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28 de diciembre de 2013

Colombia ¿Un estado comunista?

El país ha sido un testigo de piedra que indiferente y mudo ha observado, quizá, la más peligrosa e inminente amenaza a la democracia: “El adoctrinamiento político de izquierda en las aulas”


El país ha sido un testigo de piedra que indiferente y mudo ha observado, quizá, la más peligrosa e inminente amenaza a la democracia: “El adoctrinamiento político de izquierda en las aulas”. Durante años en la docencia colombiana algunos vienen aplicándose sistemáticamente en esta oprobiosa tarea. Los estudiantes son la materia prima en la estrategia de masificación de las ideologías marxista, leninista, maoísta y ello tiene fundamento en las siguientes premisas: “las mentes de los estudiantes son fáciles de manipular y los estudiantes mediocres son buenos agitadores”, por lo tanto los adolescentes y jóvenes bien adiestrados son fichas idóneas para atacar la institucionalidad. “La izquierda intenta ganar en las aulas lo que ha perdido en las urnas”, y lo intenta de diversas maneras, por citar un sólo ejemplo: conduce ideológicamente a los alumnos para que piensen a ultranza que deben estar en contra del sistema capitalista. Para ello satanizan con argumentos artificiosos los modelos estructurales que producen incrementos al capital y desarrollo económico, ocultando deliberadamente que la producción de mayores recursos es indispensable para el mejoramiento de los estándares de calidad de vida de la sociedad; suscitando en las nuevas generaciones un rechazo absoluto y sin sentido a toda actividad que genere riqueza. Este ha sido uno de los favoritos entre los muchos y variados ítems estratégicos en la aplicación del manual de acondicionamiento psicológico, con el que la izquierda durante décadas ha seducido y reclutado a sus anchas jóvenes en sus filas.


Es hora de controvertir la mamertería de la academia, que tiene buena parte de responsabilidad en los oscuros acontecimientos de violencia por los que ha atravesado el país en las últimas cinco décadas. Como sociedad que espera un mejor futuro para las generaciones de relevo, estamos obligados a presenta una propuesta que con una visión contemporánea nos permita crear un modelo educativo completamente apolítico, que incentive en los estudiantes el deseo de ser librepensadores, y no gregarios reclutados por una ideología que los manipula y los esclaviza. Quienes creemos en la democracia, la libertad y la justicia vemos hoy con preocupación como el país ha entrado en un estado de laxitud, como consecuencia de la influencia de elementos altamente calificados, quienes están dispuestos estratégicamente como fichas de ajedrez, jugando roles importantes en la toma de decisiones políticas y administrativas en los diferentes entes estatales, y que con la complicidad de algunos medios de comunicación que ofician de publicistas del gobierno, mitigan eficazmente con maniobras propagandísticas la censura de la sociedad, indignada esta ante la inminente entrega de nuestra democracia a los más avezados criminales que ha parido esta patria. Y como resultado natural de ello tenemos un país sumido en la confusión, paralizado frente a la dinámica de “narcofarcquización” del Estado, a pesar de ser consciente de que si este hecho se impone nos llevará a un total desastre.


Es éste un momento crucial para el presente y futuro de Colombia, hemos llegando al punto de quiebre: o aceptamos mansamente la desinstitucionalización en manos de las Farc y el ELN, con la complicidad de Juan Manuel Santos y su gobierno, o abrimos espacio para la reflexión, el debate riguroso y retomamos el rumbo hacia la consolidación de una democracia moderna, que nos permita desarrollarnos como una sociedad libre, solidaria, pujante, emprendedora y respetuosa del Estado Social de Derecho. El país no puede seguir siendo la principal “víctima” del adoctrinamiento ideológico, cuya finalidad es la mamertización de la sociedad civil, la infiltración del Estado para entregarle espacio político al comunismo, y la legitimación de la narcoinsurgencia. Tarea bien llevada a cabo por militantes, agentes y activistas miembros de la secta comunista, quienes hoy por hoy se muestran arrogantes evidenciando conductas parcializadas, que van en contravía de la dignidad y el bienestar del pueblo colombiano. Conductas merecedoras de total repudio que han sido asumidas sin pudor por el Presidente de la Republica, quien tácitamente se ha declarado un aliado incondicional del terrorismo político, asimismo, el Sr. Fiscal General de la Nación, quien cohonestando con las Farc, les exculpa los más atroces crímenes de lesa humanidad, que por años ha perpetrado esta organización criminal en contra de inocentes, sumiendo al país en un baño de sangre y dejando innumerables victimas, y así como ellos muchos otros. 

El hecho inocultable, es que ni la educación media ni la educación superior se libran de la existencia del adoctrinamiento ideológico y aunque está bien camuflado en las ciencias sociales hasta casi diluirse, lo cierto es que está ahí, orientando mentes, creando un ejército invisible con innumerables autómatas alienados y en muchos casos fanáticos de la doctrina comunista. Si bien, es en el Estado en quien recae la responsabilidad por la democratización de la educación con sentido objetivo, el hecho determinante es que son los docentes quienes desde su mirada, orientan sus disertaciones políticas e ideológicas sobre los eventos históricos, el libre mercado, la sociedad, etc., y es allí donde con mucha sutileza se direcciona al alumnado alineándolo con el sesgo político del educador. Hecho que sirve bien a los propósitos de quienes sueñan con la tan anhelada toma del poder por cuenta del socialismo-comunismo. Una toma sigilosa y consistente que está demostrando que el adoctrinamiento es mucho más eficiente que la insurrección y que de no ser denunciado y detenido, puede ser la mejor estrategia para que el comunismo “salvaje” logre su objetivo, aquel que le ha sido esquivo en Colombia por la vía armada. 


Los adoctrinadores hacen uso de la sensibilidad social de su auditorio, tergiversan hechos históricos haciéndolos coincidir con sus necesidades y deseos, alterando por completo la realidad. Por ejemplo el hacer apología de asesinos como el Che Guevara, pintándolo como un gran prócer que luchó por la reivindicación de las libertades y derechos, el culpar a la industrialización por todos los males laborales y económicos de la sociedad, sin dar oportunidad de contraste que permita hacer un buen análisis de costo-beneficio, y algunos van más allá presentando al nazismo y al comunismo como ideologías opuestas. Con estas deformaciones de la realidad histórica se alecciona, utilizando falacias de alto calibre, apelando a la emocionalidad, inmadurez y carencia de referentes conceptuales. Esto permite aprovecharse del deseo común que sienten los jóvenes de cambiar el mundo y se les presenta el socialismo-comunismo como el único camino viable para lograr este propósito, enganchando a los muchachos en un frenesí político, que termina llevando a muchos a las montañas fusil en mano tras una quimera estéril. Y lo que agrava mucho más la situación de los estudiantes, es la violación consuetudinaria de sus derechos fundamentales, puesto que el adoctrinamiento es una forma de restricción de la libertad de aprendizaje. 


El conocimiento es vulnerable a la distorsión ideológica, los intelectuales y académicos militantes lo han sabido desde siempre y utilizan este hecho como salvoconducto para ejercer el adoctrinamiento político de izquierda con total descaro. Si bien, es cierto que existen docentes que no empeñan su ética y cuya mística profesional es intachable, también es indiscutible que muchos otros por afinidad están comprometidos con las tesis del Foro de Sao Paulo, del socialismo del siglo XXI, del Castrochavismo y demás engendros comunistas. Individuos que con total desenfado, en su afán de ver a Colombia como una asociada más del comunismo internacional, traicionan a nuestro pueblo promoviendo veladamente el último embeleco exportado desde La Habana por los Castro: La Federación de Países Socialistas de Latinoamérica, un “organismo multilateral” que implementará el neocomunismo reciclado del anacrónico régimen Castro-comunista, que pretende imperar en todo el continente, cercenando derechos, coartando libertades y destruyendo la democracia en América Latina. 


La mamertización derivada del adoctrinamiento de izquierda es evidente y se ha afianzado en la grey intelectual, los medios de comunicación, movimientos estudiantiles, sindicatos, organizaciones de minorías, ONGs de toda índole, el medio artístico, funcionarios de las tres ramas del poder público y los educadores. No nos llamemos a engaños, los docentes comprometidos en la estrategia de adoctrinamiento nos tienen ad portas del advenimiento del socialismo-comunismo en Colombia, el cual hoy es un peligro real y latente. Ante este hecho podemos concluir que si no detenemos el adoctrinamiento en la “escuela”, si no transformamos las prácticas pedagógicas politizadas y proscribimos la alienación ideológica de izquierda en los jóvenes, nada de lo que hagamos electoralmente cambiara las circunstancias políticas del país y estaremos irremediablemente condenados a padecer la amenaza del destructivo fenómeno neocomunista en Colombia. ¿Usted qué cree apreciado lector? ¿Debemos seguir ciegos e indiferentes mientras la izquierda convierte en las aulas de clase a Colombia… en un Estado comunista? 


Bonus Track: ¿La gran afluencia de estudiantes menores de edad en las manifestaciones de la Plaza de Bolívar a favor de Petro son espontáneas o son evidencia del adoctrinamiento? ¿La urgencia de los partidos políticos de izquierda por permitir el voto a menores desde los dieciséis años obedece a un fin democrático? o a cosechar los frutos del adoctrinamiento en las aulas...

Fanny Oviedo B.

@OviedoFanny

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