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3 de diciembre de 2013

Desnutridas mentiras, equivocaciones y prejuicios

Entre los retos gigantescos que nos esperan para las próximas décadas, se encuentra alcanzar la claridad sobre las políticas y los conocimientos correctos para garantizar la producción de alimentos

TLC | Copolitica
Por Juan David Escobar Valencia

Entre los retos gigantescos que nos esperan para las próximas décadas, se encuentra alcanzar la claridad sobre las políticas y los conocimientos correctos para garantizar la producción de alimentos suficiente para una población que sigue creciendo.

Particularmente Colombia, que si no cae en la trampa patrocinada por este gobierno arrodillado de entregarle la tierra y la definición de la política agraria a los cultivadores de coca y de minas antipersonales de las Farc, podría tener una alternativa para su desarrollo en la producción agropecuaria, pues lastimosamente las señales indican que el proceso de desindustrialización de Colombia pareciera ser inevitable.

El conocimiento sobre la producción de alimentos sigue siendo pobre y las mentiras, equivocaciones y prejuicios que tenemos vienen por racimos. Solo como ejemplo mencionaré algunos:

Mentira. La mamertera, la ilustrada y la que no, todavía sigue engañando gente en este país, y a despistados en Washington, diciendo que la crisis de la producción agrícola en Colombia es a causa de los TLC. Nada más equivocado y facilista que eso, como lo demuestra el análisis de mi amigo, el siempre brillante economista Luis Guillermo Vélez Álvarez, en compañía de su hijo en: “El paro agrario: los precios, los quejosos y los buscadores de renta”, que pueden leer en: http://luisguillermovelezalvarez.blogspot.com/2013/08/el-paro-agrario-los-precios-los.html

Equivocación. Es triste ver como algunas de nuestras instituciones y analistas siguen midiendo el avance de la producción agropecuaria en el país exclusivamente por el crecimiento de las hectáreas sembradas y no por el aumento de la producción por hectárea. Señal típica de que hacemos parte de la región del mundo que no ha entendido cómo funciona el negocio de alimentos, y en las que los crecimientos de la demanda de alimentos se resuelven aumentando el área de siembra, pues conseguir tierra es barato cuando solo se necesita “tumbar monte” o desplazar campesinos.

Equivocación. El también brillante economista catalán Xavier Sala-i-Martín, destacaba recientemente un estudio publicado en “Annals of Internal Medicine”, que concluía que no hay evidencia clara que los productos orgánicos sean nutricionalmente mejores a los vegetales, frutas y carnes producidos convencionalmente a menores precios, ni ofrecen menos riesgos de contaminación bacterial, y aunque los convencionales tienen más pesticidas artificiales, éstos son solo el 0.01% de los pesticidas que ingerimos, pues para su defensa, las plantas producen naturalmente el resto de ellos. Los fundamentalistas del ambiente van a resultar más peligrosos que el DDT. Pueden leer el estudio en: http://annals.org/article.aspx?articleid=1355685

Prejuicio. Las frutas y verduras no son modelos que desfilan en las pasarelas de París y usted no se tiene que casarse con ellas, solo comérselas. Hablo de las frutas y verduras. La búsqueda de perfección estética a la hora de seleccionar frutas y verduras con “criterios de reinado de belleza” está provocando que al calificarlas de “feas” o no tener “medidas perfectas” estemos provocando un desperdicio vergonzoso. En el mundo se pierden cerca de dos mil millones de toneladas de alimentos cada año, y una de las razones es está obsesión estética en los alimentos. Botar frutas y verduras por “feas”, además del gasto previo en tierra, trabajo, agua y energía que se utilizaron en la producción, procesamiento y distribución, es un pecado, además de estupidez.

El Colombiano, 02/12/2013



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