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6 de enero de 2014

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Tal vez más

Sobre todo a nivel regional, en donde existen altos riesgos de contaminación de los votos. Que los compran, dicen. Que los sacan a la fuerza, dicen.

Elecciones | Copolitica
Por Editorial El Espectador

Sobre todo a nivel regional, en donde existen altos riesgos de contaminación de los votos. Que los compran, dicen. Que los sacan a la fuerza, dicen. Que los endosan como cheques, dicen. Se habla mucho, pero poco se hace para contrarrestar una realidad tan patente. Incluso ahora, cuando aún falta mucho tiempo para que la campaña de los candidatos empiece en forma, por no hablar de la contienda en las urnas, se oyen ya rumores no tan sanos para una democracia: millonarios presupuestos invertidos en las campañas, manipulación de los libros de cuentas, denuncia de compra de votos. Dicen...

¿Tan pronto? Pues sí, tan pronto. Así funciona la cosa. El voto, esa capacidad ciudadana de elegir (y de exigir cuentas) que tienen los colombianos, no puede transformarse en un elemento adulterado, que no coincida con el querer popular, que no refleje un pensamiento previo mucho más allá de las prebendas y las componendas políticas.

Al menos en teoría. Y para que la práctica se transforme hay que generar, primero, ciertos aprendizajes: el voto debería ser un producto del raciocinio individual, más que del movimiento de las maquinarias. Y un país que se levantó en paros el año pasado, que mostró una indignación social con el rol de nuestros gobernantes, que tiene una clara petición por el cambio, lo hemos dicho ya muchas veces, debe cambiar su forma de votar. Ahí está la respuesta: votar bien, exigir más. Es sencillo.

Lo otro tiene que ver mucho más con los controles: quién y cómo manipula los votos para que éstos terminen siendo espurios. Ya el Consejo Nacional Electoral puso a rodar un correctivo: los tribunales seccionales de garantías y vigilancia, que tendrán que estar atentos para evitar las irregularidades. Dieciocho tribunales ubicados en igual número de departamentos para que las campañas tengan algo de transparencia.

Los departamentos serán aquellos que la Misión de Observación Electoral detectó como de alto riesgo: Antioquia, Atlántico, Bolívar, Caldas, Cauca, Cesar, Chocó, Córdoba, Cundinamarca, La Guajira, Magdalena, Meta, Nariño, Norte de Santander, Santander, Sucre, Tolima y Valle del Cauca.

La tarea es sencilla pero importante: vigilar el origen, el monto y los destinos de los ingresos y los egresos de las campañas, así como el cumplimiento en las normas de publicidad. También procesos sobre las irregularidades descubiertas: práctica de pruebas que irán a dar a los magistrados del Consejo Nacional Electoral. En las elecciones tendrán cierto tipo de funciones, también: de veeduría e infraestructura, sobre todo. Es una buena forma de coger por los cuernos a ese eterno fantasma que nos persigue cada vez que empieza un año electoral.

Y está bien que se haga en los departamentos de alto riesgo. Lo que sí deja un mal sabor de boca es que no se implemente en todos. ¿La razón? Plata. O al menos eso quiso decir el presidente del CNE, Pablo Gil de la Hoz, quien dice que por falta de presupuesto, tal y como lo informamos en este diario el sábado pasado, no pudo hacerse la operación completa en todo el país. Ni tampoco, que es obligatorio, se implementará el voto electrónico. Y, salvo en unos casos, la identificación biométrica. ¿No será este un tema, todo, fundamental? ¿No se necesitarán talanqueras suficientes y de sobra para ponerle dique a un problema que aqueja a Colombia? ¿No hemos tenido suficiente, pues? Que tomen la palabra los responsables. Es un primer paso, sí, pero tal vez se necesiten más.

El Espectador, 5/01/2014

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