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14 de enero de 2014

Los muertos no son estadísticas

Recorriendo el pabellón que envuelve en gasas y vendas el dolor y enmascara de blanco el sufrimiento atroz de la piel quemada, ese pabellón aséptico y aislado de infecciones, me detuve en seco.

Violencia | Copolitica
Por Aura Lucia Mera

Recorriendo el pabellón que envuelve en gasas y vendas el dolor y enmascara de blanco el sufrimiento atroz de la piel quemada, ese pabellón aséptico y aislado de infecciones, me detuve en seco. Como quien se encuentra a un Lázaro joven recién salido del sarcófago. Solamente sus ojos intensos y la boca. El resto del cuerpo cubierto de vendas. Su cabeza, los brazos largos, el torso delgado las piernas. Estaba sentado en la camilla. A su lado un amigo de ojos claros repletos de solidaridad.

Se salvó de milagro. Gracias a los cuidados intensivos y profesionales de un equipo médico especializado. Todavía tendrá que permanecer en el Pabellón de Quemados del HUV mucho tiempo. Faltan injertos. Mas sufrimiento. Mas dolor. Ver cómo su piel achicharrada se deshoja como una flor seca, para dar así paso lentamente a otra nueva. Ver cómo parte de su cuerpo jamás volverá a ser el mismo. Cicatrices templadas lo marcarán el resto de su vida. A lo mejor algunos tendones perderán su elasticidad... una papa-bomba de un hincha del América fue el autor de esta tragedia. El pecado cometido: ser hincha del Cali.

Bajo a Urgencias de Traumas. Un joven de 20 años acaba de llegar congestionado de angustia, casi sin respirar. Lo atacaron por la espalda para robarle la bicicleta y lo apuñalaron en la garganta. Está conectado l oxígeno. Su compañera lo toma de la mano y trata de calmarlo.

En la camilla de al lado, también con máscara de oxígeno, otro joven nos muestra por dónde le entró la bala en el tórax. Todavía no sabe si se la pueden sacar. Está a la espera para que los médicos definan cuál es el procedimiento adecuado. Sus ojos nos miran fijamente. Afortunadamente no le afectó ningún órgano vital.

Todos los días llegan al HUV decenas de heridos de bala o apuñalados. Otros simplemente se amontonan en medicina legal. La muerte alevosa les arrancó en un segundo la vida cuando apenas empezaban a vivir.

Los muertos no son estadísticas frías y a lo mejor amañadas. Estamos permitiendo que asesinen nuestra juventud. No se trata de “gente de bien de la otra”. Cali debe exigir con un movimiento de desobediencia civil el DESARME TOTAL de toda la ciudadanía. Es inaceptable que a la marcha convocada por el arzobispo Darío Monsalve solo hayan acudido colegios oficiales y ciudadanos de estratos socioeconómicos bajos, madres cabeza de hogar, familias víctimas de este horror que vivimos diariamente.

Es inaceptable que el Ejército se niegue a dar este permiso. Y que los ‘estratos bien’ sigan indiferentes como si el derecho a la vida fuera solamente privilegio de algunos. Este no-me-importismo nos hace cómplices de estos crímenes.
Rechazo las estadísticas. No se trata de ‘porcentajes’ comparativos. Son vidas humanas, asesinadas. La absurda terquedad de las FF.AA., que saben qué hay debajo del agua, no la podemos cohonestar los caleños. Todos somos iguales, tenemos derecho a la vida, y si no me pregunto, ¿para qué diablos sirve una Constitución?

PD. Las EPS y el sistema actual de Salud está desangrando al HUV. No hay derecho a que los pagos al Hospital por los servicios prestados se demoren seis meses, mientras que éste tiene la obligación de atender a todos sus pacientes inmediatamente, pagar nóminas, comprar insumos, etc. El carrusel de la salud sigue intocable. Invito al Superintendente de Salud, Gustavo Morales, a venir y conversar con el doctor Jaime Rubiano, actual Director del HUV, para enterarse de primera mano de lo que realmente sucede. Es vergonzoso el juego de las EPS con el dinero de sus afiliados. Lo mismo sucede con las partidas presupuestales del Municipio y la Gobernación.




El País.com.co, 14 de Enero/2014

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