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21 de enero de 2014

Paz: ¿legalizar el comunismo?

La guerra contra las Farc nunca fue una guerra contra el terrorismo, siempre ha sido una guerra contra el comunismo.

NarcoFARC | Impunidad
Por Álvaro Forero Tascón

La guerra contra las Farc nunca fue una guerra contra el terrorismo, siempre ha sido una guerra contra el comunismo.

Por eso, a algunos colombianos no les cabe en la cabeza hacer la paz con el comunismo. El “rechazo a la impunidad” de los enemigos del proceso de paz es más una cuestión de ideología, que de justicia y de derechos humanos. Perdonar los delitos de los cabecillas de la guerrilla y permitirles acceso al Congreso equivale, para algunos, a legalizar el comunismo en un país en que ha estado proscrito en la práctica durante cincuenta años.

El establecimiento está dividido frente al tema porque es consciente de que Colombia ha sido una isla en un subcontinente dominado recientemente por gobiernos de izquierda, gracias al efecto de anestesia que ha ejercido el conflicto armado interno. Que una vez superada la guerra, la izquierda recobrará la legitimidad política de que ha carecido en medio siglo, y que las condiciones de desigualdad, informalidad laboral, atraso del campo, clientelismo y corrupción, hacen de Colombia un país fértil para el discurso de izquierda.

La parte del establecimiento que apoya a Uribe considera que la única salida es mantener apremiado al comunismo por la fuerza, hasta exterminarlo o deteriorarlo tanto que no haya necesidad de admitirle expresión política. La parte que respalda a Santos prefiere ir descompresionando la olla a presión social con reformas moderadas, incluida la de la paz, por ser el único camino para desactivar el sector políticamente más eruptivo de la sociedad colombiana: el campo, en dónde conviven la violencia, el narcotráfico, la propiedad ilegal, la minería ilegal, la inequidad racial, la falta de educación, de oportunidades y el atraso, y desde donde se engendra, financia y exporta gran parte de la criminalidad y el oleaje de descontento social. Y que es, a la vez, el sector de mayor potencial de crecimiento económico en el futuro.

En las próximas elecciones se pondrán a consideración de los ciudadanos ambas posiciones, aunque descontextualizadas por el populismo y el clientelismo, que son las armas electorales de uribismo y santismo. Son dos propuestas definidas por el tema de la paz pero que van mucho más allá. La propuesta de Santos está basada en la modernización del país por vía de mayor equidad y mayor democracia, y la de Uribe, en administrar la problemática nacional regresando a la receta de populismo militarista, caudillismo absolutista y favorecimiento sin límites de la inversión.

Al final, las dos son fórmulas para enfrentar la amenaza de contaminación de izquierdismo populista del vecindario, para preservar el modelo de libre mercado y la estabilidad política y económica. Una represiva y la otra evolutiva. Una propende por el conflicto político, la otra por el consensualismo. Una cree en extremar las tesis conservadoras, la otra en regresar a la tradición liberal para ir hacia el centro. Una usa la diplomacia ideológica, la otra la pragmática. Una demagógica, la otra tecnocrática.

Para quienes viven aún en la lógica de la Guerra Fría, la paz legalizaría en la práctica el comunismo. Pero la Guerra Fría es una esquizofrenia del pasado. Continuarla es condenar a Colombia a una violencia inhumana.


El Espectador, 20/01/2014

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