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18 de enero de 2014

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Creciendo, pero sin tanto optimismo

Los resultados agregados de la economía colombiana el año pasado han creado una sensación de excesivo optimismo, que no deja ver debilidades estructurales.

Agricultura
Por Jorge Iván González

Los resultados agregados de la economía colombiana el año pasado han creado una sensación de excesivo optimismo, que no deja ver debilidades estructurales. Los llamados “fundamentales” de la economía no permiten sacar conclusiones tan optimistas como las del gobierno. Del comportamiento de las variables “fundamentales” no se pueden desprender juicios unívocos. No todo crecimiento del PIB es intrínsecamente bueno. La reducción de la inflación es peligrosa cuando se acerca a la deflación. La inversión extranjera puede generar dinámicas especulativas cuando es de corto plazo. La disminución del desempleo puede estar acompañada de un crecimiento de la informalidad. La reducción de la pobreza puede ir a la par con un empeoramiento de la distribución de la riqueza. Como la interpretación de cada variable es compleja, no es conveniente empaquetar todos los resultados y afirmar, sin ninguna duda, que la economía colombiana está muy bien.


El crecimiento del PIB el último año (tercer trimestre 2013 con respecto al tercer trimestre 2012) fue de 5,1%. Pero esta dinámica tiene sus bemoles. La industria sigue mal. En el año decreció uno por ciento. La revaluación de la tasa de cambio sigue teniendo un impacto negativo sobre la producción nacional. Siempre es bueno recordar a Kaldor, quien consideraba que una economía es sólida si la actividad industrial hala el resto de los sectores.

La actividad minera tuvo un comportamiento variado. El carbón cayó 5,5%, y los minerales metálicos 17,1%. El petróleo aumentó 10,3%. El PIB minero y petrolero se sigue explotando en condiciones propias de economías de enclave.

Los intermediarios financieros tuvieron un crecimiento de 8%. El principal beneficiario de los recursos de los establecimientos financieros ha sido el gobierno, a través de la emisión de deuda pública. Para los privados, las tasas de interés internas todavía siguen siendo muy altas.

De acuerdo con el informe del Banco de la República al Congreso (marzo de 2013), los bancos habían adquirido TES por un valor de 29,2 billones de pesos, equivalentes al 64% de su patrimonio. Y las administradoras de los fondos de pensiones (AFP), tenían $48,9 billones en TES, que representaban 34,4% de su patrimonio. 

Los fondos de pensiones y los bancos habían adquirido TES por un valor de $78,1 billones. Frente a estas cifras, el análisis no se puede reducir al impacto que tiene la rentabilidad de los TES en el balance de los bancos, sino a la forma como el gobierno está usando estos recursos. Afortunadamente, en el último año las obras civiles tuvieron un crecimiento de 18,6%, que junto con la evolución de las edificaciones (24,8%), se convirtieron en el motor de la actividad económica interna.

La agricultura creció en promedio 6,6%, sobre todo por la dinámica que tuvo el café (41,6%). Este resultado, junto con el de la actividad minera, muestran que la economía no se ha modernizado, sino que se ha ido re-primarizando y, además, ha logrado incentivar los procesos internos derivados de la construcción (obras civiles y edificaciones).




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