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10 de enero de 2014

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El camino del Castro-chavismo

Está demostrado que el resultado de los gobiernos es lo que legitima o descalifica el sistema político. Por ejemplo, el régimen chavista venezolano no fue derrotado en las urnas por razones ideológicas, sino porque fue un fracaso en el cumplimiento de los objetivos de un estado: inflación del 59 por ciento, escasez generalizada de bienes básicos, las más altas tasas de homicidio de América Latina, corrupción desbordada, etc..

Santos y Chavez | Castrochavismo
Por Francisco Mejía Sendoya

Está demostrado que el resultado de los gobiernos es lo que legitima o descalifica el sistema político. Por ejemplo, el régimen chavista venezolano no fue derrotado en las urnas por razones ideológicas, sino porque fue un fracaso en el cumplimiento de los objetivos de un estado: inflación del 59 por ciento, escasez generalizada de bienes básicos, las más altas tasas de homicidio de América Latina, corrupción desbordada, etc.. Y a pesar de seguir ahí por haberse robado las elecciones, cada vez sera mas repudiados por su pueblo. Otro ejemplo es el comunismo en la Unión Soviética; este no se derrumbó por nada distinto a que esos pueblos querían tener una calidad de vida mejor de la que le ofrecía el sistema.

El problema es que el sistema político democrático también puede sucumbir por el desprestigio de la dirigencia política y los malos gobiernos. De tal suerte que nuestra democracia podría estar amenazada si no damos un viraje en la conducción del estado y combatimos la corrupción.


Las siguientes son cifras de organismos internacionales sobre el desempeño del gobierno de Juan Manuel Santos: perdimos 16 posiciones en el índice de percepción de transparencia que mide el grado de corrupción de un país, perdimos 12 posiciones en el índice de desarrollo humano que mide la efectividad de las políticas de cohesión social, perdimos 10 posiciones en las pruebas Pisa de educación, y perdimos 12 posiciones en el índice de ambiente de inversión del Banco Mundial. Pero además, en el gobierno actual se ha más que duplicado el número de terroristas de las Farc y el ELN, pasando de nueve mil 800 al final del gobierno Uribe a 25 mil actualmente, ocasionando esto un aumento significativo en los índices de violencia. Y mientras todo esto ocurre, los congresistas de la unidad nacional se montan al carrusel de la reelección con 2,5 billones de pesos de cupos indicativos (léase auxilios parlamentarios), mil 968 nombramientos de cargos directivos y 597 contratos.

Si a todo esto le sumamos la pretensión de Santos de convertir a las Farc en partido político, habilitando a sus jefes que han cometido delitos atroces como congresistas, mientras otras estructuras siguen en la ilegalidad matando y amenazando colombianos para que voten, y con el agravante de unas fuerzas militares judicializadas y humilladas, pues tendríamos la tormenta perfecta para que dentro de 4 años, si reelegimos a Juan Manuel Santos, el país de manera inconsciente y desesperada elija a un Chávez como hicieron en Venezuela.

Estamos en lo que Gaitán denominaba “el mezquino país de los privilegios”, el estado al servicio de los poderosos: El gobierno plegado al terrorismo que deriva su poder de su capacidad de hacer violencia, entregado a los políticos que derivan su poder de sus maquinarias electorales, y rendido ante los grandes medios de comunicación que derivan su poder de la capacidad de hacer propaganda para sostener el régimen.


Necesitamos rescatar al gobierno al servicio de la gente, eso es lo que proponemos desde el Centro Democrático. Más tarde puede ser demasiado tarde….


El Nuevo Día, 10/01/2014

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