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9 de diciembre de 2013

El ingenuo mono

Sorprendente, desde todo punto de vista, resultó la propuesta hecha por Carlos “El Pibe” Valderrama, insigne futbolista de nuestra nación, en la que invita a los cabecillas de la organización criminal Farc, a jugar un partido de fútbol por la paz.

FARC | MINAS | Copolitica
Sorprendente, desde todo punto de vista, resultó la propuesta hecha por Carlos “El Pibe” Valderrama, insigne futbolista de nuestra nación, en la que invita a los cabecillas de la organización criminal Farc, a jugar un partido de fútbol por la paz. No seré yo quien ponga en tela de juicio las buenas intenciones del “mono”, ni mas faltaría, pero sí quiero manifestar mi profunda indignación por este insuceso.


Estamos asistiendo a uno de los momentos más críticos de la historia republicana, en donde un gobierno irresponsable y mendaz está a punto de, en el mejor de los casos, propiciar el parto de una nueva era violenta en nuestra desangrada Colombia. Este proceso nos puede conducir a la claudicación de un estado ante el narcoterrorismo. No podemos, entonces, caer en la banalización de los hechos; lo que está sucediendo con este proceso de negociación, es grave en grado sumo, y el peor ingrediente que podríamos añadirle a este espantoso cocinado, es que, por una parte, célebres representantes de la sociedad civil, quizá con las mejores intenciones, no lo dudo, caigan en el error de ofrecerle a los terroristas un espacio de crecimiento mediático, y por otra parte, los criminales, tan hábiles como sanguinarios, aprovechen tamaña ingenuidad, para añadirle a sus paupérrimos activos políticos, una brizna de carisma y bondad que por supuesto, no poseen.


No nos llamemos a engaño, aquí no estamos ante unos díscolos hijos de la patria que tomaron por el mal camino. Estamos ante unos metódicos, sanguinarios y despiadados asesinos que nos han sometido por décadas a un humillante yugo de terror; almas negras que han violado, mutilado y asesinado a nuestra infancia sin distingo; narcotraficantes que han condenado a nuestros campesinos a una de tres alternativas: o se esclavizan a ellos, o se van de sus tierras, o se mueren con el fuego de sus fusiles. 


Para el ciudadano del común no puede resultar menos que asqueante, escuchar al redomado asesino Luciano Marín, alias Iván Márquez, hablar con un cínico desparpajo, esgrimiendo una tenebrosa sonrisa, sobre cómo harán, para controlar al Pibe dentro de un campo de futbol. Verlo invitar a futbolistas extranjeros a participar de este despropósito no puede ser objeto de halagos y vítores, debe ser objeto de censura y desaprobación popular. ¿Acaso, quienes hacen eco de esta atrocidad, habrán pensado en los miles de niños a quienes, los terroristas en su demencia, les han quitado la posibilidad de practicar este deporte, merced a la siembra indiscriminada de minas anti persona? Yo si quisiera que el “mono” mirara a los ojos a un niño mutilado y le dijera, que en Cuba, él, que probablemente es el ídolo de ese niño, va a ir a jugar fútbol con quien le ocasionó la pérdida de sus extremidades. Lo invito “mono”, quiero ver como su alma se derrumba ante la mirada de un niño víctima de las Farc.


Por favor, no juguemos de esa manera con el dolor de una patria entera. Lo único que este gobierno debería estar negociando con los terroristas, son los términos de su rendición, entrega de armas, purga de sus miles y atroces crímenes, y su posterior reinserción a la sociedad civil, todo ello, en medio de un ambiente de profunda seriedad, nunca entre catamaranes, mojitos, habanos y partidos de futbol. Entiendo que la perversión de este samperista gobierno, lo hace relamerse los bigotes ante la posibilidad de consolidar su narco proyecto, valiéndose de la ilusión ciudadana de alcanzar la paz. Eso, es la máxima expresión de la bellaquería, la cual no es inusitada en Samper y su grey, pero no deja de ser sorprendente, por el impudor con que la ejercen.


Compatriotas, lo que las farc desean no es paz, desean poder político, como en su momento lo han deseado todos los capos del narcotráfico. Anhelan el poder, para continuar con su multimillonario negocio, para blanquear sus cuantiosos bienes y sobre todo, para disponer de 44 millones de esclavos a quienes, vía pauperización, vía asistencialismo y vía doblegación moral, utilizarán en su beneficio económico, al mejor estilo de la cartilla cubana. Eso, es lo que persiguen con la anuencia, si no es que con la participación activa, de Juan Manuel Santos.


Y mientras tanto, los medios promocionando partidos de fútbol por “la paz”… ¡Santa Virgen de Manare!


Rodrigo Gallo Lemus
@AlegreBengali


Ad: “Mono”, no se preste para la bellaquería de Samper, que ya utilizó su “todo bien, todo bien” en 1994, y hoy, lo está volviendo a hacer; no nos haga que pensemos mal para acertar.

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