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6 de enero de 2014

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Los “enemigos de la paz”

En acto de entrega de nuevos buques a la Armada Nacional, el presidente Juan Manuel Santos retomó el calificativo “enemigos de la paz” que había usado un par de veces antes y que es usual en el presidente ecuatoriano Rafael Correa

Santos y Álvaro Uribe | Copolitica
Por Editorial El Mundo.com

En acto de entrega de nuevos buques a la Armada Nacional, el presidente Juan Manuel Santos retomó el calificativo “enemigos de la paz” que había usado un par de veces antes y que es usual en el presidente ecuatoriano Rafael Correa, para referirse a los críticos al proceso de conversaciones con las Farc. 

En sus marcos de referencia, la ONU se abstiene de definir el concepto “paz”; en cambio, se refiere a “cultura de la paz” para expresar que es una serie de “valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos tratando de atacar sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación entre las personas, los grupos y las naciones”. Admitiendo este acuerdo de las naciones del mundo, se reconoce entonces que falta cultura de paz allí donde la vida es sacrificada, donde hay inequidad, donde prevalecen la mentira y el engaño.

Al finalizar 2013, el general Rodolfo Palomino reportó, con justa razón, logros en la defensa de la vida, pues en el año se presentaron 14.782 homicidios, que marca una diferencia de 1.251 con respecto a los 16.033 homicidios de 2012. No obstante su importancia, esta disminución de muertes por violencia nos sigue dejando muy lejos de naciones equiparables en el mundo. España, por ejemplo, que vive una amenaza terrorista en retroceso por voluntad de los hispanos y tiene 46,6 millones de habitantes, cifra similar a la de Colombia, en 2013 registró 122 homicidios, con disminución de 32 frente a 2012, cuando se reportaron 154 muertes violentas. México casi nos triplica en población, pues tiene 116,9 millones de habitantes, y hoy es centro de la guerra antinarcos, en 2013 tuvo 10.095 homicidios, cifra inferior en 2.317 casos a los 12.412 de 2012. Y El Salvador, que realizó un exitoso proceso de paz que le dejó la reconciliación política y un fuerte conflicto social protagonizado por crueles bandas juveniles, tuvo 2.490 muertes en 2013, frente a las 2.530 de 2012. Colombia es, aun sin las Farc, un país cegado por violencias que se entrecruzan.


Ante la insistencia de los presidentes Santos y Correa sobre la existencia de colombianos “enemigos de la paz”, conviene analizar otro de los aspectos que definen los expertos como característico de la cultura de la paz. El español Federico Mayor Zaragoza, exdirector de la Unesco y presidente de la Fundación Cultura de Paz, indica que “Paz es, en suma, atreverse a pasar de la fuerza a la palabra”.


Según datos del Centro de Seguridad y Democracia, a noviembre de 2013 las Farc eran responsables de 2.003 hechos violentos, entre los que se contaban homicidios, secuestros, atentados terroristas, explosiones con minas antipersonal, ataques a poblaciones. Lo sorprendente es que a noviembre de 2012, esa guerrilla, que no había formalizado conversaciones para “poner fin al conflicto como condición esencial para la construcción de la paz estable y duradera”, había cometido 1.944 acciones violentas, o sea 59 acciones menos. En los días previos al 15 de diciembre, las Farc asesinaron a un profesor y varios miembros de la Fuerza Pública en el Norte de Antioquia y a nueve ciudadanos, entre policías y civiles, en Inzá, Cauca. A partir de esa fecha, anunciaron, entrarían en tregua. Sin embargo, el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos señaló que entre el 15 de diciembre y el 2 de enero, la rompieron en siete oportunidades y la ONU, por su parte, certificó las denuncias de la Fuerza Pública de ocho reclutamientos forzados de menores de edad.


El expresidente Álvaro Uribe, cabeza del Centro Democrático, terminó su gobierno con índices de popularidad cercanos al 70 por ciento y a pesar de que se encuentra en abierta oposición al Gobierno presente y a la mayoría de medios de comunicación, la mantiene en niveles del 63 %, con los que tiene asegurada su elección como senador. Él ha decidido invertir su prestigio en tomar la palabra para exigir publicidad de las decisiones sobre la democracia, el presente y el futuro de las instituciones, la justicia y verdad, que se están tomando en La Habana, de espaldas al país, que deberá aprobarlos, o improbarlos, en referendo. Otros ciudadanos independientes y analistas de la opinión reclaman, igualmente, que se informe a Colombia sobre los acuerdos, sus características e implicaciones. Dadas sus actuaciones, cabe preguntarse ¿están los “enemigos de la paz” entre los señalados por los presidentes Santos y Correa en sus recientes discursos o se encuentran en las filas de sus interlocutores en La Habana?

El Mundo, 5 de Enero de 2014



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