribuyentes; si vuelve su ciudad un basurero; si utiliza chatarra por camiones recogedores y los importa de contrabando; si no licita sino que adjudica a dedo contratos multimillonarios para recoger basura, a usted no lo pueden tocar, si es de izquierda.

Si usted es de izquierda y maneja fondos públicos, los usa en su provecho cuando quiere. Organiza manifestaciones en su favor. Llena la plaza principal de Colombia con cambuches, en los que ofrece comida con la plata del erario público. Moviliza adeptos y obliga a marchar a sus subalternos, que olvidan las funciones que les atañen para dedicarse a aplaudirlo. Y no puede pasarle nada. Antes bien, se va para la Comisión de Derechos Humanos de la OEA y se declara perseguido, mártir, víctima de crueldades infinitas. Y el Gobierno y la Procuraduría tienen que contestar esas imbecilidades. Claro, si usted es de izquierda. Para los demás, buena es la Ley que los condena.

Si usted es banquero, industrial, comerciante o agricultor, enseñe sus libros contables, muestre sus balances, exponga de donde le llega el último centavo. Pero si es de izquierda, y además cura, no se preocupe. ¿A quién se le ocurriría pedirle a alguien así que muestre libros? Definitivamente, la Ley no vale para los de izquierda. ¡Loado sea Dios!

El Espectador, 13/01/2014



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