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18 de diciembre de 2013

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El emperador Aureliano

La Procuraduría General de la Nación, en cabeza del Doctor Alejandro Ordóñez, impuso como sanción al Alcalde Mayor de Bogotá, Gustavo Petro Urrego, la destitución de su cargo y una inhabilidad por 15 años para ejercer funciones públicas, en una decisión en derecho

Petro Aureliano | Copolitica
Por Rodrigo Gallo

La Procuraduría General de la Nación, en cabeza del Doctor Alejandro Ordóñez, impuso como sanción al Alcalde Mayor de Bogotá, Gustavo Petro Urrego, la destitución de su cargo y una inhabilidad por 15 años para ejercer funciones públicas, en una decisión en derecho, tal como se puede deducir al leer el comunicado de prensa emitido por la misma Procuraduría. Es entonces, una decisión tomada por un organismo competente, que está además suficientemente motivada y sustentada y que será susceptible de los recursos de ley a que haya lugar, y por supuesto, de un sano y constructivo debate jurídico.


Cuando un ciudadano es sujeto de una decisión jurídica, tomada por organismo competente, está en el deber de acatarla y en el derecho de interponer los recursos que la ley le confiere. Ese por lo menos, es el comportamiento esperado de un colombiano respetuoso de las instituciones y defensor de la democracia. Pero lamentablemente, el señor Petro tomó un camino, que aunque no es sorprendente de acuerdo a su consuetudinario comportamiento subversivo, sí es muy lesivo para la fortaleza institucional de Colombia. Politiza completamente el tema, posando de victima y argumentando con base en sofismas, que él bien sabe, pueden tener eco en algún sector de la ciudadanía, a quienes hábilmente, utilizará en su favor, como si fueran piezas de ajedrez. 


Como se dice coloquialmente, Petro quiere confundir el caldo con las tajadas, para llevar a engaño a la sociedad, haciendo creer que la decisión fue tomada en atención al sujeto mismo y a su naturaleza ideológica. Lleva el tema a niveles de persecución política, golpe de estado, atentado contra la paz y otra serie de pueriles argumentos, en un comportamiento propio de un megalómano. Señor Petro, bájese de esa nube; usted es un simple funcionario público, que fue elegido, dados los intríngulis de nuestra sana democracia, por una minoría que creyó en su programa de gobierno, y como tal, está sujeto al cumplimiento cabal de las leyes. La cosa es muy sencilla; usted cometió faltas disciplinarias que dan lugar a una sanción contemplada en nuestro ordenamiento jurídico. Sanseacabó, eso es todo. No quiera darse una importancia que realmente no tiene. Ido usted, llegara otro que regirá los destinos de la ciudad. Usted no es el Emperador Aureliano como quizá, en el espejo de su vanidad se observa. Afronte las consecuencias de sus actos, con humildad y entereza, si es que las tiene.


Considerado lo anterior, el tema me lleva, a lo que muchos ciudadanos creemos que es el trasfondo de esta situación. Cuando un criminal como el señor Petro, es acogido nuevamente en la sociedad civil mediante un indulto, pero no ha pasado por un proceso de purga de sus crímenes y de reparación a sus victimas, puede llegar a creer que es un sujeto que está por encima de las leyes y de la misma sociedad. Pasa a considerarse a si mismo, como un semidiós vengador al que los demás ciudadanos, debemos agradecerle el hecho de que no nos mate ni nos violente más. Tal es el caso del Emperador Aureliano.


Argumentan sin pudor, él y sus áulicos, que ha sido un hombre leal a la paz, como si eso le extendiera per se, una especie de inmunidad o patente de corso. ¿Es que acaso, ser leal a la paz debe ser motivo de premio? No señores, tenemos pervertida entonces, nuestra escala de valores. Ser leales a la paz es una obligación de todos los ciudadanos, y atentar contra la misma, debe ser objeto de las más drásticas sanciones. Que no olvide el señor Petro, que el indulto que le fue otorgado, es un obsequio de esta dolida sociedad – equivocado según lo creemos muchos – lo que debería hacerlo sentir en eterna deuda con los colombianos; no al revés.


Creo firmemente que el Emperador Aureliano, esta enquistado dentro de nuestra democracia y que en vez de propender por su salvaguardia, esta intentando atacarla en procura del beneficio personal, al hacer una clara incitación a la insurrección contra la decisión tomada por la Procuraduría, y esa, en mi humilde opinión, y en la de muchos compatriotas con los que he tenido oportunidad de disertar, es una de las fatales consecuencias que tiene claudicar ante los terroristas y ofrecerles toda clase de prebendas, con la pérfida consigna de “cambiar las balas por votos”. Lo que estamos viendo, sucede por haberle dado elegibilidad política a estos esbirros de Pablo Escobar. Creamos unos energúmenos que se creen con la potestad de utilizar las instituciones como servilleta.


Ojalá, este nuevo ataque a la sociedad, que ha hecho el Emperador Aureliano arropado con las banderas del nefasto M-19, nos sirva para entender, que si el crimen no se castiga a tiempo, que si no se somete a los violentos al imperio de la ley por la vía que sea menester, y no se establece como limite, que quienes han usado la violencia de manera sistemática, no puedan tener elegibilidad política, esta patria no va a conocer la verdadera paz. Dejemos de creer que la luna es pan de queso y que unos papelitos firmados entre bandidos nos van procurar tan preciado regalo.

@AlegreBengali

Ad: Si usted, como yo, cree que decirle Emperador Aureliano puede interpretarse como un halago inmerecido, debo aclararle que cuando decidí utilizar este término, estaba oyendo una canción de Nelson y sus estrellas que reza “Ponga cuidado, preste atención, que le está hablando el emperadorcito”

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