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17 de enero de 2014

¿En manos de las Farc?

Ni las Farc mataron a los dos ciclistas que estaban haciendo un recorrido por los lados de Belalcázar (Cauca) ni ametrallaron el helicóptero en Anorí en el que murieron cinco personas.

Helicoptero
Por Mario Fernando Prado

Ni las FARC mataron a los dos ciclistas que estaban haciendo un recorrido por los lados de Belalcázar (Cauca) ni ametrallaron el helicóptero en Anorí en el que murieron cinco personas.
El Gobierno se ha encargado de desmentir versiones que inculpan al grupo narcoguerrillero que antier terminó su tregua (?) navideña de un mes.

Es de anotar que estos hechos se produjeron antes del pasado 15 de enero, es decir, en pleno cese unilateral decretado por los amigos de la paz y, como tal y según ellos y, repito, el mismo Gobierno, habrían sido incapaces de perpetrar tales crímenes.

Otra cosa dicen los habitantes de ese perdido municipio del atribulado Cauca, quienes sostienen que allí quien manda es la guerrilla y en especial el sexto frente y la columna móvil Jacobo Arenas. ¿Coincidencia? Los lectores tienen la palabra.

Igual sucede con el helicóptero, cuya empresa propietaria aseguró que cayó por “factores externos a la aeronavegación”, a pesar de que el general Pinto, comandante de la Décima División del Ejército, reiteró que ninguna de las cinco víctimas recibió balazo alguno. O sea que para el general, si a estos tripulantes no los balearon, entonces no fueron las Farc. ¿Qué tal la lógica? No obstante, el aparato resultó impactado con municiones que no son propiamente de bala sino de las que utiliza la guerrilla. Fallas mecánicas es la explicación del Gobierno, aunque está caminando una investigación que ojalá no manipulen como tantas otras.

Así las cosas, el tapen-tapen del Palacio de Nariño busca salvaguardar a toda costa la integridad y la palabra de quienes ni son íntegros ni tienen palabra. ¿Para qué prestarse a este juego?

Por otra parte, las Farc le recomiendan al presidente mucha cautela con el caso Petro y advierten que no verían con buenos ojos que Santos firme el último papel que ratifique su destitución y su inhabilidad, lo cual constituye una amenaza electoral que no lo debe dejar dormir.

Si a esto no se le llama estar en manos de las Farc, ¿entonces en manos de quién estamos?

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