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2 de diciembre de 2013

¿Otra pícardia?

Muy preocupante que el presidente que ostenta el más bajo índice de favorabilidad de la historia nacionalpretenda quedarse.

Juan Manuel Santos | Copolitica
Por Cristina de Toro R

Muy preocupante que el presidente que ostenta el más bajo índice de favorabilidad de la historia nacional, con una gestión de gobierno desaprobada mayoritariamente y a quien, para acabar de ajustar, el 70 por ciento de sus compatriotas no quiere ver cuatro años más en la Casa de Nariño, pretenda quedarse.

Alarmante, sí, porque ya lo conocemos y sabemos que es capaz de recurrir a cualquier "picardía" con tal de conseguir sus objetivos personales. "Picardías" que no son propiamente pequeñas trastadas, como quiso hacernos creer en la campaña pasada cuando consiguió quién le suplantara la voz del expresidente Uribe.

Qué tristeza que como no tiene una obra de gobierno para mostrar, porque hasta su locomotora estrella que se supone es la de la política internacional que prácticamente naufragó, supedite un tema tan sensible como el de la paz a su reelección, y nos amenace diciendo que si él no es ratificado, el país quedará condenado a vivir 50 años más en guerra.

El candidato presidente ofrece paz, o mejor dicho, nos chantajea con el cuento de la paz. Pero ¿De cuál paz nos habla? ¿De esa farsa que montó en La Habana, para intentar superar a su antecesor? ¿Cualquier papel firmado que diga paz, para exhibirlo ante el mundo y mostrarles de lo que era capaz y hacerse así, a un premio Nobel que lo llevaría a ocupar un puesto de privilegio en la historia nacional y universal, como el gran pacificador de Colombia? ¿Paz a cambio de empeñarle el país al cartel de narcotraficantes y terroristas más grande del mundo? ¿Paz sin justicia y sin dignidad? ¿Paz en la que queda inscrito el mensaje de que el crimen sí es rentable?

¿De dónde sacaría el cuento con que anda ahora de que se va a quedar estos otros cuatro años porque "aspiro a terminar la tarea que entre todos hemos comenzado"? ¿Entre todos? Que yo sepa, él comenzó solito y de espaldas a los colombianos con los dichosos diálogos de paz.

Qué desfachatez ponerse a prometer paz, una paz que él mismo sabe que no es viable en esos términos. El presidente Santos hace promesas igual a como las hizo hace cuatro años, cuando nos ofreció la Seguridad Democrática para el fin del conflicto. ¿Cuánto de todo lo prometido ha cumplido?

Para mí, al igual que para millones de colombianos, su campaña reeleccionista emprendida, por cierto, desde el mismo día de su posesión y que en los últimos meses pregonó con un ridículo misterio, es una falta de respeto. Sí. Una falta de respeto para con todos los ciudadanos que en las pasadas elecciones depositamos nuestra confianza en él y fuimos infamemente engañados.

No volveré a votar por el presidente Santos, en primer lugar, porque no confío en él y porque no creo que mi país deba estar en manos de un tahúr que negocia de igual a igual la agenda nacional, con una banda de terroristas narcotraficantes. Además, porque me parece que su gestión de gobierno deja mucho que desear.

El Colombiano, 01/12/2013



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