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12 de diciembre de 2013

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La farsa llega a Washington

A los pacientes inquilinos de la Casa Blanca no les queda más remedio que despedir a todos los presidentes-candidato que los visitan, con una fotico y algún contentillo, como aquel de elogiar la “audacia y valentía” del proceso de paz con la subversión.

Santos y Obama | Copolitica
Por José Alvear Sanín

Horas antes del viaje del presidente colombiano a la capital de los Estados Unidos, algún suelto de El País de Cali nos recordó que los 50 integrantes de la cúpula de las Farc están acusados ante Interpol de traficar la mitad de la cocaína del mundo, y que por su captura han ofrecido recompensas que suman US $ 75 millones.

Por otro lado se supo —entre líneas, porque la gran prensa esta mermeladizada— que aunque se firme la paz con esos narcoterroristas, el gobierno de Obama no los dejará de considerar como tales y seguirá solicitando su extradición.

Las Farc siguieron impávidas, negando cualquier vinculación con el narcotráfico, desmentido que nadie cree, con la excepción del actual gobierno colombiano, que no se pregunta de dónde salen los fondos para mantener cerca de 8.000 hombres en armas. En cambio, el lector sabe que uniformes, botas, fusiles, balas, minas quiebrapatas, etc., no se obtienen gratuitamente.

A partir del colapso de la Urss, Cuba dejó de recibir fondos para sostener la guerrilla colombiana, que desde ese momento apeló con gran éxito al narcotráfico como principal fuente de financiamiento, de tal manera que los fondos procedentes del Foro de Sao Paulo solo se canalizan ahora hacia las organizaciones urbanas de agitación y propaganda.

Pasó noviembre y siguen las conversaciones. Ahora pasarán a otro punto, dentro del cual estaba el espinoso tema del narcotráfico. Entonces, para poder seguir hablando, el gobierno, con sin igual delicadeza, omitió lo del narcotráfico para discutir con las Farc solamente los aspectos sanitarios y de prevención del consumo de estupefacientes.

“Los pájaros tirándoles a las escopetas”, diría alguien, pero así como los códigos penales los elaboran los penalistas y la actividad financiera se rige por leyes redactadas por los abogados de los bancos, ¿por qué razón los narcotraficantes no podrían redactar el marco legal para esa actividad?

A continuación, las Farc propusieron la despenalización de la producción, comercialización, distribución y consumo de estupefacientes, iniciativa que no logró siquiera el apoyo del más proclive facilitador del llamado “proceso de paz”, el famoso fiscal General, Montealegre.

Con igual delicadeza procedió también el Departamento de Estado, aceptando excluir el tema de las drogas para los raticos de conversación entre el Dr. Santos y Mr. Obama.

El presidente gringo —algo es algo— no nos confundió esta vez con Bolivia, como suele suceder, antes de felicitarnos por el éxito (para USA) del TLC. Aunque el intercambio de ese país con el resto del mundo es enorme, el Departamento de Comercio, sin embargo, registra complacido la reducción del superávit de Colombia con los Estados Unidos en US $ 3.000 millones y el incremento mensual del orden de US $ 100 millones de nuestras compras de sus productos agroindustriales, mientras el campo colombiano languidece, antes de estallar.

Pero dentro de la mejor lógica neoliberal, el doctor Santos también se mostró satisfecho por la marcha de un convenio que únicamente favorece a la contraparte, dentro de su dicotomía como capitalista en Washington y colectivista en La Habana.

A los pacientes inquilinos de la Casa Blanca no les queda más remedio que despedir a todos los presidentes-candidato que los visitan, con una fotico y algún contentillo, como aquel de elogiar la “audacia y valentía” del proceso de paz con la subversión.

De regreso a Bogotá, el doctor Santos encontró la buena noticia de que el ELN también está dispuesto a un proceso paralelo al de La Habana, desde luego sin dejar de disparar. Estoy seguro de que al gobierno no le quedará difícil encontrar otro grupo de negociadores (pluriétnico y de ambos sexos) bobalicones, audaces y valientes; y en cuanto a sede para estos nuevos diálogos, sugiero a Managua…

El Mundo, 11/12/2013


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