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18 de diciembre de 2013

La locura nacional

El electorado capitalino ha escogido mal los últimos administradores de la ciudad, pues los izquierdo-populistas han metido la mano para desbaratar lo que bien habían hecho Mockus y Peñalosa.

Gustavo Petro | Copolitica
Por Jaime Jaramillo Panesso

El electorado capitalino ha escogido mal los últimos administradores de la ciudad, pues los izquierdo-populistas han metido la mano para desbaratar lo que bien habían hecho Mockus y Peñalosa. Aún más atrás estuvo la figura de quien lo hizo satisfactoriamente, Jaime Castro.

La locura de ciertos líderes políticos no es conocida de manera pública. Generalmente personajes “heroicos” de la subversión y de la guerra irregular suelen ser unos paranoicos redomados que aspiran a ser mártires, si es necesario, para quedar inscritos en el libro de la “gloria”. Quienes se tomaron el Palacio de Justicia al mando de Andrés Almarales, en 1985 a nombre del M19, no podían ser inferiores a su inexperto comandante que siempre tuvo un perfil patológico por el culto a la personalidad.

De esa misma laya es Petro. Solo que no lo ungieron de comandante en este operativo. Para redondear su fabuladora carrera, el paranoico se siente perseguido por múltiples enemigos, en este caso por “enemigos de clase”, valga decir, por la oligarquía. De esa manera se acerca al tribuno Gaitán, con quien quisiera compartir la gloria y el martirologio. Para evadir a sus supuestos enemigos, no solo usa ropa estrafalaria como camuflaje sexual, sino que fortifica su apartamento con puertas blindadas y vidrios irrompibles por balas hasta .765. El político de esta estirpe no admite pares ni oficiales superiores a su rango, menos en la medida en que escala con éxito hacia el poder, su fascinación última, su eyaculación suprema.

Toda esta locura, pues, comenzó con la irresponsable elección de Gustavo Petro por el 32% de los votos emitidos, ya que la división entre sus contendores y la abstención ciudadana, le abrieron el camino. Los bogotanos sabían que Petro había sido compañero de militancia en el Polo de Samuel Moreno, el alcalde que se atragantó de la hacienda pública distrital. Y preso está. La cajita mágica de la oratoria petrista, como la hipnosis de la serpiente encantadora que tanto alumbra a los vanidosos y engreídos comandantes populistas, alcanzó la meta de Alcalde del Distrito Capital. La antigua y desaparecida Anapo, la que condujera el General Gustavo Rojas Pinilla en los años 60 y 70, con todas sus contradicciones, falencias y esperanzas, se mezclaba, otra vez, con las cenizas de un M19 de un Petro, tan distinto a Navarro, su comandante real otrora, con quien no pudo convivir en las oficinas de la Real Alcaldía de Su Majestad, Petro I.

Dura es la ley, pero es la ley. El procurador ha sido estigmatizado por la izquierda populista y fariana, debido a sus convicciones religiosas. También por sectores que dicen pertenecer al partido liberal, el partido de Juan Manuel Santos. En estos es increíble que vuelva a renacer el fanatismo antireligioso y anticlerical, cuando la Iglesia colombiana ha rectificado su pasado banderizo y hoy respeta el estado laico y el ecumenismo. Los funcionarios públicos de elección popular son sujetos de investigación y castigo, porque también algunos son dilapidadores de los fondos públicos, malos administradores, ladrones, abusadores de subalternos, etc. Más aún, cuando pone en peligro la salud pública de la ciudadanía por la mala recolección de las basuras y la demagogia con los recicladores, que no tienen capacidad para atender siete millones de habitantes.

Toda esta locura comenzó con la elección de Petro, cuyo nombre en latín quiere decir piedra, cabiziduro como una piedra, que encontró en el Fiscal Montealegre un aliado temerario que usa y abusa de sus investigadores para allanar la Procuraduría, continuando con su serie de arbitrariedades de cipayo ante el petrismo chavista, que ya inició su primer capítulo de víctima, perseguido y mártir, como buen paranoico.

Toda esta locura tiene cura, cuando la ciudadanía bogotana vote por un candidato sensato. Lo único espléndido y regocijante en este manicomio colombiano es el triunfo de Atlético Nacional, Campeón Estrella 13, lo cual debe tener muy incómodos y a punta de renunciar al Gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, y al alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria, ambos hinchas del “Medellín”, equipo resistente que emprende su segunda centuria de existencia. Y de aprendizaje.

17/12/2013

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