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5 de diciembre de 2013

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Negociando el desarrollo rural con quien asesinó, desplazó, secuestró y extorsionó: José Félix Lafaurie

Tras renunciar a su precandidatura presidencial en el Partido Conservador, dice que la colectividad necesita un alero ideológico: el presidente Uribe.

Lafaurie | Copolitica
Por: Alejandro Villegas para ElEspectador
Tras renunciar a su precandidatura presidencial en el Partido Conservador, dice que la colectividad necesita un alero ideológico: el presidente Uribe.
Renunció a su aspiración como precandidato presidencial del Partido Conservador y sigue convencido de que a la colectividad le conviene más aliarse con el uribismo, en una coalición de centro-derecha, que seguir ‘pegada’ del gobierno Santos. El presidente de la Federación Nacional de Ganaderos (Fedegán), José Félix Lafaurie, cree que hay una agenda oculta tras el proceso de paz de La Habana y, en diálogo con El Espectador, advierte que si bien los ganaderos que hayan cometido hechos delictivos deben responder ante la justicia, ellos han sido víctimas y no victimarios.
 ¿Por qué renunció a la precandidatura presidencial?
Porque es muy difícil hacer política cuando hay un gobierno que interfiere, especialmente al Partido Conservador, a través de todo tipo de dádivas para que se mantenga en la Unidad Nacional.

¿Por qué cree que están tan cómodos los conservadores con el presidente Santos? ¿Miedo a perder ‘mermelada’?
Sí, y no sólo los conservadores, también liberales y Cambio Radical. La gobernabilidad del presidente no la da lo que el ciudadano del común piensa con respecto al gobierno, sino que el presidente Santos creyó que la daba mantener a los parlamentarios ‘enchufados’ en el Gobierno.

¿Su decisión de renunciar a la precandidatura significa que renuncia también al Partido? 
No, bajo ningún punto de vista. Yo nací en el Partido y tengo toda la solidaridad y el compromiso. No tengo por qué renunciar a mis convicciones conservadoras.

Pero usted es cercano a Uribe y el Centro Democrático, ¿eso no es jugar a dos bandas?
No. Yo desde el primer momento dije que el Partido necesita un alero ideológico más fuerte, que aquí lo que hay que hacer es una gran convergencia de centro-derecha y creo que Uribe, que gobernó con ideas conservadoras, perfectamente brindaba una plataforma para que conservadores y Centro Democrático pudieran tener una apuesta hacia el futuro, con contenidos desde el punto de vista doctrinario y conceptual.

¿No habría sido más factible una aspiración suya desde el Centro Democrático?
Pero cuando tú eres conservador, tú lo haces desde tu partido. Yo creo que al Partido Conservador le iría mucho mejor en esa convergencia que manteniendo una relación con un gobierno cuyo presupuesto, desde el punto de vista político es muy alejado de lo que ha sido la doctrina conservadora. Era más sencillo aproximarse al Centro Democrático.

¿Cree que el camino para la reelección del presidente Santos está tan despejado como muestran las encuestas?
Creo que el país ya sabe por quién no va a votar. Me parece que esas encuestas están muy reducidas a los centros urbanos. El otro país rural, esos 20 millones de colombianos, marginales para buena parte de los tomadores de decisiones en materia política pública, están pensando otra cosa.

Y si no es Santos, ¿entonces quién?
Esto apenas empieza. Yo no veo tan claro el triunfalismo del Gobierno, que lo cree fácil porque se siente sin rivales. Están Óscar Iván Zuluaga y otros sectores de izquierda o independientes.

El Gobierno dio reversa con el proyecto de ley de baldíos, que había radicado en el Congreso, ¿cuál es su opinión sobre el tema?
Hay una agenda oculta en La Habana. Es evidente que en este tema de baldíos, como en el del supuesto atentado contra el expresidente Uribe, el Gobierno ha dado bandazos, porque muchas veces sus decisiones tropiezan con los acuerdos explícitos o implícitos de La Habana.

¿Pero cree que el ministro de Agricultura, Rubén Darío Lizarralde, se prestaría para agendas ocultas?
El ministro Lizarralde es víctima de esa agenda oculta.

Por cierto, hay sectores, incluso desde la U, que piden la salida del ministro, ¿cree que se debería ir?
Lizarralde es una persona que tiene trayectoria, preparación y carácter para hacer un buen ministerio, lo que pasa es que si siguen manteniendo una agenda traslapada entre La Habana y el pacto agrario, al final no le va a dar una buena orientación al sector rural colombiano.

Ya todos conocemos que usted es crítico de primera línea del proceso de paz, ¿no cree que los avances dan espacio para el optimismo?
En el primer punto de la agenda, sobre desarrollo agrario, hay más dudas —salvedades pendientes como las llama el Gobierno— que certezas. Aún más, hoy estoy preguntando a Humberto de la Calle, como negociador principal, si las afirmaciones que ha hecho Sergio Jaramillo, a propósito de los compromisos de profundizar la reforma agraria extinguiendo el dominio de tierras cerca de las ciudades, es un propósito explícito de esa negociación o, por el contrario, Jaramillo está haciendo afirmaciones que no van en la dirección de lo acordado por el Gobierno con los jefes guerrilleros.

De cara a un eventual acuerdo y el posconflicto, ¿cuál será el papel de los ganaderos en esa etapa?
Los ganaderos somos respetuosos de la institucionalidad y haremos lo que prescriban la ley y la Constitución. Lo que no nos parece es que se esté negociando el desarrollo rural con quien durante 50 años asesinó, desplazó, secuestró y extorsionó a ganaderos pequeños o medianos y a campesinos en todo el país. Me parece que hay un contrasentido del Gobierno creyendo que puede solucionar esa deuda insoluta con el sector rural negociando con quien más daño le ha causado.

¿Y los ganaderos estarían dispuestos a reconocer sus “pecados”, como el apoyo a grupos paramilitares o apropiaciones ilegales de tierras en algunas zonas?
A ganaderos, banqueros o personas de cualquier otra actividad que hayan cometido un hecho de delictivo, la justicia colombiana tendrá que conocer de esos hechos, juzgarlos y condenarlos. Los ganaderos han sido víctimas y no victimarios y el país no puede olvidarse de que cuando el Estado fue incapaz de reprimir estos grupos en armas, fue el que promovió, con la participación de las Fuerzas Armadas, la constitución de las Convivir. Por consiguiente, los ganaderos han sido dobles víctimas, primero de los actores armados y de una estigmatización que la sociedad colombiana quiere hacerles.


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