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27 de enero de 2014

Posibilidades de la paz verdadera

Si todavía resulta lícito elegir el mal menor entre dos males, prefiero el terrorismo actual de las Farc, a un gobierno dictatorial presidido por ellas, resultado de la paz del presidente Santos.

Diálogos de paz
Por Hernán González Rodríguez

Si todavía resulta lícito elegir el mal menor entre dos males, prefiero el terrorismo actual de las Farc, a un gobierno dictatorial presidido por ellas, resultado de la paz del presidente Santos.


Las reivindicaciones sociales de los primeros años de las Farc se desfiguraron como resultado de sus actividades narcoterroristas.

Por este motivo, tan solo un 3% de los colombianos parece apoyarlos hoy en las encuestas. Su idea de llegar a gobernar a Colombia por medio de las armas les fracasó.

Como consecuencia de este revés, los ideólogos y amigos de las guerrillas les han recomendado mimetizar su lucha armada y entrar a participar en la política a la manera de los países del Alba para imponer sus dictaduras castro-chavistas para perpetuarlas luego por medio del voto electrónico. Por tales razones, como lo afirmó la exguerrillera “Karina”, el objetivo de la Farc es el poder y no la paz.

Muy poco conoce la opinión colombiana sobre los acuerdos de La Habana, salvo unos documentos ya firmados con alcances indefinidos, ambivalentes, y ciertas solicitudes extravagantes de los negociadores de las Farc, las cuales no dejan duda de su marcha tras el poder y la paz al estilo de las dictaduras aludidas.

La primera condición para participar tranquilos en política radica en imposibilitar que los extraditen por narcotraficantes y violadores de los derechos humanos. El presidente Santos no ha ahorrado esfuerzos para garantizarles su participación en política con impunidad, por medio de la Ley Marco para la Paz, su referendo para aprobar los acuerdos, sus visitas a la ONU, a Obama, al Papa… Nada de esto les garantizará la NO extradición, salvo que convoquen una Asamblea Constituyente que les apruebe el retiro de Colombia de todos sus tratados internacionales.

Aceptemos en gracia de la discusión que, finalmente, se puedan blindar los cabecillas de las Farc contra las extradiciones y la justicia internacional y que les abramos las puertas para participar en la Cámara, las Asambleas, los Concejos… Los defensores de la paz de Santos sostienen que con un 3% de la opinión votando por las Farc, mínima será su representación en estos cuerpos colegiados y gigantescos los beneficios de cambiar su terrorismo por unos escasos votos y escaños.

Nada más improbable y errado. Recordemos que en la estrategia de las Farc No figura la entrega de las armas mientras el Gobierno no les cumpla todos sus acuerdos, las ‘dejarán’ a la mano. Los integrantes de los nuevos grupos ya no se llamarán Farc, sino ‘Urabeños, Rastrojos…’ porque un negocio que les aporta a las Farc no menos de 12.000 millones de dólares por año, no se va a terminar, se va a mimetizar para financiarles su participación en la política. Además, dichas armas ya comenzaron a utilizarlas en la tregua reciente con el fin de instruir e intimidar a los campesinos para que voten por ellos, así como para impedir la participación del Centro Democrático de Uribe.

Insisto en mi cantilena. Ojalá que la paz del presidente Santos no desemboque en la creación de un azaroso partido político con impunidad total, blindado ante la extradición y la justicia internacional, con alcaldes y curules en los cuerpos colegiados todos ‘inamovibles como Gustavo Petro’, con prerrogativas antidemocráticas como las armas ocultas, con control territorial para administrar los narcocultivos y financiarse con el narcotráfico. Si todavía resulta lícito elegir el mal menor entre dos males, prefiero el terrorismo actual de las Farc, a un gobierno dictatorial presidido por ellas, resultado de la paz del presidente Santos.

El Espectador, Enero 24 de 2014.


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