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20 de diciembre de 2013

Un muro de prejuicios

"Las FARC buscan hacerse al poder para instaurar un sistema contrario a nuestros anhelos democráticos".

Narco FARC | Copolitica
Por Carlos Salas Silva

"Las FARC buscan hacerse al poder para instaurar un sistema contrario a nuestros anhelos democráticos".

Hace ya treinta años se publicó Como terminan las democracias de Jean François Revel. “Este libro no quiere ser ni optimista ni pesimista, ni decir dónde está el bien y el mal. Se trata de analizar quién es más fuerte y hábil y creo que en eso es más eficaz el imperio comunista que las democracias”, dijo el escritor francés en 1983 al diario El País de España.

Revel vio con lucidez -en contraste con la mirada tolerante que ha prevalecido entre quienes tienen la suerte de vivir en regímenes democráticos- cómo las democracias, a pesar de haber traído libertad y prosperidad, son criticadas por aquellos que las disfrutan gracias a unas ventajas que ya quisieran quienes sufren las tiranías de regímenes totalitarios. Consideraba que la democracia liberal debería expandirse al mundo entero pero veía con preocupación la manera como algunas creencias se han arraigado de tal forma que ni la evidencia de los hechos alcanzan para arrancarlas, subsistiendo la hipocresía y los radicalismos ideológicos.

En el momento por el que estamos pasando, las reflexiones de este escritor francés caen como anillo al dedo. Desde hace un tiempo me he venido preguntando por qué muchos colombianos no quieren ver el peligro que se cierne sobre el país cuando los hechos indican que las FARC, junto con quienes se muestran complacientes con ese grupo guerrillero y se erigen como los adalides de la paz, lo que buscan es hacerse al poder para instaurar un sistema contrario a nuestros anhelos democráticos y nuestro amor a la libertad.

Es frecuente estrellarme contra un muro de prejuicios cuando hablo con quienes dan por hecho que se dará la tan temida reelección y que las maquinarias de los partidos, sin ofrecer nada bueno a los votantes, se impondrán como en el pasado -un panorama desolador: nuestro país en manos de una alianza entre el terrorismo y la politiquería-, y escuchar voces que me tildan de extremista, ignorante, ingenuo y fantasioso cuando digo que, con el viento a nuestro favor, el Centro Democrático logrará una mayoría en el Congreso y Óscar Iván Zuluaga saldrá vencedor en la primera vuelta.

Me he venido preguntando cuales son los ladrillos que conforman ese muro de prejuicios que impide ver el peligro que nos acecha y he encontrado algunos:

-Cultivar un odio enfermizo a Uribe.

-No pensar en el país que habitarán nuestros hijos.

-Olvidar que la pauperización es el medio para establecer las dictaduras comunistas.

-Mantener la obsesión anti capitalista y anti americanista

-Vivir con una falsa culpabilidad.

-No querer aprender del ejemplo de los vecinos

-Empeñarse en el error.

-Aparentar tener ese espíritu inconformista y transgresor que se suele atribuir a la izquierda.

-Escudarse en que las cosas siempre han sido así y los políticos todos son iguales.

- Creer que la intelectualidad es sinónimo de izquierda.

-Pensar que las guerrillas están compuestas por jóvenes henchidos de romanticismo.

-Creer que con los terroristas se negocia.

-Caer en la manipulación de los medios.

-Satanizar a la libre empresa.

- Mantener prejuicios antiglobalizadores.

-Defender el fetiche de lo políticamente correcto.

-Considerar que las revoluciones son siempre violentas.

-Permitir que la mentira se instale en el discurso oficial.

-Convertir el error en ilusión de un acierto

-Tolerar la megalomanía de quienes detentan el poder.

-Ver la debilidad de los gobernantes como signo de democracia.

-Calificar de oratoria el histrionismo de quienes pronuncian malos discursos.

Con seguridad el lector podrá aumentar este listado con muchos más que seguramente habrá detectado en los años recientes. Para terminar me permito citar las palabras que Revel dijo luego de los ataques a las Torres Gemelas: “Se engañan quienes aconsejan que se recurra a la negociación y a ‘soluciones políticas’ para calmar a los fanáticos de Al Qaeda. Para ello, sería necesario que sus motivaciones fueran lógicas. Pero un abismo los separa de cualquier procedimiento racional y el terrorismo es precisamente la parodia de acción que sirve para colmar dicho abismo.”

Ojalá no se confirme, en este justo momento, el dicho popular: “No hay peor sordo que el que no quiere oír”.

Kien&Ke, 19/12/2013

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