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9 de diciembre de 2013

Educación para llorar

“La educación que reciba hoy, será su economía mañana”, dice Andreas Schleicher

Educación | PISA | Copolitica
Por Rafael Nieto Loaiza

“La educación que reciba hoy, será su economía mañana”, dice Andreas Schleicher, a cargo de los asuntos de educación en la Ocde, el club de las grandes economías al que Colombia quiere pertenecer. Si Schleicher tiene razón, y no dudo que la tiene toda, nuestro futuro es sombrío.

La Ocde, que agrupa más del 80 % del Producto Nacional Bruto del mundo, busca que los países miembros maximicen su crecimiento económico y su desarrollo a través de mecanismos para intercambiar información y armonizar políticas. Con esos fines, desde el 2000 organiza cada tres años un conjunto de exámenes (Pisa) a estudiantes entre 15 y 16 años en matemáticas, ciencias y comprensión de lectura. La prueba busca medir “lo que saben y lo que pueden hacer con sus conocimientos” los estudiantes, y permite una medición comparada y poner en perspectiva los sistemas nacionales de evaluación.

Acaban de salir los resultados del Pisa 2012, donde se evaluó a medio millón de estudiantes de 65 economías alrededor del mundo. Y los resultados de Colombia son un desastre: 62 en el listado general y solo por encima de Perú entre los 8 latinoamericanos examinados.

Colombia no solo está por debajo de la media sino en el fondo de la tabla en absolutamente todos los asuntos evaluados. Solo mejoró, y apenas marginalmente, en comprensión de lectura. En todo lo demás estamos levemente peor que en el 2009. Calificamos de 60 entre 64 en matemáticas en los niños y 63 en las niñas. La diferencia entre las calificaciones entre niños y niñas en esta materia son las peores entre todos los evaluados. El porcentaje de estudiantes con las más bajas calificaciones en matemáticas (nivel dos o menos, es decir, que no tienen siquiera los conocimientos y aptitudes básicas) es del 74%. Los demás, apenas uno de cada cuatro, están en los niveles intermedios. El porcentaje de estudiantes con buenas calificaciones (niveles 5 y 6) es del 0 % (sí, cero).

En ciencias el panorama no es menos desolador. Calificamos de 59, 55 en hombres y 62 en mujeres, y de nuevo la diferencia entre unos y otras es la peor entre todos. El 56 % está debajo del nivel dos y el porcentaje en los niveles 5 y 6 es también de 0 %.

En lectura estamos también muy mal. 56 en el escalafón general y acá también la diferencia entre niños y niñas es la peor. El 51 % está en los niveles más bajos y el 0 % en los altos.

La evaluación prueba que la calidad de la educación en Colombia es pésima y que la brecha entre mujeres y hombres es la mayor entre todas las economías evaluadas. Un examen más profundo de los resultados muestra que los estudiantes de las escuelas rurales califican peor que las urbanas y las públicas mucho, pero mucho más mal que las privadas. En el cruce de los resultados con las pruebas nacionales se puede verificar que, además, si se tuvo oportunidad de ir a un preescolar los resultados son mejores y si ese preescolar es uno bueno (por definición uno privado) la calificación avanza sustantivamente.

Pisa prueba que el problema gordo de la educación no es de gasto y que si bien los esfuerzos nacionales por aumentar el cubrimiento fueron importantes, son claramente insuficientes (aunque la meta tiene que ser la universalización de la cobertura preescolar). La clave es la calidad. El sistema educativo actual no proporciona los conocimientos para un buen desarrollo profesional ni las herramientas para competir en un mundo globalizado. El grueso inmenso de nuestros jóvenes no sabe leer, ni escribir, ni razona adecuadamente. No sabe matemáticas ni ciencias y no sabe cómo usar en la vida real los pocos conocimientos que tiene. La brecha entre mujeres y hombres, entre campesinos y muchachos de las ciudades, y entre quienes van a las escuelas públicas y los que pueden acceder a la educación privada, son abismales. Es el imperio de la desigualdad.

Por eso sorprende que la directora del Icfes, Margarita Peña, haya dicho que “el país no puede echarse a la pena por las pruebas Pisa”. Porque la cosa es, literalmente, de sentarse a llorar.

El Colombiano, 08/12/2013



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