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9 de enero de 2014

Cultura mafiosa

Siguen siendo deplorables los índices de corrupción en América Latina. Así lo confirmó en días pasados, Transparencia Internacional.

Cultura mafiosa
Por Alberto Velásquez Martinez

Siguen siendo deplorables los índices de corrupción en América Latina. Así lo confirmó en días pasados, Transparencia Internacional. Venezuela, la nación más corrupta de la región. Colombia sigue mal. Sobre 100 puntos – el óptimo de probidad e integridad– apenas obtuvo 36 puntos para ocupar el puesto 94 entre 170 países del mundo. Somos superados por Chile, Uruguay, Costa Rica, Brasil y hasta Cuba.

Con razón decía Vargas Llosa que la corrupción es el principal problema por resolver en Latinoamérica. Y el escritor Francisco Martín Moreno, autor de la obra "Las cicatrices del viento" agregaba que en América Latina "tenemos los gobiernos más corruptos, que se roban todo y nadie protesta". 

Para el caso de Colombia el analista Thoumi, de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes expresaba que, "en Colombia el problema hoy no son las drogas sino la cultura mafiosa que prevalece dentro de grupos importantes de la sociedad".

Cuando comenzó el auge de la droga, poco se le paró bolas. Los gobiernos se anestesiaron. No faltaron los que vieron en ella un aliado para mover a través de su comercio, la economía que no tenía dinamismo alguno. Miraron la oportunidad de que entraran al país chorros de divisas que eran cicateras provenientes de las ventas lícitas que se hacían con destino al exterior. Todo valía, así se envenenaran a los vecinos, sin pensar que tan diabólico juego se podía devolver –como se devolvió- como un boomerang.

Recordemos un poco. En la zona nevada de Santa Marta floreció la marihuana. Se metió por la economía subterránea. Las divisas provenientes de aquella explotación se blanqueaban en la "ventanilla siniestra", rejilla que abrió López Michelsen en el Banco de la República…

La cultura de la droga, paralela a la de la muerte, se fue regando. Penetró hasta los tuétanos de la misma sociedad y del mismo Estado. Hoy, los carteles de la justicia –para vender fallos y sentencias- ¿no son partes de esta cultura mafiosa que habla el profesor Thoumi? ¿Y los carruseles de las pensiones en las altas entidades estatales, así como los de la contratación pública, los de universitarios alterando calificaciones y comprando exámenes, son acaso parte separada de esta escenificación de la cultura mafiosa? Cultura que le ha dado manivela a la corrupción administrativa.

Todo este cuadro estaba previsto que sucedería por la laxitud con que los gobiernos latinoamericanos y colombianos trataron los inicios de este negocio inescrupuloso. Hubo inclusive estados latinoamericanos que se lucraron de esta danza de millones, así como mandatarios, -no muy lejanos de las fronteras colombianas-, que se enriquecieron a costa de la participación del negocio de estupefacientes.

La droga ahí está vivita y coleando. Si bien el profesor Bagley de la Universidad de Miami insiste en que para combatir la corrupción, que en buena parte se desprende de la actividad de la droga, "se tienen que desarrollar instituciones capaces de gobernar con eficiencia, administrar justicia y garantizar que se cumplan las leyes", no se ven en algunas de estas naciones, compromiso alguno para erradicar la cultura mafiosa. La que permeó la mayor parte de la actividad pública y privada del área comprendida entre el Río Grande y la Patagonia.




El Colombiano, 8 de Enero de 2012

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