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7 de diciembre de 2013

El pasado en presente

El doctor Gaviria ungió a Horacio Serpa como cabeza de lista del liberalismo al Senado. Entre tanto, Omar Yepes, presidente del conservatismo, confirmó que el número uno de su colectividad, en la lista para el Senado, lo llevará Roberto Gerlein.

Por Diego Martínez Lloreda

El doctor Gaviria ungió a Horacio Serpa como cabeza de lista del liberalismo al Senado. Entre tanto, Omar Yepes, presidente del conservatismo, confirmó que el número uno de su colectividad, en la lista para el Senado, lo llevará Roberto Gerlein.

Aunque ud. no lo crea, el párrafo anterior no fue extractado de la sección Hace 25 años. Esas dos noticias, aunque no lo parezca, son muy recientes. Los viejos son sus protagonistas: Serpa, con más de 70 años y 50 en la vida pública; Gerlein, el miembro más veterano del Congreso, con más de 35 años en el mismo, Yepes que tiene casi 80 abriles y lleva medio siglo siendo el gamonal mayor de Caldas.

El joven del grupo es Simón Gaviria, pero resulta que es el hijo del expresidente César Gaviria, quien en realidad maneja los hilos del liberalismo. O sea que la cédula de Simón será reciente, pero sus ideas no tanto.

Lo cierto es que al darles la cabeza de lista a dinosaurios políticos como Serpa y Gerlein, los partidos tradicionales demuestran su desconexión con el país nacional. Con decisiones como esta no resulta raro que en todas las encuestas que se hacen, al preguntársele a la gente a qué partido pertenece la gran mayoría responda que no tienen ninguno.

Olvidan las directivas de esos partidos que en las próximas elecciones más del 50% de los electores tendrán menos de 25 años. ¿Qué le pueden inspirar a gente de esa edad tipos como Serpa y Gerlein, que podrían ser sus abuelos? A la inmensa mayoría, nada. Y a los pocos que esos apellidos les suena, no les evoca nada bueno.

Por lo único que ha figurado en los últimos diez años Roberto Gerlein es por la posición que asumió en el Congreso frente a la iniciativa de legalizar el matrimonio gay. Y por haber calificado las relaciones sexuales entre dos hombres como ‘excrementales’.

¿Será que un joven del tercer milenio, que tiene una visión de la sexualidad abierta y tolerante, se anima a votar por quien muestra una posición tan cavernaria? Y los pocos que han oído algo de Horacio Serpa lo escucharon de sus padres, que les debieron contar el triste papel de escudero (¿o de cómplice?) que este desempeñó durante el proceso 8000.

Si se trata de evitar que el voto independiente, que los jóvenes encarnan, descuadre sus cuentas electorales, los partidos no pudieron escoger mejor. Con semejantes dinosaurios liderando esas listas tienen garantizado que muy pocos jóvenes acudirán a las urnas, con lo cual nuestros padres de la patria seguirán siendo escogidos por los viejos votantes cautivos que integran las maquinarias políticas.

El daño que hacen es inmenso: ahuyentar a la juventud de la política implica una amenaza latente para el futuro de nuestra democracia. La dirigencia de los partidos no se percata de ello, porque se limita a pensar en las curules que obtendrá en las próximas elecciones y en los favores que puede sacarle al Gobierno por cuenta del peso de su bancada.

Pero el futuro de sus partidos, y de la democracia misma, les importa un pito. Y es normal porque cuando ese futuro llegue, los Gerlein, los Serpa y los Yepes, como los dinosaurios, ya estarán extinguidos. Lástima que el daño que le hicieron a nuestra democracia no se extinga con ellos.



El País, 06/12/2013



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