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21 de enero de 2014

Los peligros de reelegir la traición y la mentira

“La gran masa del pueblo… puede caer más fácilmente víctima de una gran mentira que de una pequeña”. Adolf Hitler.

Juan Manuel Santos Calderón
Por Juan David Escobar Valencia

“La gran masa del pueblo… puede caer más fácilmente víctima de una gran mentira que de una pequeña”. Adolf Hitler.

Se avecinan tiempos de trampas disfrazadas de paz. Lo que se está cocinando en La Habana es la peor amenaza que Colombia ha tenido en su historia republicana y por eso los votantes tendremos que extremar nuestro sentido de responsabilidad con la democracia, pero especialmente no dejarnos llevar por los falsos cantos de sirena de los manipuladores que están extorsionando al país con sus aspiraciones de paz.

Caer una vez en la trampa de un experto en el arte de ocultar sus verdaderas intenciones es lamentable pero entendible, pero repetir el error es un signo de irresponsabilidad y torpeza imperdonables, así los espejitos de paz con que piensan engatusar a los colombianos parezcan ciertos a lo lejos.

Y eso es precisamente lo que sucede con los supuestos “acuerdos” alcanzados luego de una farsa que ya lleva más de un año. Que los vemos “desde lejos y de forma parcial”. Invito a los colombianos a que no crean en los medios de comunicación que irresponsablemente ocultan la falta de verdaderos avances en este proceso de arrodillamiento al que nos está sometiendo el actual gobierno.

¿No se han dado cuenta que NINGUNO de los supuestos puntos de la agenda realmente se ha concluido y que los temas realmente importantes y fundamentales, que serán el costo real que tendremos que pagar si le firmamos un cheque en blanco al desesperado candidato presidente, se están dejando “para después”? ¿Después de que sea reelegido? Eso es de mañosos y mentirosos. Es como esos carpinteros que cercanos a la fecha de entrega, resultan con lo que no era o mal hecho, pero como ya habíamos esperado tanto, nos toca aguantarnos. A eso está jugando el gobierno. Luego que tengan falsamente acordados todos los puntos y se descubra que nada realmente existe, van a decir que, “cómo vamos a perder esta oportunidad”, y que firmemos sin ver.

¿No se han dado cuenta que lo poco que se sabe de esos supuestos acuerdos, absolutamente todo, está confluyendo en lo mismo? Primero, que éramos los colombianos y no la guerrilla los que eran perversos y delincuentes y por ello quienes deben reintegrarse somos los colombianos y la institucionalidad y no el cartel narcotraficante que el gobierno ha convertido en actor político pero con fusil al hombro. Y segundo, que todo lo “acordado”, absolutamente todo, conduce a la entrega completa del control de vastas zonas del país, en las cuales estos narcotraficantes serán la ley, el gobierno y los dueños, incluso de los colombianos que quedarán secuestrados en ellas, con la entelequia del “poder popular”. Revisen los supuestos acuerdos y verán que así es y que nos van a llenar de Caguanes y Catatumbos.

Si Bolívar estuviera vivo sería testigo de la reencarnación del traicionero Santander, al ver cómo el encargado del país es igual a su predecesor, el que urdía trampas y mentiras desde Bogotá para anular a quien amenazara sus intenciones de permanencia en el poder. Trampas en las que las primeras víctimas serían Antonio Nariño y el Coronel Leonardo Infante.

El Congreso y la presidencia de Colombia no pueden ser ocupados por cómplices de la mentira, porque nuestra democracia es “representativa”, y ello implicaría que somos iguales a ellos.

El Colombiano, 20/01/2014

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