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2 de diciembre de 2013

La reelección de Juan Manuel, ¿punto de inflexión?

No hay razón valedera, para que un grupúsculo pretenda imponer una plataforma ideológica (si es que aún les queda rezago) por la fuerza de las armas

Maduro y Juan Manuel Santos | Copolitica
Por Rodrigo Gallo

No hay razón valedera, para que un grupúsculo pretenda imponer una plataforma ideológica (si es que aún les queda rezago) por la fuerza de las armas.

Como era de esperarse, el Presidente Juan Manuel Santos, oficializó ante la Registraduría Nacional del Estado Civil, su intención de aspirar a la reelección, y con ello, si bien la campaña no ha comenzado aún, dio el primer paso en el proceso electoral más importante para las Farc, en estos tortuosos años de su existencia. Utilizando una de las frases preferidas por el señor Santos, las Farc están, como nunca antes en la historia, cerca de la toma del Estado. 

Es claro, que este tenebroso cartel del narcotráfico entendió, que por la vía de las armas, es un imposible pretender tomarse el poder en nuestra república, pues son varios los vectores que hacen de esa pretensión, una completa locura. Las Farc son una organización terrorista, cuyas estructuras migraron tiempo ha, de lo militar e ideológico, a lo criminal y económico. De tal forma, no son una fuerza que sea capaz de deponer a un gobierno legítimamente establecido, y a lo anterior se suma, que no pueden pretender posar, como un grupo rebelde, que esta alzado en armas en contra de un estado represor, pues si algo ha sido esta patria, es una, aunque imperfecta, muy respetable democracia. Así las cosas, no hay razón valedera, para que un grupúsculo pretenda imponer una plataforma ideológica (si es que aún les queda rezago) por la fuerza de las armas, cuando en la sociedad civil existen todas las garantías para conquistar al ciudadano y hacerse elegir como opción de poder. Es más, hacerlo configura un doble crimen. En categórico y resumido castellano, las Farc son un cartel narcoterrorista sin capacidad militar de derrocamiento y sin ningún apoyo popular.

Otro vector que incide, y de qué manera, es que en el presente ordenamiento político mundial, el derrocamiento armado de un gobierno democrático, no va a contar con el apoyo de la comunidad internacional, y como no, si hoy no somos, el conglomerado de aldeas de los años 50 y 60, donde toda clase de atropellos contra la democracia, eran ignorados, cuando no aupados, por gobiernos extranjeros, sin que la sociedad civil global se enterara. Entonces, he aquí, que desafortunadamente para nuestro país, tenemos enquistada una mafia armada desde hace casi cinco décadas, que siendo todo lo crueles, despiadados y sanguinarios que son, también son tan hábiles, y cuentan con tantos seudo – intelectuales fungiendo como prohijadores, que es claro que se han sabido preparar, para las nuevas maneras de triturar la democracia.

En vista de su incapacidad militar, para derrotar en el campo de batalla a las heroicas Fuerzas Armadas, han infiltrado nuestro propio aparato judicial, para, desde ahí, diezmar a los legítimos combatientes. Hoy en día, hay más policías y militares judicializados, que integrantes de bandas criminales y carteles del narcotráfico. Si, así como lo acaba de leer. Con el mismo interés, han permeado de tal forma la clase política, que hoy es paisaje común, ver dirigentes que justifican el actuar criminal de los terroristas. Observamos pasmados, a quienes, posando de prestantes líderes políticos, son incapaces de condenar los múltiples actos de barbarie cometidos por las Farc, pero son, en extremo diligentes, para poner en la picota pública al estado, casi siempre, con base en supuestos.

Conocedores ellos, los terroristas, que la trituradora necesita del engranaje mediático, han puesto a algunos de sus importantes cuadros, al frente de asociaciones campesinas, al frente de ONG’s y al frente de micrófonos y plumas. Poco a poco, casi que con sutileza, los medios de comunicación, movidos por diferentes combustibles, han echado a andar el “lenguaje de la paz”. Es una estrategia tan sencilla como efectiva. Simplemente se trata de dividir a la opinión pública en dos bandos. Los amigos y los enemigos de la paz. Del lado de los amigos, arrogándose una connotación semántica positiva, se conforma un club del mutuo elogio, y son prolijos a la hora de dedicarse calificativos como, facilitador de paz, analista político, organismo garante, defensor de derechos humanos, etc… Por supuesto, quienes defendemos la institucionalidad y el imperio de la ley, somos etiquetados, con la correspondiente connotación semántica negativa, como el bando de los guerreristas, de los enemigos de la paz y somos objeto de una inconmensurable variedad de epítetos. Pero no se quedan ahí, si sólo fuese lenguaje… Ya vimos cómo el grupo narcoterrorista, planea atentados contra la vida del Presidente Uribe y del Dr Francisco Santos, y cómo el gobierno cómplice, calla, desvirtúa, disipa. Otros, más perversos aún, llegan a justificarlos, diciendo sandeces como “Entiendo que las Farc quieran atentar contra el Presidente Uribe” ¿Que quién dijo eso? El bandido mayor mi estimado lector, sí, ese. Y recuerde querido colombiano que el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, el mismo que aparece mencionado en los computadores de Raúl Reyes, no mas esta semana, lo ha llamado a usted sicópata, estando presente su Presidente Santos, quien no pudo ocultar una mordaz sonrisa de satisfacción.

Este es el escenario en el que se configura el punto de inflexión que significan las elecciones parlamentarias y presidenciales de 2014. Los “amigos de la paz” saben de la importancia de este proceso y ya le empezaron a poner múltiples talanqueras a la libre expresión ciudadana. Se sienten amenazados con la presencia de una cara en un logo-símbolo. Se perturban ante la posibilidad de que un apellido, sea el nombre de un naciente partido político. Se muestran proclives a cumplir rápidamente la ley que obliga a Colombia, a migrar al sistema electrónico de votación. No se trata de ser anticuado, o de burlar la ley, pero hay procesos en los que lo tangible, es también imprescindible, y este es uno de ellos; el voto debe ser físico, no lo podemos confiar a una serie manipulable de unos y ceros. Dice una triste sentencia, que las elecciones, las gana quien cuenta los votos. Con una reluciente SmartMatic, los “amigos de la paz” pueden convertir esa sentencia en su verdad, y cobijar con un manto de falsa legitimidad, la instauración de una dictadura de corte castro-chavista como la que padece nuestra hermana Venezuela. Compatriota y estimado demócrata ¿Va usted a permitir que esto le suceda a Colombia? 

Ad: Vox Populi, Vox Dei; en eso pienso cuando escucho “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente” Y la corriente no es otra que el castro- chavismo; ¡pilas camarón!



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